El papel oculto de la insulina en el riesgo de cáncer

ANASTACIO ALEGRIA
9 Lectura mínima

Durante décadas, la obesidad se ha explicado como la diferencia entre las calorías que ingerimos y las que quemamos, pero no es tan simple. Cada vez hay más pruebas de que el metabolismo es mucho más complejo y que las hormonas desempeñan un papel clave.

Y la hormona clave en el metabolismo energético es la insulina, que se encarga de regular los niveles de azúcar. Cuando no funciona “correctamente” aparecen enfermedades como la diabetes o el cáncer.

Pero además de regular el metabolismo de la glucosa, también participa en el metabolismo de los lípidos. Es decir, favorece el almacenamiento de grasas y reduce su uso como fuente de energía. En consecuencia, los niveles elevados de insulina favorecen la acumulación de grasa corporal y el aumento de peso.

El tejido adiposo se está descontrolando

Cuando la insulina se mantiene elevada de forma persistente en el tiempo hablamos de hiperinsulinemia. Esta situación es peligrosa para el organismo, porque contribuye al aumento del tejido graso y al aumento excesivo del tamaño de las células que lo forman: los adipocitos.

Los adipocitos hipertrofiados no sólo almacenan más grasa, sino que también cambian su comportamiento. Como resultado, el tejido adiposo sufre cambios metabólicos e inmunológicos que favorecen un estado de inflamación crónica. Este fenómeno ha provocado un importante debate entre los científicos: ¿la hiperinsulinemia es consecuencia de la obesidad o podría considerarse uno de sus desencadenantes?

Cánceres asociados a la obesidad. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades

Algunos estudios recientes sugieren que puede ocurrir antes del aumento de peso. Por ejemplo, se ha observado que los niños con niveles más altos de insulina tienen mayor predisposición a desarrollar obesidad en el futuro. Es probable que ambos procesos se refuercen mutuamente, creando un ciclo difícil de romper en estas personas.

Un estado de inflamación crónica.

Durante mucho tiempo, el tejido adiposo fue considerado sólo como un depósito de energía. Hoy sabemos que es un órgano metabólicamente activo que también participa en la regulación del sistema inmunológico.

En condiciones de hiperinsulinemia, los adipocitos hipertrofiados liberan señales que atraen a los macrófagos y otras células inmunes a ese tejido adiposo. La acumulación de estas células inmunes favorece la producción de moléculas inflamatorias y crea un estado de inflamación crónica de bajo grado, característico de muchas enfermedades metabólicas.

Se necesitan cantidades adecuadas de insulina para la activación normal del sistema inmunológico, pero cuando estos niveles son excesivamente altos, el sistema puede dejar de funcionar correctamente.

Así, se ha observado que la hiperinsulinemia afecta a células muy concretas: las células T reguladoras, encargadas precisamente del control de la respuesta inmune. Como resultado, se favorece un ambiente proinflamatorio, que puede facilitar el desarrollo de diversas patologías. Entre ellos, el cáncer.

Insulina y cáncer

Además de su función metabólica, la insulina también actúa como factor mitogénico, es decir, como una señal que puede estimular a las células a dividirse y sobrevivir. Esta característica es relevante en el contexto del cáncer: las células tumorales pueden aprovechar la señalización para promover su crecimiento.

Una de las estrategias observadas en diversos tumores es aumentar la expresión de una forma específica del receptor de insulina conocida como INSR-A. Este receptor tiene mayor afinidad por la hormona y transmite señales principalmente asociadas a la proliferación y división celular, favoreciendo la progresión tumoral.

Diversos estudios han relacionado este contexto metabólico con un mayor riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer:

Cáncer de páncreas: el páncreas está expuesto a concentraciones particularmente altas de insulina debido a la presencia de células β, responsables de la producción de esta hormona. En investigaciones con animales, se ha demostrado que reducir los niveles de insulina reduce la inflamación y la fibrogénesis en las lesiones pancreáticas precancerosas. Estos resultados sugieren que podría contribuir directamente a la progresión del tumor y ser un nuevo objetivo de ataque.

Cáncer de colon: se ha encontrado una asociación entre hiperinsulinemia y un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad. Los investigadores observaron que muchos tumores de colon tienen una mayor proporción del receptor de insulina INSR-A, lo que podría favorecer la proliferación de células tumorales y, por tanto, un peor pronóstico.

Cánceres ginecológicos: entre los tumores asociados a cambios metabólicos, el cáncer de endometrio y el cáncer de mama tienen una relación especialmente estrecha con la obesidad, la diabetes y la hiperinsulinemia. En estos casos, la insulina puede favorecer el crecimiento tumoral tanto por su efecto mitogénico directo como por su influencia sobre el equilibrio hormonal.

Cuando los niveles de insulina permanecen crónicamente elevados, se observa una mayor proporción de estrógenos libres circulantes, que pueden estimular la proliferación de tejidos sensibles a estas hormonas, como el endometrio o el tejido mamario. A largo plazo, esta es una situación que puede favorecer el desarrollo de tumores.

En el caso del cáncer de mama, esta relación cobra especial relevancia después de la menopausia, cuando el tejido adiposo se convierte en una de las principales fuentes de producción de estrógenos.

La importancia de lo que comemos

Algunos alimentos, especialmente aquellos con un índice glucémico alto, provocan un rápido aumento de la glucosa en sangre. En respuesta, el cuerpo libera grandes cantidades de insulina, y la repetición crónica de estos picos de glucosa e insulina puede favorecer el desarrollo de hiperinsulinemia, inflamación metabólica y cambios hormonales.

Entre estos alimentos se encuentran productos ricos en carbohidratos refinados y azúcares de rápida absorción como bebidas azucaradas, dulces y bollería, pan blanco y cereales altamente procesados.

Con el tiempo, los procesos mencionados pueden contribuir tanto a la obesidad como a un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Por tanto, además de la cantidad total de energía consumida, la calidad de la nutrición y la respuesta metabólica que los alimentos provocan en el organismo son factores clave para reducir el riesgo de estas patologías.

Entonces, ¿qué alimentos debemos comer para reducir los peligrosos picos de insulina? En general, los alimentos poco procesados ​​y ricos en fibra promueven una absorción de glucosa más lenta y ayudan a mantener niveles hormonales más estables. Por ello, es recomendable incrementar el consumo de verduras, frutas enteras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.

También es importante incluir proteínas de calidad y grasas saludables, presentes en alimentos como el pescado, los huevos, el aceite de oliva virgen extra, el aguacate o los frutos secos. Estos nutrientes contribuyen a aumentar la saciedad y ayudan a evitar fluctuaciones repentinas de glucosa en sangre.

En los últimos años, el aumento de la incidencia de cáncer en la población joven ha hecho saltar las alarmas sobre nuestro estilo de vida actual, incluida nuestra forma de comer. En particular, se cree que entre el 30 y el 35% de los nuevos cánceres pueden estar relacionados con malos hábitos alimentarios. Reducir el consumo de alimentos que aumentan este riesgo y elegir aquellos que nos protejan puede marcar la diferencia.


Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ESSpanish

Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo