Alimentación saludable, ropa adecuada, control del uso de la tecnología, protección de la agresión solar… Las personas con niños siempre intentan tomar medidas por su propio bien. Sin embargo, todavía existen enemigos invisibles, como el ruido, en cuyas consecuencias normalmente no pensamos. Pero, sin duda, existen.
Recientemente, la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicó un informe alertando de que más de 500.000 niños y niñas en Europa tienen dificultades de lectura debido al ruido del tráfico (coches, trenes y aviones) y que alrededor de 60.000 muestran problemas de conducta relacionados con esta exposición continua al ruido.
En España hay cerca de 80.000 personas con discapacidad lectora y 9.000 con discapacidad conductual, sobre todo en zonas urbanas y principalmente por el tráfico rodado. Las cifras son, en realidad, superiores, ya que sólo se estudió una parte de la infraestructura europea.
Aprende a leer con ruido… y compórtate
¿Por qué el ruido ambiental afecta la capacidad de leer? Leer es una actividad que requiere atención, comprensión, memoria y no perder la pista. Si el ruido es constante, los niños se distraen y tienen que empezar de nuevo. Esto también crea una sobrecarga para tu cerebro. Si hablamos de niños muy pequeños, es necesario que distingan bien los sonidos para consolidar el vocabulario y la comprensión.
Pero la forma en que el ruido afecta a los niños va más allá de su aprendizaje. Como demostró un estudio europeo, esto afecta su comportamiento. No estamos hablando de que sean “groseros”, ni mucho menos: es la respuesta del cuerpo ante un entorno hostil. Un ambiente ruidoso crea inquietud y dificultad para permanecer quieto y mantiene el cuerpo en un constante estado de alerta, lo que dificulta seguir reglas o concentrarse. Debe quedar claro que los niños no son el problema: es la respuesta natural del cuerpo al medio ambiente.
De hecho, existen diferencias entre lo que sucede en las ciudades y en las zonas rurales. En las ciudades, según el SICA o Informe de Población Expuesta, entre el 40% y el 60% de los centros educativos se ubican cerca de carreteras, vías férreas o rutas aéreas. Aulas con ventanas cerradas todo el día, profesores que tienen que alzar la voz, niños y niñas distraídos por cada camión o moto, patios rodeados de ruido de tráfico son parte de la vida cotidiana. En pueblos pequeños o zonas menos transitadas la exposición es menor: hay espacios más tranquilos y el impacto general es menor.
Escuelas: ¿dónde está el límite de decibelios?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó a considerar el ruido como un factor de riesgo para la salud en la década de 1980, particularmente para las poblaciones vulnerables. En su primera guía sobre el ruido en la comunidad ya dejó claro que los niños son un grupo especialmente sensible al ruido y que puede afectar a la comprensión del habla, el aprendizaje y el rendimiento escolar.
Desde el decenio de 1990, la OMS ha estado realizando estudios en entornos escolares situados cerca de aeropuertos y de las principales infraestructuras de transporte. Y encuentra la primera evidencia: los niños y niñas que aprenden en ambientes ruidosos aprenden más lentamente.
Posteriormente, estudios financiados por la UE demostraron que cuanto mayor es la dosis de ruido, peor es la lectura. Además, se ha demostrado que afecta al bienestar psicológico de niños y niñas. Hablamos de pérdida de atención, falta de comprensión y problemas de conducta.
En algunos casos se habla de 85 dB(A) de ruido en las escuelas, un valor que la OMS clasifica como peligroso. Tanto es así que en el lugar de trabajo, para proteger la salud de los trabajadores, estos deberían utilizar protectores auditivos. Ahora bien, ¿nos imaginamos a los alumnos yendo a clase con estos protectores?
¿Qué se puede hacer?
El informe de la AEMA también sugiere medidas a tomar, ya que este problema, a diferencia de otros, es evitable. Se pueden tomar medidas en el medio ambiente: reducir la velocidad del tráfico cerca de los colegios, instalar pantallas acústicas o vegetación, mejorar el asfalto o alejar las vías con tráfico intensivo de los centros educativos.
Otra posibilidad es realizar mejoras en las escuelas: aumentar el aislamiento acústico, reubicar las aulas más sensibles, proteger los patios escolares o introducir criterios acústicos en renovaciones y nuevas escuelas.
Asociaciones como AMPA también son clave. Las familias debemos poner el tema sobre la mesa y dejar claro que la salud y la educación de nuestras hijas e hijos están en juego.
La conciencia también es importante. De hecho, la Sociedad Española de Acústica (SEA) hace campaña por el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, que este año se celebra el 29 de abril. El lema “Vive sin ruido, vive mejor” trata de proteger a los niños, su aprendizaje, su bienestar emocional y sus posibilidades de futuro.
En mi caso, tengo claro desde hace tiempo que “soy del campo” y oigo cantar a las golondrinas y a los gorriones cuando llevo a mis hijos al colegio.
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