A principios de año se publicó en varios medios la noticia de que la Unión Europea se plantea clasificar el etanol -alcohol etílico en nuestros botiquines y geles hidroalcohólicos- como sustancia peligrosa por un posible riesgo cancerígeno.
Despertar tal sospecha era importante, porque el uso de etanol como biocida tiene grandes implicaciones en el grado de demanda de sustancias como los biocidas, diseñadas para destruir, neutralizar o controlar organismos nocivos (bacterias, virus, hongos, insectos) por medios químicos o biológicos.
¿Y cómo se regulan esos permisos?
La clasificación de los biocidas, productos muy presentes en nuestra vida diaria, abarca desde desinfectantes para el agua potable hasta productos químicos específicos para la limpieza de superficies que entran en contacto con alimentos o incluso animales en el ámbito veterinario. Y dado que un error en la aplicación y dosificación puede tener consecuencias irreversibles para el medio ambiente y los seres vivos, su papel en la salud pública es crucial. Esto explica por qué el Ministerio de Salud y el Departamento de Salud son responsables de expedir y expedir permisos de ocupación.
Los biocidas sólo pueden estar en el mercado durante diez años. Pasado ese tiempo, sus fabricantes deberán renovar o actualizar sus licencias cada cinco años.
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Pero ¿qué pasa con el etanol?
En 2025, los permisos para la aplicación de etanol entraron en fase de renovación de acuerdo con la legislación vigente.
La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) es el organismo europeo encargado de controlar los expedientes científicos de los biocidas, coordinar la evaluación entre los estados miembros, así como elaborar el correspondiente informe de evaluación. Una vez presentado este documento y sus recomendaciones, la Comisión Europea será la encargada de renovar la licencia del biocida y la posterior extrapolación de la decisión a los distintos estados miembros.
Pues bien, en 2025, la ECHA identificó el riesgo de carcinogenicidad del etanol. La información fue mal interpretada por muchos medios que difundieron la noticia, pues su riesgo cancerígeno sólo estaba relacionado con la exposición al tracto digestivo, en el marco de bebidas alcohólicas. Pero como el uso de geles hidroalcohólicos se ha generalizado desde la pandemia, la posible nueva clasificación del etanol ha tenido un importante impacto mediático.
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Diferencia entre riesgo y peligro
Es importante aclarar que el concepto de riesgo está estrechamente relacionado con el peligro y la probabilidad de exposición. En el caso concreto del etanol, su exposición como biocida tópico, ya sea para prevenir la infección de heridas o eliminar microorganismos de la piel, es muy baja.
De hecho, oficialmente, el Comité de Biocidas de la ECHA ha llegado a la conclusión de que su uso aún puede realizarse de forma tópica y segura en higiene personal e industrial.
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Aunque estamos a la espera de que la ECHA envíe su opinión a la Comisión Europea y posteriormente decida si aprueba o no el etanol, lo más probable es que se vuelva a aprobar su uso. Especialmente en el caso de los geles hidroalcohólicos y otros productos de higiene que tanto beneficio nos han aportado durante la pandemia.
La difusión de aquel informe preliminar con la posible clasificación del etanol como cancerígeno, denominado como esperábamos su ingesta, provocó una innecesaria alarma social. Por eso es importante estar bien informado y no sacar conclusiones precipitadas.
El conocimiento de los flujos de información, las competencias y los campos científicos permite un pensamiento crítico sobre los avances en salud pública y el progreso científico.
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