Nuevo estudio: los antibióticos pueden cambiar nuestra microbiota durante años

ANASTACIO ALEGRIA
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Cuando tomamos un antibiótico, sabemos que estamos eliminando las bacterias “malas” que nos causan enfermedades. Para eso los utilizamos, para curar enfermedades infecciosas que pueden llegar a ser incluso mortales. Lo que a menudo olvidamos es que también cambiamos profundamente las bacterias “buenas” que viven en nuestro intestino: ese complejo ecosistema de miles de especies diferentes, la microbiota intestinal.

Una microbiota abundante y diversa se asocia con una buena salud. Por el contrario, el uso repetido y prolongado de antibióticos se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares o cáncer colorrectal.

Sabemos que unos días después de un tratamiento con antibióticos orales, se produce un cambio drástico en el microbioma intestinal: disminuye la diversidad de especies bacterianas y la riqueza de genes microbianos. Por ejemplo, se ha descrito una mayor presencia de patógenos potenciales como Escherichia coli y una menor abundancia de géneros como Dialister, Veillonella y Eubacterium, un enriquecimiento de genes de resistencia a los antimicrobianos y un mayor riesgo de infección por Clostridioides difficile.

¿Cuánto duran los antibióticos en el microbioma intestinal?

Aunque los efectos antimicrobianos a corto plazo son bien conocidos, no se han realizado grandes estudios poblacionales que examinen sus efectos a largo plazo. La gran pregunta es: ¿cuánto duran estos efectos del consumo de antibióticos en el microbioma intestinal? Un estudio reciente publicado en Nature Medicine proporciona una respuesta sorprendente: los efectos pueden durar hasta 8 años.

Los investigadores hicieron un gran estudio: analizaron el microbioma intestinal de muestras de heces de 14.979 adultos en Suecia y compararon esos datos con la información del Registro Nacional de Medicamentos (que recopila todos los antibióticos y otros medicamentos recetados a pacientes ambulatorios en ese país) para ver qué sucedió con el microbioma intestinal durante 8 años.

La técnica de metagenómica de secuenciación profunda utilizada permite la identificación de bacterias a nivel de especie. Esto es importante: no se trata de ver si hay más o menos bacterias, sino quiénes hay exactamente. De esta forma se pudieron analizar alrededor de 1.340 tipos diferentes de bacterias.

El análisis mostró que los antibióticos reducen la diversidad bacteriana. El efecto más drástico se produjo en el primer año después del uso de los medicamentos, pero el impacto también se detectó hasta 4 a 8 años después de la toma, en el 10-15% de las especies bacterianas.

No todos los antibióticos tienen el mismo efecto

Uno de los puntos más interesantes del estudio es que no todos los antibióticos afectan de la misma forma a la microbiota. Los más agresivos fueron la clindamicina, las fluoroquinolonas y la flucloxacilina. Por ejemplo, un tratamiento con clindamicina se asoció con la pérdida de hasta 47 tipos de bacterias.

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La clindamicina inhibe la síntesis de proteínas al unirse a la ribosa bacteriana. Se utiliza especialmente para tratar infecciones graves causadas por bacterias anaeróbicas y grampositivas. En segundo lugar, las fluoroquinolonas son antibióticos de amplio espectro que inhiben la replicación del ADN al bloquear la enzima bacteriana ADN girasa. Se utilizan para tratar infecciones urinarias y respiratorias graves. Finalmente, la flucloxacilina es una penicilina de espectro reducido que actúa contra algunas bacterias Gram positivas.

En cambio, otros bactericidas más comunes (como algunas penicilinas de amplio espectro y la nitrofurantoína) tuvieron efectos mucho más leves. La mayoría de los antibióticos redujeron la cantidad de bacterias, mientras que algunos promovieron la aparición de patógenos oportunistas. En este caso, más es menos: cuantos más tratamientos con antibióticos, menor diversidad bacteriana.

La recuperación completa puede llevar años

Otro hallazgo interesante consistió en la observación de que la microbiota no se recuperó por completo. Hasta ahora se pensaba que la comunidad microbiana volvía a la “normalidad” tras el tratamiento con antibióticos. Pero este estudio revela que, aunque la recuperación fue rápida en los primeros meses, después es lenta e incompleta y no siempre vuelve a su estado original.

La recuperación completa puede tardar años, según el tipo de antibiótico. Cuanto mayor sea el efecto negativo sobre la biodiversidad bacteriana, más tardará en recuperarse la microbiota anterior. En algunos casos, incluso terminamos con un nuevo ecosistema en equilibrio diferente al original.

Por otro lado, no es necesario tomar muchos antibióticos: un tratamiento puede tener efectos que pueden detectarse años después. Esto cambia bastante la narrativa clásica de “una vez que no pasa nada”. Algunos de estos fármacos tienen un mayor efecto en las mujeres, quizás debido a factores hormonales.

Muchas de las bacterias cambiantes están asociadas con la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares o la enfermedad inflamatoria intestinal. Ojo: esto no quiere decir que los antibióticos causen directamente estas enfermedades, pero sí que pueden afectar al ecosistema microbiano que las modula.

Entonces… ¿deberíamos dejar de usar antibióticos?

No. Y esto es clave: los antibióticos salvan vidas y son esenciales para las infecciones bacterianas. Aunque este estudio se realizó únicamente en Suecia, donde el uso de estos fármacos es muy limitado y se ha registrado un bajo nivel de resistencia bacteriana a sus efectos, los resultados confirman algo muy importante: hay que utilizarlos mejor, no más. Se deben evitar administraciones innecesarias, elegir el fármaco adecuado y no prolongar los tratamientos sin motivo.

Prescribir antibióticos ya no sólo sirve para suprimir la resistencia a los antimicrobianos, sino para preservar la biodiversidad del ecosistema intestinal del paciente y sus consecuencias sobre la salud metabólica y gastrointestinal a largo plazo.

Se publicó una versión de este artículo en el blog microBIO del autor.


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