Creatividad e innovación en los asentamientos como motor del desarrollo urbano

ANASTACIO ALEGRIA
6 Lectura mínima

Cuando pensamos en innovación, normalmente pensamos en laboratorios y grandes empresas tecnológicas. Pero nuestra investigación sugiere que hay algo más en juego.

Una parte crucial de la innovación ocurre en la calle. Esto es lo que pasa cuando dos personas se encuentran por casualidad y comparten una cerveza. Sucede en la cafetería del barrio, en el metro camino al trabajo o durante una breve conversación en la sala de espera del dentista.

En un artículo publicado en Growth and Change analizamos cómo la creatividad y la capacidad innovadora se difunden entre las personas que viven y trabajan en una misma ciudad y qué efecto tiene esta difusión en la creación de nuevas empresas.

Madrid como laboratorio

Para responder a estas preguntas utilizamos datos de casi tres millones de trabajadores afiliados a la seguridad social en la región metropolitana de Madrid en 2016. Teníamos información sobre dónde trabajaban y dónde vivían, y con esos datos construimos un modelo de contagio social. La lógica es simple: así como un virus se propaga entre personas cercanas, el conocimiento y la creatividad también se transmiten entre quienes comparten espacio y se comunican cara a cara.

El modelo simula cómo los trabajadores creativos y los trabajadores de sectores con alta intensidad de conocimiento infectan a las personas que los rodean, tanto en su lugar de trabajo como en la zona donde viven. Luego analizamos si estos patrones de difusión estaban asociados con una mayor creación de empresas en cada área.

El principal resultado es que la creatividad tiene más peso del que comúnmente se reconoce. Tanto la creatividad como la capacidad innovadora se relacionan positivamente con la creación de empresas, pero cuando se analizan en conjunto, la asociación de la creatividad es más fuerte.

En otras palabras: los trabajadores de las industrias culturales y creativas tienen un impacto en la economía local que va más allá de lo que crean directamente en sus propias empresas. Su presencia transforma el entorno del barrio y crea condiciones favorables para que otros innoven.

Este hallazgo matiza la noción generalizada de que la innovación depende únicamente de ingenieros o científicos. Arquitectos, diseñadores, artistas o desarrolladores de videojuegos también contribuyen a su promoción. Y lo hacen de una manera que no es fácil de medir, pero que nuestro modelo nos permite capturar.

No todas las ciudades hacen lo mismo

Sin embargo, el contagio no se da de manera homogénea en toda la región metropolitana. Aquí el análisis espacial aporta una dimensión nueva y valiosa. La creatividad se difunde de forma más generalizada y menos selectiva. Llega a los distritos céntricos de Madrid, pero también a otros núcleos de la metrópoli como Alcobendas o Alcalá de Henares. Fluye donde hay interacción social, mezcla de usos y densidad de vida urbana.

Las innovaciones tecnológicas, por otro lado, viajan a través de canales más especializados. Se concentra en torno al distrito empresarial de AZCA, en parques empresariales y tecnológicos, como Tres Cantos, o cerca de campus científicos universitarios. Su difusión es más selectiva y depende de la infraestructura específica.

Dato llamativo: el entorno del museo del Prado registra niveles de contagio creativo inferiores a los esperados. La explicación es urbanística: la amplitud del tejido urbano alrededor de grandes museos y parques históricos puede representar una barrera física y reducir la interacción entre las personas.

¿Qué significa esto para la política urbana?

Las ciudades suelen recurrir a los mismos instrumentos para su desarrollo: parques tecnológicos, inversiones en investigación y desarrollo, atracción de empresas de alta tecnología. Aunque estas políticas tienen sentido, nuestros resultados sugieren que no son suficientes.

Las políticas culturales son también políticas de innovación. Invertir en distritos creativos, espacios de uso mixto y vida cultural local tiene un retorno económico concreto y mensurable. Lo que sucede en el vecindario es importante, no sólo lo que sucede en los laboratorios.

Además, la innovación no es sólo una cuestión del centro: el talento creativo también está presente en la periferia. Las políticas que faciliten la conectividad y la interacción en estas áreas podrían desbloquear un potencial sin explotar.

En conclusión

La distinción entre capacidad innovadora y creativa tiene implicaciones para la creación de políticas públicas.

Para aprovechar el potencial de la capacidad innovadora, las políticas públicas deben seguir centrándose en la inversión pública en investigación y desarrollo e infraestructura regional, así como en formar trabajadores con habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) útiles para nuevas empresas.

Al mismo tiempo, deberán asistir a actividades sociales y culturales que puedan desarrollarse en zonas residenciales, fuera de los centros de negocios tradicionales. Estas actividades también contribuyen a la capacidad de innovación y la transferencia de creatividad, aumentando así la actividad económica de las ciudades.

La creatividad no se transfiere automáticamente ni mediante inversión directa. Está muy extendido en el entorno urbano (calles, barrios, personas). Comprender esta lógica es el primer paso hacia el diseño de ciudades que realmente innoven.


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