Un persistente “hongo de la ingeniería” que ha superado el intelecto humano

ANASTACIO ALEGRIA
6 Lectura mínima

En el húmedo subsuelo del bosque y en la materia en descomposición, hay un organismo que, aunque no tiene cerebro ni sistema nervioso, actúa de forma lógica y meticulosa.

Se llama Phisarum Policephalum y es un tipo de hongo capaz de resolver laberintos, diseñar y seguir rutas óptimas. Sus logros a veces van más allá del trabajo de ingenieros, urbanistas y desarrolladores de software.

¿Cómo es posible que algo tan aparentemente simple tenga una capacidad tan compleja? ¿Cómo puede este “hongo de la ingeniería” inspirar nuevas formas de informática o diseño urbano?

Un cerebro sin cerebro

Phisarum Policephalum se incluye actualmente en el Reino Protista, donde se clasifican los mohos mucilaginosos o Mycomiicetes.

Vive en ambientes húmedos y sombreados, alimentándose de bacterias y descomponiendo materia orgánica. Su aspecto amarillento y textura viscosa la hacen poco atractiva a simple vista, pero su comportamiento es sorprendente.

Ver Phisarum Policephalum Wikipedia

No es de extrañar que se le conozca comúnmente como la mancha, en alusión a la película de terror de los años 50, The Blob.

La biología del Phisarum ha atraído la atención de neurocientíficos, ingenieros y filósofos porque desafía la idea de que la inteligencia requiere neuronas.

A pesar de carecer de sistema nervioso, es capaz de recordar rutas, evitar obstáculos previamente atravesados ​​y adaptar sus movimientos a las condiciones del entorno.

Esto es posible gracias al sistema de movimiento interno. Su protoplasma, el material interno de la célula, puede oscilar hacia adelante y hacia atrás durante unos dos minutos, creando patrones coordinados de movimiento.

Cómo resolver laberintos

En el año 2000, investigadores japoneses realizaron experimentos en los que colocaron a Phisarum en un laberinto con comida al principio y al final. En apenas unas horas, la organización encontró un recorrido que solucionaba con la mínima distancia posible.

Otro experimento realizado en la Universidad de Toulouse puso al hongo en contacto con sustancias amargas como la cafeína y la quinina. Los investigadores observaron que, después de unos días, el hongo evitaba e ignoraba estas sustancias que encontraba y sabía que eran comunes.

El experimento de Tokio

Con todas estas funciones “inteligentes” y complejas derivadas del Phisarum, no es de extrañar que su sorprendente comportamiento haya sido estudiado para intentar mejorar la sociedad humana.

En 2010, otros investigadores japoneses llevaron a cabo un experimento tan simple como brillante. Prepararon un gel con la forma de un mapa de la región de Tokio y colocaron avena (como alimento) en puestos correspondientes a las principales estaciones de metro. Luego introdujeron Phisarum Policephalum en el centro del mapa y dejaron que hiciera su trabajo.

En cuestión de horas, el hongo comenzó a propagarse, conectando los sitios de alimentación con redes de tubos. Lo sorprendente fue que, al cabo de unos días, la red creada por el hongo coincidía en gran medida con la red real del metro de Tokio.

Pero había una diferencia: era más eficiente. La agencia eliminó algunas conexiones redundantes y estableció rutas más cortas o más económicas.

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Phisaram Poli Policelet Policelellum.

El estudio demostró que Phisarum utiliza principios similares a los del diseño humano: mínimo coste, máxima cobertura y adaptación al entorno. Todo ello sin cálculos, sin planos y sin ordenador. La naturaleza ha puesto en práctica la optimización urbana.

Biocomputación y robótica blanda

También se realizaron experimentos simulando carreteras estadounidenses y británicas. En España se realizaron simulaciones similares con la red de carreteras de Madrid.

Después de todos estos estudios de casos, Phisarum se convirtió en un organismo modelo para la investigación en otros campos.

En biocomputación estudiamos cómo este molde puede resolver problemas complejos como encontrar caminos mínimos entre nodos o adaptarse dinámicamente a cambios en el entorno. Todo ello sin necesidad de procesadores ni software: su cuerpo es un sistema de cálculos.

Así, se está explorando su uso en robótica blanda y sistemas biocibernéticos, donde la lógica del movimiento pulsante y adaptativo puede aplicarse al diseño de robots autorreguladores o reparadores, e incluso prótesis, polímeros y recubrimientos bioeléctricos.

Los hongos diseñados están comenzando a ocupar un lugar central en nuestra sociedad actual, permitiendo a los humanos adquirir estructuras más eficientes y comprender procesos que de otro modo nos llevarían años desarrollar por nuestra cuenta.

Preguntas filosóficas

Filosóficamente, Phisarum ayuda a redefinir lo que entendemos por inteligencia y decisión: no como procesos conscientes, sino como respuestas emergentes a la información ambiental.

The Blob es la prueba viviente de que la inteligencia no siempre necesita neuronas, circuitos o algoritmos artificiales. Su cuerpo blando, sin órganos ni estructura aparente, demostró ser capaz de resolver problemas complejos que solucionamos con planos, cálculos y simulaciones.

En un momento en que la humanidad busca inspiración para diseñar sistemas más sostenibles, adaptables y eficientes, tal vez no necesitemos mirar a Marte o Silicon Valley. Es muy posible que la solución se esconda bajo nuestros pies, nos movemos con calma, pero de forma clara y objetiva.


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