Ronaldinho no era Ronaldinho al principio. Antes de convertirse en uno de los futbolistas más respetados de la historia, era un niño que jugaba en canchas pequeñas, improvisaba, repetía gestos y probaba regates que veía en los partidos de la NBA. NBA? Parecía ver el juego antes que los demás. Con sólo nueve años, en partidos infantiles, podía marcar seis goles y enloquecer a la grada. Desde fuera parecía puro talento. Pero la pregunta más interesante no es si nació con talento, sino qué condiciones permitieron que ese talento creciera.
Cuando destaca una menor, nos fijamos en el resultado: goles, velocidad, aparente facilidad. Sin embargo, detrás de todo ello suele haber muchas horas de juego, aprendizaje, contexto, confianza, repetición y libertad para crear. Surge una idea clave: el talento deportivo no sólo se descubre, sino que también se construye.
El talento también se crea
Durante la infancia y la adolescencia, el cerebro mantiene una enorme capacidad de transformación. Esto es lo que la neurociencia llama neuroplasticidad: la capacidad de reorganizar las conexiones neuronales en respuesta a lo que experimentamos y practicamos.
Esto significa que cuando un niño o una niña hace ejercicio no sólo está fortaleciendo los músculos o mejorando la resistencia. También modifica los circuitos cerebrales relacionados con la coordinación, la atención, la memoria y la toma de decisiones.
Los cambios estructurales y funcionales en el cerebro están asociados con el entrenamiento físico, particularmente en áreas relacionadas con el control cognitivo y motor.
En pocas palabras: la práctica deja su huella en el cerebro.
¿Por qué el talento parece natural?
Muchas veces confundimos talento con facilidad inicial. Vemos a un niño que destaca y pensamos que nació con algo especial. En parte, puede haber predisposiciones biológicas, pero también influyen otros factores. La lista es larga e incluye experiencias previas, juego libre acumulado, confianza, calidad del entrenamiento, maduración física o simplemente más oportunidades.
El estudio del desarrollo del talento ha advertido durante años que el desempeño temprano no siempre predice el éxito posterior. Muchos sistemas de selección detectan mejor quién es excelente hoy que quién tiene más margen de crecimiento mañana.
Se debe considerar el desarrollo longitudinal, desde la maduración hasta múltiples dimensiones del desempeño. Entonces, lo que parece ser talento espontáneo es a menudo talento en el que ya se ha trabajado, incluso si no lo hemos visto.
El deporte también entrena la mente
Un buen movimiento no depende sólo del cuerpo. También requiere memorizar patrones, anticipar jugadas, controlar impulsos, cambiar estrategias y mantener la concentración bajo presión.
La práctica deportiva en menores y adolescentes mejora funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio. Es decir, el entrenamiento también enseña al cerebro a pensar mejor mientras se mueve.
La actividad física regular se asocia con mejoras cognitivas y académicas en la población escolar. Esto refuerza la idea de que el movimiento también beneficia el aprendizaje.
Error de pruebas rápidas
Muchos sistemas deportivos continúan funcionando como si el talento pudiera descubrirse a la mañana siguiente de la prueba. Se mide quién corre más rápido, quién salta más o quién rinde mejor ese día. El problema es que estas pruebas suelen captar la evolución presente y no futura del deportista.
Un niño precoz puede parecer anormal a los diez años y volverse normal más tarde. Otro que hoy pasa desapercibido puede explotar más adelante si encuentra el entorno adecuado.
Este fenómeno está relacionado con el llamado “efecto de la edad relativa”: en los sistemas deportivos organizados por año de nacimiento, los nacidos cerca del inicio del período de selección suelen estar sobrerrepresentados en las categorías competitivas, porque los talentos infantiles rara vez vienen etiquetados.
¿Cómo construir talento?
Si el cerebro cambia con la práctica, entonces la pregunta no es quién sobresale primero, sino qué ambientes lo ayudan a crecer mejor. Serán aquellos en los que exista variedad de experiencias motrices, entrenamiento progresivo, feedback de calidad, descanso suficiente y apoyo emocional.
En el fútbol, por ejemplo, se ha propuesto un modelo de “muestreo especializado”: practicar el deporte principal sin renunciar a otras experiencias motrices que enriquecen el aprendizaje y reducen la rigidez de la trayectoria temprana.
También es importante algo menos visible: que el menor disfrute. Sin disfrute, la motivación disminuye. Y sin motivación, el aprendizaje se ralentiza.
Comprender el talento para familias y profesionales
Entender el talento como algo que podemos construir cambia muchas cosas. Reduce la ansiedad de pensar que todo se decide con ocho años. Nos invita a mirar los procesos en lugar de los resultados inmediatos. Y recuerda que un buen seguimiento puede ser más determinante que una selección reciente.
A veces llamamos talento a lo que en realidad es una buena oportunidad. Aunque la pregunta tal vez no sea: “¿Hay talento?” Tal vez sea la segunda: “¿Estamos creando el entorno adecuado para que usted pueda cultivarlo?”
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