¿Tienes dificultades para hablar otro idioma? He aquí por qué los hablantes nativos parecen tan groseros

ANASTACIO ALEGRIA
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La mala educación, ya sea real o percibida, puede tener un efecto profundo en la colaboración, la confianza y la cultura del lugar de trabajo. Pero los juicios sobre lo que consideramos grosero no se limitan a palabras o frases irrespetuosas específicas: están moldeados por el procesamiento emocional del oyente, la atención a señales no verbales y las actitudes morales subyacentes.

En entornos multilingües esta complejidad se agrava, ya que los malentendidos no surgen únicamente de lagunas en el vocabulario o errores gramaticales. De hecho, a menudo tienen más que ver con nosotros mismos (nuestros propios juicios emocionales y morales sobre lo que otros dicen y hacen) que con las palabras que se pronuncian.

Si se comunica con frecuencia en su segundo idioma, lo encontrará con regularidad. Alguien podría hablarte con calma, claridad y sin una pizca de malicia, pero aun así dejarte con el pensamiento incómodo: “no dijeron nada malo… pero fue de mala educación”.

Nuestra investigación arroja luz sobre este fenómeno al observar la intersección de la pragmática (cómo se usa el lenguaje en contexto), la investigación de las emociones, el bilingüismo y la psicología moral.

Nuestro estudio reciente, publicado en Lingua, examinó cómo las personas que usan su primer y segundo idioma califican la mala educación en las interacciones en el lugar de trabajo. Nuestros hallazgos revelan que los juicios de mala educación no son exclusivamente lingüísticos, ni siquiera exclusivamente culturales; están profundamente conectados con las emociones y las intuiciones morales.

Evaluación de la indecencia en el lugar de trabajo

Reclutamos a 55 hablantes de inglés como primera lengua (L1) y a 45 hablantes de español cuya segunda lengua (L2) es el inglés. Los participantes vieron una serie de videoclips que mostraban interacciones en el lugar de trabajo que involucraban solicitudes, interrupciones, desacuerdos y directivas. Después de ver cada clip, se les pidió:

Califica qué tan grosera te pareció la interacción

Informar las emociones que experimentaron.

Complete el cuestionario midiendo sus valores morales.

El uso de videoclips en lugar de diálogos escritos permitió a los participantes responder al tono de voz, la expresión facial y los gestos; es decir, las mismas señales en las que confiamos en los lugares de trabajo reales. Esto es crucial, ya que investigaciones anteriores muestran que los usuarios de L2 dependen más de información visual, como el lenguaje corporal, cuando procesan interacciones en idiomas extranjeros.

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Percepciones de incivilidad

Nuestro estudio reveló dos patrones principales.

En primer lugar, los hablantes de una segunda lengua son más sensibles a la mala educación. Los hispanohablantes que usan el inglés como L2 tienden a calificar las mismas interacciones como más groseras que los hablantes de inglés L1. Es importante destacar que esto no significa que hayan entendido mal el idioma.

Una explicación es que los usuarios de una L2 pueden sobrestimar lo ofensivo, un patrón previamente observado con el lenguaje tabú o con carga emocional en contextos de L2. Algunas grabaciones también incluían malas palabras o intercambios tensos, lo que representa una posible “señal de alerta” para los espectadores de L2 en situaciones que los hablantes de L1 podrían haber interpretado con más matices.

Otra explicación radica en la atención: dado que el procesamiento del habla en L2 implica un mayor esfuerzo cognitivo, es posible que los participantes hayan dependido más de las expresiones faciales y los gestos. Leer estas señales como signos de tensión o conflicto puede haber llevado a índices más altos de incivilidad.

También es posible que los hablantes de L2 sean más sensibles a señales que interpretan como descorteses y más cautelosos ante una posible falta de respeto, tal vez debido a la incertidumbre sobre las normas culturales o pragmáticas.

Otro hallazgo fue que las respuestas emocionales fueron sorprendentemente similares entre los grupos. A pesar de las diferencias en la mala educación percibida, ambos grupos informaron reacciones emocionales similares al comportamiento que percibieron como grosero.

Esto es importante porque cuestiona la idea de que las personas se sienten menos emocionales cuando usan una L2. De hecho, las emociones eran tan fuertes en L2 como en L1. Muchas de estas emociones reflejaban moralidad e incluían empatía, enojo por el comportamiento dañino y preocupación por la justicia y el respeto.

Las acciones que violan los fundamentos morales del daño y el cuidado (por ejemplo, situaciones en las que alguien fue tratado con falta de respeto o se descuidó su bienestar) provocaron respuestas emocionales particularmente fuertes. La ira surgió como una de las emociones dominantes, especialmente en los clips donde los participantes percibían acoso, sexismo u opresión.

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Gestión de lugares de trabajo multilingües.

Nuestros hallazgos tienen una serie de implicaciones científicas y prácticas.

Primero, revelaron el grado de marco moral compartido entre diferentes culturas. Las respuestas emocionales a la crueldad parecen tener sus raíces en valores morales similares en todos los grupos lingüísticos. Esto proporciona un terreno común al que los empleadores y los formadores interculturales pueden recurrir para fomentar una mejor comunicación.

Nuestro estudio también destaca la necesidad de mirar más allá del conocimiento lingüístico en el aprendizaje y la enseñanza. Comprender la mala educación no se trata sólo de conocer el vocabulario, sino de leer las señales sociales y emocionales en contexto.

Por tanto, los profesores deberían formar a las personas para que se comuniquen correctamente. Los estudiantes de L2 pueden beneficiarse de una discusión explícita sobre cómo los gestos, el lenguaje tabú y el tono emocional pueden malinterpretarse cuando la atención se centra solo en una parte de la interacción.

Este tipo de formación también debe adaptarse a diferentes contextos. Las culturas orientales, por ejemplo, tienden a ser de “alto contexto”, lo que significa que los hablantes pueden preferir el lenguaje indirecto con un alto grado de cautela, o lo que los lingüistas llaman “vigilancia”. Pero las personas de culturas de “bajo contexto”, como Rusia, pueden encontrar el lenguaje explícito y directo más sincero y, por tanto, más educado.

Una mayor conciencia de las reglas culturales y del lenguaje personal que siguen nuestros colegas puede permitirnos evitar insultos mal interpretados. Sería imposible aprender las reglas lingüísticas de cada sociedad individual, pero podemos derribar barreras si somos más conscientes de estas diferencias, tanto cuando hablamos como cuando nos hablan en L2.

La moral es importante

Es tentador pensar que los juicios sobre la cortesía son puramente culturales o lingüísticos. Pero nuestro estudio muestra que las emociones morales (sentimientos instintivos que nos dicen que algo está bien o mal) son fundamentales para cómo las personas perciben el comportamiento grosero, incluso cuando hablan en L2.

En particular, los participantes de nuestro estudio hicieron comentarios morales frecuentes y espontáneos sobre lo que vieron, describiendo el comportamiento como misógino, intimidante o injusto. Esto muestra que nuestros juicios sobre la crueldad a menudo giran en torno a cuestiones más profundas de orden moral, incluso cuando solo somos observadores de una interacción.

A medida que los lugares de trabajo se globalizan cada vez más, será vital comprender no sólo el lenguaje sino también los lentes emocionales y morales que las personas aportan a la comunicación. Los malentendidos no son sólo malas pronunciaciones: pueden surgir de la forma en que leemos los gestos, procesamos las emociones y aplicamos nuestro juicio moral a lo que vemos.


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