Un entorno sin audición es una barrera para las personas con pérdida auditiva

ANASTACIO ALEGRIA
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En el año 2025, la audición ha tenido un papel protagonista en la cultura con películas como (El sordo) y el documental (El Canto de las Manos), que han visibilizado la continua vulneración de los derechos de la comunidad sorda e hipoacúsica por parte del entorno mayoritario oyente. En ambos casos, los protagonistas utilizan las lenguas de signos como código comunicativo, despertando del sueño el antiguo debate entre lengua oral y de signos que esconde numerosos prejuicios.

Las personas con pérdida auditiva son un grupo muy heterogéneo dependiendo del grado y localización de su pérdida, el momento de su aparición, las ayudas técnicas personales, el entorno familiar y la educación que hayan recibido, entre otros. Bajo términos como “sordera”, “hipoacusia” o “déficit auditivo” existe una realidad múltiple, por lo que la identificación de personas con esta misma condición entre sí resulta muchas veces compleja.

Sin embargo, en un estudio sobre barreras comunicativas realizado por la Diplomatura en Logopedia de la Universidad Pontificia de Salamanca, en colaboración con la Asociación Salamanca de Discapacitados Auditivos Postlinguales (SADAP) y la Asociación Salamanca de Padres de Niños Sordos (ASPAS), las personas entrevistadas en la comunicación principal coincidieron mayoritariamente en que algunos de los entrevistados coincidían en que algunos de los entrevistados eran salmantinos.

En un mundo donde los avances en investigación y tecnología se dirigen a mejorar las ayudas técnicas personales (audífonos e implantes) o erradicar la sordera (terapia génica), es decir, donde el foco de los problemas y soluciones sigue estando puesto en personas con capacidades diferentes, ¿qué podemos hacer los interlocutores oyentes para mejorar la comunicación efectiva?

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Oralismo y audismo

Para comprender las múltiples situaciones que viven las personas con pérdida auditiva en entornos educativos, profesionales, sanitarios, culturales o de ocio, es necesario familiarizarse con el oralismo y el audismo prevalentes. Se refieren a privilegiar la palabra y el oído sobre cualquier otro sistema de comunicación.

La mayoría de nosotros no sentimos el impacto de estos problemas precisamente porque no amenazan nuestra identidad.

Lejos de querer hacer algún tipo de explicación sana, explicar la experiencia de la discapacidad como si la tuviera, aquí recojo algunos de los ejemplos dados por las personas entrevistadas: cuando en cualquier sala de espera médica te llaman por tu nombre en voz alta asumiendo que los escucharás, cuando los simulacros de incendio en tu entorno laboral solo cuentan con alarmas audibles o cuando eres asistido por funciones de tu solicitud o máquinas de habla que no reconocen las funciones de tu solicitud o teléfono.

La sordera es una discapacidad invisible, incluso para las familias. Muchos interlocutores nos hablaron del síndrome de la mesa del comedor, el espacio social por excelencia que se convierte en un lugar de intercambio comunicativo espontáneo en el que las personas con discapacidad auditiva difícilmente pueden participar. Esto se debe a giros superpuestos o movimientos continuos de la cabeza que impiden la lectura de los labios, entre otros obstáculos.

Por otro lado, muchas personas con pérdida auditiva poslocutiva, aquellas que aparecen tras la adquisición del habla (por diversos motivos como exposición a sonidos muy intensos o repentinos, envejecimiento…), señalaron que sus familiares no se afligían con su imagen de persona oyente y seguían llamándoles desde otras habitaciones a gritos o hablándoles de espaldas.

Desde el modelo biopsicosocial de discapacidad, una persona puede tener cualquier tipo de déficit, pero sólo cuando no es funcional en determinados entornos, por la existencia de barreras en los mismos, hablamos de discapacidad. Una persona sorda que hace señas no quedará discapacitada en un entorno de señas; Una persona con pérdida poslingual no se sentirá discapacitada si hay accesibilidad y las personas de su entorno hacen los ajustes necesarios. La comunicación es bidireccional e interactiva. Nosotros, los oyentes, no debemos asumir la responsabilidad y no debemos ser una barrera más.

Comunicación efectiva

¿Eficaz? Que logre su objetivo. ¿O eficiente? Para no sólo conseguirlo, sino también optimizar recursos y tiempo. Nuevamente, esto dependerá de la persona que envía o recibe la comunicación. El Centro Nacional para Sordos de Estados Unidos utiliza comunicación efectiva y comunicación efectiva de manera intercambiable. La comunicación eficaz con personas sordas o con problemas de audición significa que pueden participar en la conversación en igualdad de condiciones que las personas oyentes.

Los recursos y estrategias que se recomiendan tienen que ver con preguntar a las personas sobre sus necesidades específicas en materia de comunicación, porque, efectivamente, cada persona tiene recursos, pero también con la historia previa de éxitos y fracasos comunicativos que sólo ella conoce.

Otra sugerencia es evitar cambios bruscos en la conversación, debido al esfuerzo continuo de las personas sordas y con problemas de audición por anticipar o reemplazar partes de la conversación. Con todo esto, lo que se desea es una participación significativa que resulte en establecer interacciones positivas, de manera que fortalezca su identidad y genere un mayor bienestar general.

La Asociación de Personas con Discapacidad Auditiva Postlocutiva (SADAP) distribuye desde marzo de 2025 un folleto de comunicación eficaz con recomendaciones para interlocutores oyentes. Son fruto de las citadas entrevistas y sugieren estrategias corporales y verbales relativamente sencillas, cuidando aspectos como la iluminación, el ruido, la importancia del silencio o la imprevisibilidad de las respuestas.

Es importante recordar que todas las personas pueden perder la audición por diferentes motivos, pero uno inevitable es la vejez. Cuanto antes comencemos a crear conciencia y a generar recursos, mejor, porque los vamos a necesitar.

Ayer, 3 de marzo, se conmemoró el Día Mundial de la Audición. Con el lema “De la comunidad al aula: cuidados auditivos para todos los niños”, su objetivo es prevenir la pérdida de audición, a la que, según estimaciones de la OMS, se enfrentarán alrededor de 2.500 millones de personas en 2050.

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No en vano, la Confederación Española de Familias Sordas (FIAPAS) lanzó una campaña dirigida específicamente a la población más joven: la generación marcada por el ruido.


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