Aroa, de tres años y medio, tiene sobre la mesa un cuento ilustrado, un lápiz y un papel:
¿Sabes leer?
No, no yo
¿Y escribir?
Sí, sí, mira:
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¿Y qué dice ahí?
…? No lo sé, ya te dije que no sé leer.
Esta situación nos invita a ponernos en la piel de los estudiantes y preguntarnos cómo perciben ellos el abordaje del lenguaje escrito.
Adquirimos las habilidades orales de nuestra lengua materna de forma espontánea, a través de la exposición. No necesitamos un aprendizaje formal: basta con tener un modelo a imitar y que nuestros intentos comunicativos se vean reforzados cuando aproximan las palabras de la lengua con significado y función; como, por ejemplo, cuando un bebé dice “ba-ba” y recibe una respuesta emocionada de sus padres.
Por otro lado, el lenguaje escrito requiere un proceso explícito y formal de enseñanza y aprendizaje. Pocas personas asocian espontáneamente significantes (palabras escritas) con significados, aprovechando el entorno alfabetizador en el que vivimos, y aprenden a leer sin aprender. Aunque también hay quienes llegan al colegio con un amplio repertorio de palabras que pueden leer en el desarrollo de su etapa logográfica.
La lectura y la escritura son dos procesos que requieren una intervención educativa guiada por la reflexión profesional, y la evidencia didáctica que la acompaña. Destacamos que se trata de habilidades instrumentales, cruciales para el resto del aprendizaje, y que pueden generar satisfacción en el estudiante, pero también frustración si no se abordan teniendo en cuenta los aspectos básicos del desarrollo evolutivo.
Abordaremos cuatro decisiones fundamentales sobre aprender a leer y escribir y lo que sugiere la evidencia reciente más sólida.
1. ¿Cuándo: preescolar o primaria?
El lenguaje oral ha acompañado a la especie humana en su evolución desde un momento no especificado en los últimos 200.000 años. Las áreas de Broca y Wernicke, y los órganos bucales, no dejan un registro fósil que permita ser más precisos, y los hallazgos del hueso sublingual, necesario para la fonación, no permiten datar con mayor precisión la aparición del lenguaje oral.
La lengua escrita es mucho más reciente, hace unos 5.000 años. Sin embargo, la alfabetización generalizada llegó mucho más tarde: de hecho, todavía es un proceso inacabado en ciertos contextos.
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Parece razonable que se tenga en cuenta esta diferencia en la evolución de la especie humana para justificar el desfase cronológico entre ambas enseñanzas en cada individuo.
Por este motivo, el currículo de la primera infancia, que en nuestro sistema abarca los primeros seis años de vida, divididos en dos ciclos, se centra en las habilidades orales de la competencia comunicativa.
A partir de los seis años se aprende a leer de forma mucho más rápida y eficaz, cuando ya se practican las habilidades orales. Por ello, las aulas de primaria son las que garantizan un aprendizaje gratificante que facilita el desarrollo del hábito de la lectura como fuente de placer.
2. ¿Métodos ascendentes o descendentes?
¿Es necesario conocer el alfabeto, la ortografía y el sonido para comprender el significado de las palabras escritas? A esto lo llamamos “método ascendente”, que parte de conocer las partes más pequeñas (grafemas y fonemas) y, a partir de ahí, lograr la capacidad de comprender lo que significan juntas en una palabra, frase y párrafo.
Los métodos de arriba hacia abajo, en cambio, priorizan la comprensión del significado en lugar de descomponerlo en sílabas y letras, reconociendo palabras, globalmente, conocidas por su forma y longitud y por el contexto en el que aparecen: identifico y distingo fácilmente los nombres de mis compañeros, Sol y Rigoberto, y la marca de mi cereal favorito.
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Si conocer las letras, asociarlas con los sonidos del lenguaje y desarrollar la conciencia fonológica son esenciales, deberíamos considerar cómo abordan la lectura las personas sordas. Aunque no escuchan ni pronuncian los sonidos del idioma que están aprendiendo a leer, desarrollan la habilidad sin mucha dificultad, demostrando leyendo en silencio que convertir significantes en significados no requiere asociación previa de letras con sonidos.
Esto explica el enfoque de la lectura en lenguas cuya ortografía no es transparente, aquellas en las que cada grafema no equivale únicamente a un sonido o fonema, como, por ejemplo, es el caso del inglés.
El debate está abierto, pero la evidencia sugiere que conocer la forma y el sonido de cada grafema no garantiza ni es un requisito para el acceso al lenguaje escrito. Los autores clásicos y actuales entienden la lectura como un proceso cognitivo superior, que no se limita a descifrar letras. Además, hay que dar significado funcional y emocional a lo que se ve, y los métodos de arriba hacia abajo promueven, desde el principio, la comprensión en contextos reales, con textos significativos.
En las primeras etapas del desarrollo cognitivo, tendemos a percibir la información del entorno de manera integral: captamos primero el significado global y luego los detalles.
Solemos leer globales: el significado del color verde o rojo, las señales que vemos en la calle, los emoticonos… y las palabras en su contexto. No es necesario reconocer cada letra para entender el significado. Haz la prueba:
UN C4571LL0 D3 UN D14 D3 V3R4N0 3574B4 3N L4 PL4I4 0853RV4ND0 A D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N 4R3N4 C05N, P705 0CUL705 Y PU3N735.
Y, una vez que se domine la habilidad, nunca más veremos manchas de tinta donde se escriben las palabras, y no podremos evitar la lectura global, independientemente del tipo de fuente utilizada.
3. ¿Aprender simultáneamente a leer y escribir?
La lectura requiere la maduración de los procesos perceptivos, especialmente visuales, pero también táctiles (personas ciegas), cognitivos (atención, memoria) y lingüísticos (significados, funcionalidad, pragmática). La escritura contribuye a los procesos motores mencionados anteriormente, que no necesariamente maduran al mismo tiempo que los relacionados con la lectura.
Si queremos seguir el proceso de desarrollo del niño, no conviene abordarlos al mismo tiempo. El desarrollo neuromotor está de acuerdo con las leyes “céfalo-caudal” y “proximal-distal”, según las cuales lo que está cerca de la cabeza y el eje longitudinal del cuerpo madura antes que lo que está más lejos: vemos y oímos correctamente antes de alcanzar la motricidad fina necesaria para dominar el agarre y el movimiento coordinado de la mano y los dedos, necesitamos coordinar los movimientos de los dedos y del arco de los dedos antes de alcanzar la coordinación de los movimientos de los dedos y el arco.
Es decir, los niños de infantil y del primer ciclo de primaria, de 0 a 7 años, son mucho más capaces de leer que de escribir. Se puede fomentar el acceso a la lectura, pero no podemos exigir el mismo ritmo para una tarea de coordinación neuromotora que todavía tendremos que esperar.
En cualquier caso, del mismo modo que debemos aprender no sólo a leer, sino también a amar la lectura, se debe fomentar la escritura como una tarea gratificante que, además de dibujar, copiar y reproducir mensajes, nos lleve a la tarea creativa de convertir las ideas en palabras escritas.
4. ¿Mayúsculas antes que minúsculas?
En algunas escuelas, optan por enseñar letras mayúsculas primero porque, suponen, son más fáciles de rastrear. Pero la decisión no se basa en evidencia: las leyes de madurez antes mencionadas predicen que los movimientos amplios del hombro se coordinan antes que los movimientos de la muñeca, la mano y los dedos, lo que permite que los trazos amplios se parezcan más a bucles en minúsculas que los trazos más rectos y cerrados en mayúsculas.

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Por otro lado, la mayoría de las publicaciones infantiles están escritas en letras minúsculas, lo que implica que el niño percibe y reconoce primero las letras minúsculas. Por lo tanto, tiene más sentido para ellos practicar aquello a lo que están más expuestos, lo que primero asocian con la lectura real y lo que pueden experimentar de forma más natural y fluida.

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En resumen, sigamos buscando evidencia para guiar la práctica docente mientras retrasamos el aprendizaje formal de la lengua escrita hasta el año 6, aprovechemos los métodos globales, tomemos nuestro tiempo para corregir la escritura y practiquemos con modelos de corrección ortográfica, desde el principio.
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