“Y este era también uno de los lugares más oscuros de la Tierra”. Estas palabras de Charlie Marlowe, protagonista de la famosa novela corta de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, impregnan la Antártida comienza aquí, de Benjamin Labatut.
La fama mundial del escritor chileno se amplió a partir de dos libros posteriores, Un verdor terrible (2020) y MANIAC (2023). En ellos encontró una fértil vena literaria, combinando la erudición en historia de la ciencia con la ficción literaria y haciéndose eco del enciclopedismo de Jorge Luis Borges. La forma en que entrelaza historias de episodios de la vida de grandes científicos con la oscura historia del uso de la ciencia y la tecnología y los descubrimientos de doble cara que han hecho tanto daño como bien es brillante.
Documentos de barbarie
No tengo dudas de que esta trayectoria es admirable y fascinante, pero lo más relevante de su obra, desde mi punto de vista, puede quedar eclipsado por la exuberancia de sus referentes, la habilidad de mezclar historias anecdóticas y universales. Y por más brillante me refiero al pesimismo sobre la historia humana que subyace a sus relatos, que se hacen eco tanto de Joseph Conrad como de VG Sebald o, para ser más claros, de Walter Benjamin y su máxima de que todo documento de cultura es un documento de barbarie.
Por eso resulta tan interesante leer la reedición recientemente publicada de su primera obra, la colección de cuentos La Antártica Comienza Aquí (2026, Anagrama; 2012, Aguilar Chilena de Ediciones). No puedo resistir la tentación de leer anacrónicamente La Antártica… como el último libro escrito por Labatut, no el primero, ahora reeditado tras su fama internacional. Leyendo así, Un verdor terrible y MANIAC podrían ser sólo una de las líneas que abrirían un abanico más amplio y profundo de posibilidades literarias en este libro.
Transformaciones mutuas
Si tuviera que resumir el posmodernismo en una frase, diría que es una cultura que intentó socavar las dicotomías (o, como solían decir, los “binarios”, recordando que fue una reacción postestructuralista). Décadas después, conocemos la resistencia de los binarios a desaparecer. Pero Labatut explora otros caminos más sugerentes: que los polos dicotómicos se transforman, infectan y contaminan entre sí; que el bien y el mal fluyen a través de canales ocultos que comunican ficción y realidad, cuerpos y entornos, cuerpos y mentes, pasado y futuro.
En muchos aspectos, la escritura de Labatut resuena con la amenaza cósmica de HPLovecraft y la ósmosis entre locura y lucidez, como si explorar los territorios y documentos del pasado entrara en una pesadilla de caos y falta de sentido.
Aquí comienza una de las historias de La Antártica, “El remedio de Anna”, una especie de versión abreviada de La montaña mágica, la novela fundamental del alemán Thomas Mann. En el relato de Labatuto, la clínica y el mundo están confundidos, “la medicina es la enfermedad”, repiten los médicos, la enfermedad es ontológica, como si fuera la condición humana, que convierte los cuerpos sanos en enfermos y los enfermos en sanos, los legos en expertos y los médicos en pacientes.
De la violencia y el deseo
En “Dese”, se mitifica y se rumorea que un travesti cuyo espectáculo masoquista implica violencia real realiza curaciones milagrosas. Dos autores que por primera vez son de diferente estilo, carácter y nacionalidad escriben dos historias sobre sus vidas que coinciden en temática, como si el verdadero milagro fuera esa similitud, como si la ficción tuviera el mismo poder que la realidad. Pero el horror de la realidad se inmiscuye en sus vidas literarias cuando se encuentran y su intercambio de afecto termina en violencia. La misma violencia que rompe la vida de un futbolista chileno en Países Bajos y lo lleva a la prostitución.
En “El deseo”, como en la obra del escritor francés Georges Bataille (1897-1962), el sexo y la violencia se entrelazan en la historia. Los cuerpos son a la vez documentos de violencia y objetos de deseo. Aquí comienza un tejido continuo que mezcla lo onírico y lo cotidiano, lo animal y el deseo de afecto, la dislocación y la intimidad que explora otra de las historias antárticas, “Club de campo”.
Y Alfredo en la cama
Las transmutaciones entre el espacio real y el imaginario, entre lo sublime y lo siniestro, la atmósfera son las historias que abren y cierran el libro. El primero da título a la pieza, “La Antártida comienza aquí”; el último es “Alfredo en la cama”. Poesía, escritura y disciplina, sacrificio, desplazamiento total en territorio incierto se amplían en el primero de los relatos. Música, interpretación, altura perfecta, movilidad e inmovilidad, paz espiritual y miedo y temblor, en el último.
Como en los despertares de ciertos personajes de Franz Kafka (1883-1924), las nieblas de luz representan la representación misma de la escritura en estas historias de Labatut. Explora temas que aportan escepticismo y duda a la tarea de interpretar la realidad, ya sea como escritura o como memoria histórica. Quizás porque la anatomía del relato revela continuamente las capas de los sanos y los enfermos. Este espectro de lo siniestro es lo más atractivo de este libro.
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