Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de las consecuencias medioambientales

ANASTACIO ALEGRIA
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Como ocurre con otros alimentos rodeados de un aura casi milagrosa, la moda del aguacate parece imparable. Son indiscutibles sus propiedades nutricionales y su asociación con la categoría de los llamados “superalimentos”, definidos por la RAE como aquellos “que se presume que tienen propiedades beneficiosas para la salud además de su valor nutricional”.

Los llamados “superalimentos” -término más publicitario que científico-, caracterizados por un alto contenido en antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales, no sólo se consumen por sus supuestos beneficios para la salud. Además, a menudo se los percibe como productos “naturales”, vinculados a prácticas de gestión tradicionales que las comunidades indígenas han desarrollado y perfeccionado a lo largo de siglos o, al menos, son sostenibles. Pero este no es siempre el caso.

Incentivos que se traducen en intensificación del cultivo

Las tendencias alimentarias crean nuevas demandas de los consumidores que, en un mundo tan conectado y tecnológico, se traducen rápidamente en una expansión de los cultivos más buscados. En España, la superficie dedicada al aguacate ha aumentado un 62% en la última década, superando ya las 24.000 hectáreas. Además, esta cultura ha traspasado su ámbito tradicional –la Costa Tropical de Granada y la Costa del Sol de Málaga, donde aún se concentra el núcleo principal en unas 16.500 hectáreas– para expandirse a nuevos territorios.

Las Islas Canarias, pioneras y especialmente idóneas para esta cultura, albergan unas 1.400 hectáreas. A esto se suman otras provincias andaluzas, como Cádiz (1.800 hectáreas) y la Comunidad Valenciana (4.200 hectáreas), donde el aguacate está sustituyendo progresivamente a los cítricos, hoy menos rentables a pesar de sus conocidas propiedades. Allí encuentra condiciones favorables, como la proximidad del mar -que reduce el riesgo de heladas- y determinadas zonas montañosas.

El crecimiento del consumo en España es igualmente notable: según el Panel de Consumo Alimentario de los Hogares, ha pasado de 0,66 en 2010 a 2 kg en 2024 por habitante y año. Para cubrir esta demanda, el mercado español depende en gran medida de las importaciones, que alcanzarán las 262.000 toneladas en 2024, según DATACOMEX.

Esto no impide que una parte importante de la producción nacional se exporte. Como suele ocurrir en el mercado agroalimentario mundial, es perfectamente compatible -según la lógica del mercado- exportar casi 140.000 toneladas de aguacate y al mismo tiempo importar productos de lugares tan lejanos como Perú, de donde procede el 66% de los aguacates importados por España.

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Otros alimentos nutritivos, incluidos los de origen animal.

Al margen de estos alimentos exóticos, lo cierto es que en la zona del Mediterráneo tenemos la suerte de contar con una variedad de alimentos con destacadas propiedades nutricionales, como el innegociable aceite de oliva o la humilde almendra. Como vemos, parece que este tipo de alimentos necesariamente deben ser de origen vegetal, dado que muchas corrientes nutricionales y ecológicas han prohibido las proteínas animales.

En este sentido, es necesario reivindicar que uno de los alimentos más completos es: el huevo. Su perfecto equilibrio proteico se utiliza como estándar de referencia para evaluar la calidad de las proteínas en otros alimentos debido a su alto valor biológico y completo perfil de aminoácidos. Además, es fuente de colina, crucial para el desarrollo cognitivo y la salud cerebral, y tiene un alto poder saciante, con tan solo 70-80 kcal por unidad. Existen otros “superalimentos” de origen animal. El yogur, por ejemplo, es un aliado que mantiene en forma nuestra microbiota, parte fundamental de nuestra salud.

Aunque se desaconseja el consumo excesivo de carne, lo cierto es que la proteína animal ha sido crucial en nuestra evolución como especie. La inteligencia está respaldada por un cerebro que requiere mucha energía y alimentos con alta densidad de nutrientes, como la carne. Esto permitió a nuestra especie acortar la longitud del intestino, reducir el tamaño de las mandíbulas y dedicar más tiempo y energía a masticar y digerir fibras vegetales. Incluso hoy en día sigue siendo un componente esencial de la dieta humana. Un estudio reciente muestra que la mayoría de los alimentos más ricos en micronutrientes esenciales –como hierro, zinc, ácido fólico, vitamina A, calcio y vitamina B12, cuyas deficiencias siguen siendo muy comunes en todo el mundo– son de origen animal.

Productos del lado B que no son tan naturales

La realidad de la comida de moda –una lista en constante expansión y cambio que se actualiza constantemente– está lejos de ser tan atractiva como sugiere la publicidad. Muchos de los beneficios para la salud que se les atribuyen carecen de respaldo científico sólido, especialmente cuando se analizan a partir de ensayos controlados de intervención en humanos.

Desde un punto de vista ecológico, su expansión fuera de sus dominios naturales genera impactos significativos. Cuando un cultivo como el aguacate abandona un ambiente tropical, caracterizado por lluvias abundantes y relativamente regulares, para establecerse en regiones áridas, surgen grandes necesidades de riego que ponen en riesgo el equilibrio hídrico de esos territorios.

El deterioro y disminución del nivel freático en muchas de estas zonas de producción es una clara prueba de ello. A este agotamiento de los recursos hídricos se suman otros procesos de degradación, como la salinización del suelo y la erosión resultante de la transformación de pendientes pronunciadas, despojadas de su cubierta vegetal, para dar cabida a nuevas plantaciones.

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Incluso en las regiones de origen, donde estos cultivos se adaptan mejor a las condiciones ambientales, los impactos ambientales son muy significativos porque van más allá de la disponibilidad de espacio y recursos.

Así, cuando la rentabilidad a corto plazo se convierte en el principal criterio de producción, tiende a prevalecer el monocultivo -con la consiguiente pérdida de diversidad genética-, el uso intensivo de agroquímicos, la degradación progresiva de la tierra y la deforestación indiscriminada para ampliar la superficie cultivada.

Una dieta variada que no se base en la comida de moda

De vez en cuando aparecen alimentos que se presentan como soluciones casi milagrosas que pueden solucionar todos nuestros problemas de salud. Incluirlos en tu dieta puede ser positivo y enriquecedor, pero convertirlos en el único foco de tu dieta es contraproducente. Un enfoque más equilibrado de la nutrición pasa por mantener una dieta variada -tanto a diario como según las estaciones- basada en productos frescos y de temporada, evitando los ultraprocesados.

Desde el punto de vista medioambiental, más importante que el producto en sí es entender -aunque muchas veces no sea fácil- cómo se produce ese alimento. La carne procedente de macrogranjas no es comparable a la carne obtenida de rebaños móviles que utilizan diferentes recursos de pastoreo. Del mismo modo, no equivale a consumir aguacates cultivados en una pequeña explotación familiar con apoyo de riego que otros procedentes de grandes monocultivos plantados en tierras previamente desmontadas.


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