La deficiencia de yodo a menudo se considera un problema del pasado, pero esto no es del todo cierto. Durante el siglo XX, la yodación de la sal se convirtió en una de las intervenciones de salud pública más efectivas para prevenir las afecciones causadas por esta deficiencia de minerales, incluido el bocio (agrandamiento de la glándula tiroides) y daños prevenibles al desarrollo neurológico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) todavía considera la sal yodada una estrategia segura y eficaz, mientras que UNICEF señala que es la forma más utilizada para mejorar la ingesta de yodo en el mundo.
Sin embargo, el éxito de esta sencilla medida significa que el yodo casi ha desaparecido del debate público. Y hoy, en varios países, se están redescubriendo signos de ingesta insuficiente en ciertos grupos, especialmente entre las mujeres embarazadas o lactantes y entre las personas que siguen dietas restrictivas o mal planificadas.
Lo que estamos presenciando no es un dramático resurgimiento de los síntomas más graves en todas partes, sino más bien un riesgo silencioso de deficiencia en contextos donde la vigilancia se ha debilitado.
El papel del yodo en el cuerpo.
El yodo es un micronutriente esencial para la síntesis de tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), hormonas que regulan el metabolismo, el crecimiento y muchos procesos fisiológicos. La ingesta adecuada durante el embarazo y la primera infancia es especialmente importante para el desarrollo normal del sistema nervioso central y para las primeras etapas de maduración cerebral.
Además, las necesidades del organismo aumentan durante el embarazo y la lactancia debido a la mayor producción de hormonas tiroideas en la madre, la mayor excreción de yodo a través de los riñones y la transferencia de este mineral al feto y al recién nacido.
Por qué la escasez vuelve a aumentar
El problema no es que la gente haya dejado de consumir sal, sino que el tipo de sal que consumen ha cambiado, al igual que las fuentes de sodio en su dieta. En los últimos años, la sal yodada ha sido sustituida en muchos hogares por sales “gourmet” o “naturales”. Entre ellas se incluyen la sal marina, la sal rosa del Himalaya, la sal en escamas y la sal kosher, que a menudo se perciben como más sofisticadas o saludables, aunque no siempre están yodadas.
En cierto modo, la sal yodada tiene un problema de imagen. Comparado con el prestigio culinario de sus rivales de moda, se considera ordinario, incluso anticuado.
Hoy en día, gran parte de nuestro consumo de sal también proviene de alimentos procesados y ultraprocesados, lo que hace que no se pueda garantizar el uso de sal yodada. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud ha llamado a coordinar las políticas destinadas a reducir la ingesta de sodio y las que promueven la sal yodada.
La composición de nuestra dieta también ha cambiado mucho. El yodo está presente de forma natural en todos los mariscos, algunos productos lácteos y los huevos, aunque la cantidad puede variar de una región a otra o de un sistema alimentario. Cuando una persona reduce o excluye varias de estas fuentes a la vez y al mismo tiempo no consume sal yodada ni alimentos enriquecidos, aumenta el riesgo de deficiencia.
El resultado es que un micronutriente básico, económico y eficaz ha quedado fuera del foco de atención justo cuando ciertos grupos corren nuevamente el riesgo de no obtener suficiente yodo.
Dieta basada en plantas
Las dietas vegetarianas y veganas pueden ser saludables, pero deben tener en cuenta el yodo. Una revisión de 2023 en el British Journal of Nutrition concluyó que las personas que siguen una dieta basada en plantas, especialmente los veganos, pueden tener dificultades para obtener la cantidad recomendada de yodo solo de estos alimentos.
Eso no quiere decir que una dieta basada en plantas sea inherentemente deficiente, y la solución es simple. Así como la vitamina B12 suele recomendarse para quienes reducen su consumo de pescado o productos lácteos (o cuando las personas reemplazan los productos animales con alternativas vegetales no fortificadas), también debería recomendarse el yodo.
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Embarazo y lactancia
El yodo merece una atención especial durante el embarazo. Existe evidencia sólida de que una deficiencia grave de este micronutriente puede afectar el desarrollo fetal y la función tiroidea, razón por la cual muchas organizaciones utilizan umbrales específicos para evaluar el nivel de yodo en mujeres embarazadas. Los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. afirman que una concentración de orina de 150 a 249 microgramos por litro (μg/L) en mujeres embarazadas se considera adecuada para la población general.
Pero hay una advertencia al respecto. Las preocupaciones sobre una deficiencia leve o moderada están justificadas, pero no hay evidencia convincente de los beneficios cognitivos de la suplementación en todas las mujeres embarazadas que muestran una deficiencia leve. Las revisiones y los ensayos han demostrado que existen preocupaciones biológicas plausibles y algunos estudios sugieren una asociación con peores resultados, pero los ensayos controlados no han demostrado de manera unánime mejoras claras en el desarrollo neurológico infantil.
Sin embargo, varias sociedades científicas han adoptado una postura cautelosa. La Asociación Estadounidense de Tiroides, por ejemplo, afirma que las mujeres que planean quedar embarazadas, embarazadas o amamantando deben recibir 150 μg de yodo al día en un suplemento prenatal o multivitamínico, generalmente en forma de yoduro de potasio, para satisfacer las mayores necesidades.
Por qué ‘más sal’ no es la respuesta
Aquí se necesita otra aclaración importante. Defender la sal yodada no significa recomendar un mayor consumo de sal. La OMS mantiene su recomendación de reducir la ingesta de sodio debido a su relación con la presión arterial alta y las enfermedades cardiovasculares. En lo que respecta a la salud pública, la solución no es “más sal”, sino menos, aunque la sal que comemos debería estar yodada.
De hecho, la propia OMS ha subrayado que reducir el consumo de sal y fortificar la sal con yodo son compatibles, siempre que se ajuste adecuadamente la concentración del mineral y que la sal utilizada por la industria alimentaria también esté fortificada.
Este punto es crucial porque evita dos errores comunes: convertir el tema en una defensa nostálgica de la sal de mesa, o el otro extremo de suponer que cualquier reducción en la ingesta de sodio resolverá automáticamente todos los problemas de salud sin consecuencias nutricionales. Pero es posible lograr un equilibrio entre la prevención de enfermedades cardiovasculares y la deficiencia de yodo.
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