El móvil nos convierte en peores estudiantes, lo que hace que recurramos más a él

ANASTACIO ALEGRIA
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Imaginemos a cualquier estudiante: se sienta frente a sus apuntes para empezar a estudiar, pero al cabo de cinco minutos el dispositivo vibra. Esta simple advertencia actúa como una invitación a desviar tu atención, activando un ciclo de gratificación instantánea que fragmenta tu capacidad de concentración. Lo que comienza como una revisión de notificaciones termina siendo un largo período de consumo digital que reemplaza una tarea académica.

Esta dinámica no es accidental; Responde a un diseño atractivo que convierte el uso de teléfonos inteligentes en un patrón de comportamiento a menudo compulsivo. En un estudio reciente analizamos cómo el uso problemático de Internet y el fenómeno del phabbing, el acto de ignorar a otras personas para revisar un teléfono celular, afectan las capacidades cognitivas, emocionales y el rendimiento académico de los estudiantes universitarios.

Perfil de distracción

Nuestra investigación revela que el uso problemático de Internet y el phabbing son fenómenos que difieren para todos los estudiantes, aunque con ciertos matices. Analizando una muestra de 875 estudiantes de 5 facultades de la Universidad de Barcelona no encontramos diferencias ni por género ni por edad, algo que difiere de otros estudios que tradicionalmente señalan una mayor vulnerabilidad en las mujeres, por el uso de las redes sociales, o en los estudiantes más jóvenes.

Sin embargo, el título es importante. Los estudiantes de carreras con mayor carga o estimulación digital, como comunicaciones audiovisuales o ESCAC, muestran mayores niveles de uso problemático respecto a los de educación.

En términos de rendimiento académico, los datos confirman una preocupante relación inversa que se ha encontrado antes: los estudiantes con puntuaciones “excelentes” muestran los niveles más bajos de uso problemático de Internet, o phabbing. Por el contrario, aquellos con puntuaciones de “aprobado” o “notado” tienen mayor adicción digital y mayores puntuaciones de fabbing, lo que indica que el uso inadecuado de los teléfonos móviles está directamente relacionado con un menor éxito en el aula.

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El ‘smartphone’ como herramienta para aliviar el dolor emocional

El uso del teléfono móvil no es sólo un hábito, sino un bucle impulsado por variables psicológicas. Por ejemplo, nuestros datos sugieren que cuando una persona es impulsiva -carece de autocontrol- y se siente mal psicológicamente, es más probable que utilice Internet de forma problemática y que participe en phabbing, es decir, que se distraiga mirando su teléfono móvil cuando habla con otras personas.

Los estudiantes con mayores niveles de ansiedad y depresión tienen significativamente más probabilidades de recurrir a un dispositivo para aliviar estados emocionales negativos. Cuando este fenómeno ocurre en el aula, se distraen.

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Este círculo vicioso se retroalimenta a sí mismo. El malestar psicológico impulsa al estudiante a recurrir al teléfono móvil en busca de alivio inmediato, pero este uso problemático genera una mayor fragmentación de la atención y sentimientos de culpa, que a su vez aumentan el malestar y dificultan seguir aprendiendo de manera efectiva.

En nuestra muestra, el 49% de los estudiantes presentan niveles elevados de fabbing, conducta que está directamente relacionada con una menor capacidad de autorregulación. Cuanto más alto puntúen en la escala de ansiedad, más probabilidades tendrán de participar en este tipo de conducta. Si tenemos en cuenta que un teléfono medio es revisado 150 veces al día, en casos de mal autocontrol esta frecuencia puede aumentar considerablemente, consolidando la dinámica compulsiva de uso.

¿Qué sucede en nuestro cerebro?

Para comprender lo que realmente sucede en el cerebro de los estudiantes, realizamos un experimento con 46 estudiantes graduados en comunicación audiovisual que midieron su actividad electrodérmica (reacciones físicas de la piel que indican activación emocional y atencional). Los resultados muestran un patrón claro: una mayor tendencia al uso excesivo de Internet provoca una discrepancia entre el nivel de atención y la activación emocional durante las tareas académicas.

En concreto, al realizar actividades que requieren una alta demanda cognitiva, como un examen, los estudiantes con mayor uso problemático muestran una disminución progresiva de la atención. Sin embargo, tienen una alta respuesta emocional a las exigencias de la tarea, lo que sugiere que sus cerebros responden emocionalmente a la dificultad para concentrarse en la tarea.

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Curiosamente, su atención se estabiliza sólo cuando se enfrentan a estímulos digitales, como consumir contenidos en una pantalla. Esto demuestra que tu sistema nervioso está acostumbrado a procesar información bajo estimulación constante, perdiendo eficiencia en procesos de aprendizaje tradicionales que requieren calma y reflexión.

No es falta de ganas, es un conflicto de diseño.

A la luz de estos datos, queda claro que el uso excesivo del smartphone afecta al rendimiento académico además de provocar falta de interés o disciplina. Las plataformas digitales interrumpen los procesos necesarios para sostener el esfuerzo cognitivo que una persona necesita para estudiar.

Los malos hábitos digitales (uso excesivo, falta de control sobre el tiempo de uso, consultar el teléfono con demasiada frecuencia o distraerse de otras tareas) también pueden surgir precisamente como respuesta al malestar psicológico que provoca esta falta de concentración. Es decir, cuando iniciamos una tarea cognitivamente exigente, el esfuerzo nos empuja a “escapar” a tareas fragmentadas y simples como la consulta de redes sociales.

Al fin y al cabo, el éxito académico depende no sólo de la capacidad intelectual, sino también de nuestra capacidad para recuperar la fuerza de voluntad y el autocontrol en un entorno diseñado precisamente para disminuirlos.

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