Las bacterias marinas vinculan la conservación de los delfines con la salud humana

ANASTACIO ALEGRIA
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Un delfín nada desorientado, sin poder flotar ni girar, hasta encallar en la arena. Esta escena, que se repite cada año a orillas del mar Mediterráneo, parece a primera vista un problema puntual. Pero, en realidad, es un mensaje sobre la salud de los océanos y los riesgos que todos enfrentamos, humanos y animales, dentro del mismo ecosistema.

Causas del varamiento de delfines

Para quienes trabajan para salvarlos o estudiarlos, los varamientos de delfines en las costas del Mediterráneo son, lamentablemente, algo común.

Puede tener múltiples causas, como naufragios o enfermedades. Entre estos últimos, las infecciones son habituales: virus, bacterias y parásitos pueden provocar patologías graves, sobre todo si afectan al sistema nervioso.

Una bacteria marina que causa enfermedades en animales y humanos.

Una de estas infecciones, poco conocida fuera de la ciencia pero con importante impacto, es causada por Brucella ceti, una bacteria del mismo género que causa la brucelosis en animales terrestres y humanos. En el mar, afecta principalmente a delfines y ballenas, y se ha detectado con especial frecuencia en el Mediterráneo, lo que sugiere que esta región puede actuar como una zona endémica del patógeno.

Como otras bacterias del género Brucella, puede provocar zoonosis, es decir, una infección que puede transmitirse de animales a humanos, aunque es poco común en especies marinas. En la mayoría de los casos, la brucelosis en humanos no se asocia con el contacto con delfines, sino con el consumo de mariscos crudos o poco cocidos.

Para la población general, el riesgo es bajo, pero se recomienda precaución. El contacto directo con animales o sus restos, especialmente sin protección, es una posible vía de infección. Por ello, se recomienda no tocarlos si los vemos varados en las playas y avisar siempre a los servicios especializados.

Brucella ceti en la costa española del mar Mediterráneo

Un estudio reciente realizado por investigadores españoles, en su mayoría del ámbito veterinario, analizó ballenas varadas en el Mediterráneo occidental durante una década. Los resultados mostraron que casi la mitad de los animales sospechosos estaban infectados.

Además, la investigación permitió caracterizar las lesiones asociadas a la infección y comprender mejor su impacto en la salud de las ballenas, algo importante en la vigilancia de la salud en el medio marino. En conjunto, los resultados muestran que se trata de un problema relevante, con implicaciones para la conservación y la salud de los ecosistemas.

Una infección que afecta principalmente al cerebro

Lo más llamativo de la brucelosis marina es su afinidad por el sistema nervioso central. En los animales incluidos en el estudio, las lesiones se localizaban casi exclusivamente en el cerebro, con inflamación severa (meningoencefalitis). Este daño neurológico explica muchos de los signos previos al varamiento: pérdida de coordinación, desorientación, convulsiones o comportamiento anormal.

Este patrón permite distinguir la brucelosis de otras enfermedades infecciosas descritas en delfines, como las causadas por herpesvirus o morbilivirus. También pueden afectar al sistema nervioso, pero suelen provocar diferentes lesiones.

Impacto en la conservación

El daño neurológico puede provocar la muerte de un animal, ya sea por el propio daño cerebral o como consecuencia de un varamiento.

Además, en otras regiones del mundo, la infección por Brucella en cetáceos se ha relacionado con abortos, infertilidad y otros problemas reproductivos. Esto plantea dudas sobre su posible impacto a largo plazo en las poblaciones vulnerables.

Este es un aspecto especialmente relevante en especies con una baja tasa reproductiva como los delfines, donde cualquier impacto negativo puede ser crucial para su supervivencia. Por lo tanto, para comprender y reducir estos efectos, es fundamental poder diagnosticar la infección de forma fiable.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad en los delfines?

El estudio de los animales varados es clave para analizar las enfermedades de los delfines y las ballenas. Técnicas como el cultivo o la PCR permiten una detección fiable de bacterias. Sin embargo, la identificación de anticuerpos específicos presenta más desafíos. A diferencia de lo que ocurre en los animales domésticos, no existen pruebas serológicas totalmente validadas para los delfines.

En el trabajo mencionado anteriormente, los investigadores adaptaron y evaluaron una prueba comercial para su uso en delfines. Por primera vez pudieron validarlo, mejorando la detección y evitando errores.

Este avance no sólo mejora el diagnóstico, sino que también permite implementar programas de vigilancia sanitaria más allá del estudio de los animales varados.

La genética ayuda a rastrear las bacterias

El análisis genético de las bacterias aisladas permitió identificar diferentes linajes de Brucella ceti en el Mediterráneo. Al igual que la huella molecular, este análisis permite comparar cepas y establecer relaciones entre ellas. Algunos eran muy similares, incluso entre animales varados de diferentes edades. Esto sugiere que ciertos linajes pueden persistir en el tiempo.

Esta información es crucial para comprender cómo se mantiene y propaga la infección en el medio marino, así como para descubrir posibles vínculos entre casos.

Los delfines como guardianes del mar

Los delfines actúan como verdaderos guardianes de la salud de los océanos. Comprender las enfermedades que los afectan es fundamental para evaluar los riesgos que, a largo plazo, podrían tener consecuencias para su conservación.

El Mar Mediterráneo es uno de los mares más dañados por las actividades humanas y el cambio climático. Estos factores pueden debilitar su sistema inmunológico y aumentar su vulnerabilidad a infecciones como las causadas por Brucella ceti.

Los resultados muestran que estos animales ya se enfrentan a un riesgo sanitario importante. Aunque los casos humanos relacionados son raros, ilustran cómo los ecosistemas alterados pueden favorecer la aparición o propagación de enfermedades zoonóticas, con posibles impactos en la salud pública.

Por tanto, es necesario adoptar un enfoque integral que integre diversos factores ambientales. Sólo así será posible ver el panorama completo, predecir posibles sucesos y proteger tanto a las ballenas como a los ecosistemas y comunidades humanas que dependen del mar.

Después de todo, escuchar lo que nos dicen los delfines varados no se trata sólo de proteger a los animales simbólicos. También nos advierten sobre la salud del mar y sus peligros.


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