El 26 de abril se cumple el 40 aniversario de la explosión en el reactor 4 de la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania. El accidente provocó la mayor liberación de material radiactivo al medio ambiente, y en ese momento se predijo que la zona afectada quedaría inhabitable, privada de vida durante miles de años. Pero la realidad es bien distinta
Cuatro décadas después del accidente, Chernobyl se convirtió en una de las reservas naturales más grandes de Europa. Con una superficie de más de 4.500 km², es más grande que casi cualquier otro parque nacional del continente. Sin ninguna actividad humana, la tierra está completamente abandonada a la naturaleza.
Zona de exclusión de Chernobyl, Ucrania, noviembre de 2019 Denis Vishnevsky (Reserva de Biosfera Ecológica y Radiación de Chernobyl), CC BI Chernobyl Wildlife Today
Las investigaciones realizadas a lo largo de los años por científicos ucranianos e internacionales han revelado que Chernobyl es ahora el hogar de una vida silvestre rica y diversa. Tiene la mayor densidad de lobos de Europa. El oso pardo, que fue cazado hasta el borde de la extinción, vuelve a habitar sus bosques. La zona es un hábitat natural para el lince euroasiático, así como para castores, nutrias, águilas calvas, cigüeñas negras, águilas de cola blanca y muchas otras especies. En esta zona se han registrado más de 200 especies de aves, muchas de las cuales están en peligro de extinción a nivel continental.
Uno de los ejemplos más famosos es el del caballo de Prževalski. La especie se salvó de la extinción con solo doce individuos, y la zona de exclusión alberga ahora una de las poblaciones naturales más grandes del mundo. Desde su lanzamiento en 1998, la población se ha multiplicado por siete. Los caballos no muestran signos de problemas de salud e incluso se han trasladado al Bosque Rojo, una de las zonas inicialmente más afectadas por la contaminación radiactiva.
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El caballo de Przhevalsky en la zona de exclusión de Chernobyl, Ucrania, enero de 2017. Denis Vishnevsky (Reserva de Biosfera Ecológica y Radiación de Chernobyl), CC BI
La zona está sufriendo importantes cambios ecológicos. Como las tierras de cultivo han sido reemplazadas por bosques, la superficie forestal se ha duplicado desde el accidente. El número de especies dependientes de las actividades agrícolas, como las golondrinas, los aguiluchos y los cernícalos, ha disminuido, mientras que ha aumentado el número de especies forestales como el águila de cola blanca, el águila moteada y el aguilucho euroasiático. Estos procesos son el resultado de cambios ambientales, no de la radiación.

Bosque en la zona de exclusión de Chernobyl, Ucrania, julio de 2019. Denis Vishnevsky (Reserva de Biosfera Ecológica y Radiación de Chernobyl), CC BI
Desde 2016 trabajamos en Chernóbil para evaluar el estado del medio ambiente en la zona de exclusión. A lo largo de semanas de campañas de muestreo y trabajo de laboratorio, examinamos el estado de muchos organismos, desde bacterias hasta vertebrados.
Gran parte de nuestra investigación se ha centrado en la salud de anfibios como el sapo oriental (Hila orientalis). Descubrimos que estas ranas no muestran diferencias en los indicadores fisiológicos, ni en su duración de vida, entre Chernobyl y otras zonas de Ucrania sin contaminación radiactiva. Los niveles actuales de radiación en Chernobyl no parecen afectar su salud.
Examen de la rana arborícola oriental (Hila orientalis) en la zona de exclusión, mayo de 2022. German Orizaola (Universidad de Oviedo), CC BI
Sin embargo, nuestra investigación ha encontrado ejemplos de adaptación y rápida evolución en estas ranas. Los ejemplares que viven en zonas gravemente afectadas por la contaminación radiactiva son más oscuros. Una piel más oscura, que contenga más melanina, daría a estos anfibios una mayor capacidad para sobrevivir a la exposición a la radiación.
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Chernóbil y la guerra
En febrero de 2022, las tropas rusas lanzaron una invasión a gran escala de Ucrania a través de Chernobyl. Además del sufrimiento que sufre el pueblo ucraniano, la guerra en curso ha cambiado radicalmente la situación en la zona de exclusión.
En la guerra murieron varios expertos que estudiaron el entorno natural de esta zona durante años. La actividad militar ha aumentado significativamente en la cercana frontera con Bielorrusia, acordonando áreas que antes estaban completamente abiertas e impidiendo el movimiento natural de la vida silvestre. Los puentes que cruzan varios ríos de la zona también han sido destruidos, lo que hace casi imposible el acceso a la parte oriental de la zona de exclusión.

El puente sobre el río Uzh fue destruido durante la ocupación rusa de la zona de exclusión. Foto tomada en mayo de 2022. Denis Vishnevskii (Reserva de la Biosfera Ecológica y de Radiación de Chernóbil), CC BI
Se estima que durante la invasión rusa de Chernóbil se quemaron 22.000 hectáreas. Varios de los caballos de Prževalski murieron tras pisar minas terrestres dentro de la zona de exclusión. Aún no se ha evaluado el impacto total del aumento de la actividad humana en la vida silvestre.
Muchos laboratorios de investigación en la zona de exclusión fueron destruidos y saqueados durante los meses de ocupación rusa de Chernobyl. Numerosos vehículos, ordenadores y equipos científicos han desaparecido o han sido dañados deliberadamente.

Restos de la invasión rusa de la zona de exclusión: armas abandonadas y laboratorios saqueados. Foto tomada en mayo de 2022. Denis Vishnevskii (Reserva de la Biosfera Ecológica y de Radiación de Chernóbil), CC BI
La investigación internacional se ha detenido casi por completo en esta área, pero incluso en estas circunstancias, el personal de la Reserva Natural de Chernobyl continúa haciendo parte de su trabajo monitoreando especies y ecosistemas. Gracias a sus esfuerzos, tenemos acceso a información que será esencial para comprender el estado del entorno natural de Chernobyl en el futuro.
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Un valioso laboratorio natural
Chernobyl sigue siendo un área de excepcional belleza natural y un laboratorio único para estudiar los impactos a mediano y largo plazo de un accidente nuclear. También se ha convertido en un símbolo global de los procesos de renaturalización que se producen cuando cesa la actividad humana en una zona.
La preservación del área debe ser una prioridad, no sólo como monumento conmemorativo del desastre, sino también como un sitio clave para la conservación y el estudio de la diversidad biológica. Cuando termine la guerra, el área debe ser protegida como reserva natural y Chernobyl debe ser restaurado como el centro vital de cooperación científica internacional que alguna vez fue.

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