Cuando una especie se mezcla con otra al borde de la extinción, ¿intervenimos o dejamos que la evolución funcione?

ANASTACIO ALEGRIA
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En biología se conoce como hibridación al cruce de individuos de diferentes especies o linajes que generalmente produce descendencia con las características de ambos progenitores. Un ejemplo que todos conocemos es la mula, nacida del cruce entre una yegua y un burro.

Durante mucho tiempo, el fenómeno biológico de la hibridación se consideró un proceso raro y evolutivamente marginal, casi anecdótico, tanto en vertebrados como en invertebrados.

Veamos algunos ejemplos:

En los mamíferos, la mezcla de perros lobo puede reducir la diversidad genética y amenazar la conservación de las poblaciones salvajes.

En las aves, los cambios ambientales recientes favorecen el mestizaje entre especies previamente aisladas.

En los peces, la elección equivocada de pareja puede incluso generar nuevas líneas evolutivas.

En los anfibios se han descubierto poblaciones introducidas de origen híbrido que logran imponerse.

En reptiles se han descrito híbridos entre especies venenosas, lo que ha causado preocupación e interés.

En insectos, mariposas como Heliconius muestran cómo la hibridación puede conducir a nuevas especies

En moluscos, casos como el del nácar mediterráneo (Pinna nobilis) demuestran que la hibridación también puede afectar a la dinámica y conservación de las especies marinas.

También existe un tipo de hibridación más complejo, que va un paso más allá: la hibridación con introgresión, donde los híbridos se cruzan nuevamente con una de las especies parentales, de modo que algunos de sus genes se integran de manera estable en ella a lo largo de generaciones. No se trata sólo de cruces específicos, sino de la incorporación progresiva de genes de una especie a otra, que pueden modificar sus características, facilitar la capacidad de colonizar nuevos ambientes o diluir la identidad genética de las poblaciones originales.

En el caso de los invertebrados, el desarrollo de herramientas genéticas y genómicas ha revelado que el intercambio de genes entre especies es más común de lo que se pensaba y que, en determinadas circunstancias, puede incluso conferir ventajas adaptativas a los híbridos. Sin embargo, la hibridación no suele considerarse el principal impulsor de la especiación (el proceso mediante el cual una única especie ancestral se divide en dos o más especies distintas), sino que se considera un mecanismo complementario dentro de un marco evolutivo más amplio.

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Los caracoles españoles desafían la visión clásica de la hibridación

Entre los caracoles, la hibridación y la introgresión entre especies estrechamente relacionadas están bien documentadas, aunque generalmente se consideran procesos secundarios: rara vez dan lugar a nuevas especies y actúan más bien como mecanismos que introducen variación genética dentro de las existentes. La estructura de la población, la ecología y el aislamiento geográfico actúan como los principales impulsores de la evolución.

Sin embargo, este esquema encuentra una excepción más que notable en el género Iberus, endémico del sureste ibérico, donde la hibridación no parece ser un fenómeno puntual, sino que se repite: hasta 38 tipos híbridos putativos se describen en Redescubriendo el género Iberus, un equipo de investigación de más décadas que es fruto de un trabajo científico que de un equipo de investigación. investigadores de Haen. Este patrón sugiere que la hibridación como fuerza evolutiva en los gasterópodos terrestres puede haber sido subestimada.

Uno de los ejemplos más clásicos de hibridación dentro del género lo encontramos en el entorno del desierto del Cristo de la Sierra, en la sierra de Abdalajís (Málaga), donde conviven Iberus cobosi e Iberus marmoratus. El marcado contraste entre ambas especies explica por qué este fenómeno ya ha llamado la atención de los investigadores en el último siglo. Mientras el primero muestra un caparazón anguloso, con la quilla bien definida y estrías muy marcadas, el segundo presenta formas redondeadas y superficies lisas. Entre ambos extremos aparecen híbridos, que parecen algo intermedio: con una quilla suavizada, surcos menos densos y una concha menos aplanada, decorada con un veteado más sutil.

Figura 1. Ejemplares representativos de las especies involucradas en los procesos de hibridación analizados en este artículo. Más serio de lo que parecía

Desde finales del siglo pasado hasta la actualidad se puede observar cómo la introgresión de I. marmoratus avanza de manera constante por la vertiente norte del extremo oriental de la sierra de Abdalaj, cada vez más en la I. cobos.

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Figura 2. Distribución tentativa de taxones del género Iberus en el extremo oriental de la sierra de Abdalaj, con indicación del avance progresivo de I. marmoratus.

Tradicionalmente, este proceso se reconoce por la presencia de ejemplares claramente intermedios. Sin embargo, hallazgos recientes han cambiado significativamente esta opinión. Por un lado, se han identificado individuos con apariencia inequívoca de I. cobos que representan marcadores mitocondriales típicos de I. marmoratus (Figura 3A). Por otro lado, aparecen fenotipos aparentemente puros que incluyen las bandas características de I. marmoratus (Figura 3B). A esto se suma el descubrimiento de ejemplares con el labio rosado, característica común de I. marmoratus, pero nunca antes descrita en I. cobosi (Figura 3C).

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Figura 3. Especímenes con fenotipo I. cobos que muestran evidencia de hibridación con I. marmoratus. A) Un individuo con marcadores mitocondriales típicos de I. marmoratus. B) Ejemplar que representa las bandas características de I. marmoratus. C) Un individuo con el labio rosado, rasgo característico de I. marmoratus. Todos fueron documentados en la primavera de 2026 en la cresta oriental de la Sierra de Abdalajís, cubriendo prácticamente la totalidad de los escasos 0,4 km² tradicionalmente atribuidos a I. cobos.

En conjunto, esta evidencia indica que el morfotipo clásico (un conjunto de características morfológicas distintivas de la caparazón) del híbrido cobosi × marmoratus representa solo una de las múltiples formas que puede tomar la introgresión. Existen otras variantes más crípticas (morfológicamente indistinguibles de las formas puras y sólo pueden identificarse mediante análisis genético), en las que la concha conserva el aspecto típico de I. cobos y sólo varían sutiles detalles de ornamentación. Anteriormente se atribuían a la variabilidad intraespecífica (entre organismos de la misma especie), pero en realidad reflejan una introgresión acumulada a lo largo de generaciones.

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¿Extinción inminente?

Hoy en día, probablemente sea muy difícil encontrar ejemplares genéticamente puros de I. cobos en su distribución clásica. Existe, sin embargo, otra población situada a unos 700 metros del borde hacia el oeste en la sierra de Abdalaj, que merece una investigación detallada en busca de ese genotipo original. Hasta el momento no se han detectado signos de introgresión conmigo. marmoratus, aunque fueron descubiertos en otra especie: I. polymorphicus.

A falta de investigaciones más exhaustivas en otros enclaves de la montaña -especialmente en su vertiente sur- todo indica que la presencia de líneas de endemismo genéticamente puras es, cuanto menos, muy pequeña.

Es un escenario que podría presagiar la posible extinción de I. cobosi y que plantea un dilema de conservación no trivial: ¿debería gestionarse activamente este proceso de “despeciación” o debería asumirse como parte de la dinámica evolutiva natural? Las posibles estrategias incluyen localizar y preservar los últimos núcleos genéticamente puros, criarlos en cautiverio y posiblemente reintroducirlos en áreas de su misma especie.

Pero esa no es la única opción. También sería posible considerar una protección estricta de los refugios de microhábitats, la creación de barreras ecológicas que limiten el contacto entre especies, un seguimiento genético a largo plazo de las poblaciones o incluso una gestión pasiva, aceptando la introgresión como un proceso evolutivo continuo.

Sin embargo, esta decisión, que afecta no sólo a estos caracoles, sino a todas las especies del planeta, va más allá de lo puramente biológico y entra en el terreno de la filosofía y la ética. ¿Preservar la especie tal como la conocemos o aceptar y seguir su transformación en un mundo en constante cambio?


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