Contaminantes persistentes en el agua potable, un problema difícil de eliminar y que puede afectar nuestra salud

ANASTACIO ALEGRIA
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Si lees las etiquetas de productos cotidianos como lubricantes, pesticidas y utensilios de cocina antiadherentes, encontrarás un acrónimo común: PFAS. Lo que significa sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS). Es un grupo de compuestos químicos artificiales que repelen el agua, la grasa y la suciedad.

Hay miles de sustancias PFAS diferentes, más de 4.000 identificadas para ser exactos. Todos ellos tienen en común una estructura química muy resistente, formada por átomos de carbono y flúor unidos por enlaces extremadamente fuertes. Esta alta estabilidad significa que estos compuestos no se descomponen fácilmente con el tiempo. Como consecuencia, estas sustancias persisten en el medio ambiente y pueden acumularse en el suelo, el agua e incluso en los seres vivos.

Efectos sobre la salud humana

Actualmente, numerosos estudios científicos han analizado el impacto potencial de las sustancias PFAS en el cuerpo humano. Los resultados muestran que la exposición a estos compuestos puede provocar efectos adversos para la salud como hepatotoxicidad, inmunotoxicidad, mayor riesgo de cáncer, disminución de la fertilidad y enfermedades de la tiroides, entre otros.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ha clasificado el ácido perfluorooctanoico (PFOA) como carcinógeno humano y el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) como posible carcinógeno.

La principal fuente de exposición humana a estas sustancias es el agua potable, en la que algunos PFAS pueden tener una vida media de hasta 92 años.

Por todo ello, la Unión Europea ha fijado el límite para todas las sustancias PFAS en 0,50 μg/L y la suma de 20 sustancias específicas de PFAS en 0,1 μg/L en su directiva sobre la calidad del agua destinada al consumo humano.

En 2024, la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) publicó nuevas regulaciones sobre el agua potable que establecen límites máximos para cinco sustancias PFAS en el agua potable. Específicamente, las concentraciones de PFOA y PFOS se establecen en 4 ng/L, mientras que el ácido perfluorohexanosulfónico (PFHxS), el ácido perfluorononanoico (PFNA) y el ácido dímero de óxido de hexafluoropropileno (GenX) se limitan a 10 ng/L. Además, se espera que esta legislación sea más estricta en el futuro.

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¿Se pueden eliminar estas sustancias del agua?

Existen diversas estrategias para eliminar las sustancias PFAS del agua potable, como el uso de resinas de intercambio iónico o la nanofiltración. Sin embargo, muchos de estos métodos no son lo suficientemente eficientes o son costosos, por lo que es necesario desarrollar nuevas soluciones.

Uno de ellos es la eliminación de PFAS mediante su adsorción -adhesión superficial- en materiales porosos. Este método es de particular interés debido a su alta eficiencia, bajo costo y escalabilidad potencial.

El carbón activado destaca por ser un material poroso, con una gran superficie específica y una alta capacidad de adsorción, lo que lo convierte en un excelente candidato para eliminar contaminantes del agua. Estos adsorbentes convencionales y económicos han demostrado ser muy eficaces para la eliminación de sustancias PFAS de cadena larga (sustancias que contienen más de 6 átomos de carbono), pero son ineficaces contra PFAS de cadena corta (con menos de 6 átomos de carbono).

Por ello, es necesario desarrollar nuevos materiales que permitan eliminar de forma más eficiente y sostenible este tipo de contaminantes del agua que bebemos. Investigadores de la Fundación IMDEA Energía, en colaboración con el Canal de Isabel II, comenzaron a trabajar en un proyecto conjunto para desarrollar un sistema capaz de eliminar de forma rápida y eficaz las sustancias PFAS del agua potable.

Este sistema se basa en el uso de materiales porosos avanzados, diseñados para atrapar estos contaminantes y que pueden integrarse fácilmente en los procesos habituales de depuración del agua. El objetivo final es garantizar que el agua para consumo humano alcance niveles seguros de PFAS.


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