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La historiadora de arte Estrella de Diego dijo en una entrevista que los años 80 en Nueva York fueron “una época de diversión en la ciudad”. Y esa diversión, esa emoción, esa sobreabundancia de estímulos de la que presumimos en la Gran Manzana, también emanan de Vision of New York de Carmen Martín Gaita. Es fascinante abrir cualquier página de ese álbum que la autora hizo a partir de su estancia en Norteamérica y sentir en su interior exactamente lo que quería transmitir.
Hay cientos de Carminas, porque la Carmen de Martín Gaite nunca para. Hay un ensayista, uno que analizó el amor, las historias y el impacto que tuvieron en nosotros. Está la reflexiva, la que escribía de memoria y contaba individualmente o en coro todo lo que observaba desde su habitación. Está el expansivo, el que necesitaba imágenes además de palabras para iluminar cómo se sentía el mundo que la rodeaba. Y ahí, finalmente, está quien desarrolló una manera de ver la realidad a través de los ojos de una mujer.
Muchas creadoras actuales, desde Siri Hustvedt hasta Meryl Streep, dicen que las mujeres siempre han estado ahí para recibir obras hechas por hombres, pero no han mostrado la misma amabilidad con nosotras, colocándonos en una sección paralela “para niñas”.
Martine Gaité fue una autora avalada por la crítica (desde el Premio Café Gijón, el Príncipe de Asturias a Nadal), el público y las generaciones que la siguieron y vieron inspiración en su curiosidad insaciable, su pensamiento constante y su experimentación narrativa. Pero, viendo quién habla, estudia y escribe principalmente sobre su centenario, sólo desearía que tal fenómeno literario supere cada vez más géneros y barreras y que todo el mundo lo lea.
El mal no puede ser banal
La pura maldad me abruma. El caso es que tengo que luchar cada mañana cuando abro el periódico, porque hay personas (no muchas, pero sí muy ruidosas) que encarnan el mal en su esencia y que, desgraciadamente, ocupan puestos de responsabilidad.
Sin embargo, la mayoría de las personas no tienen este instinto destructivo. El problema suele ser otro: complacencia, cobardía, circunstancias, mediocridad de pensamiento…
Hannah Arendt, en su obra Einhmann en Jerusalén, analizó las acciones de un hombre, un oficial nazi, que no era malvado como tal, sino que hacía cosas terribles, y de ahí acuñó el concepto de la “banalidad del mal”. Han pasado 50 años desde la muerte de Arendt, y lo mejor que podemos hacer para recordarla es considerar en qué situaciones contemporáneas aún se aplica esa banalidad.
¿Reetiquetar o no reetiquetar?
El futuro del Valle de Cuelgamuros (antes conocido como Valle de los Caídos) en la Comunidad de Madrid es un tema que se viene gestando desde hace años. Porque… ¿qué hacer con un mausoleo creado para mayor gloria de un dictador en el que trabajaron miles de prisioneros oprimidos tras la Guerra Civil Española? ¿Qué significado le damos a semejante mamut? Y, en consecuencia, ¿cómo sugerimos qué hacer con los restos monumentales de lugares que nos recuerdan tiempos dolorosos?
Daniel Palacios González no da respuestas exactas, pero a través de estudios e investigaciones plantea interrogantes que no podemos olvidar a la hora de valorar el “reetiquetado” de determinados sitios que no siempre pueden, por su significado original, establecer el diálogo con el presente que quisiéramos mantener.
mirando hacia atrás
Hemos estado mirando mucho al pasado en las últimas semanas y siempre ayuda entender el presente. Comenzamos, en un mes centrado en el tema de la dictadura, recordando la relación de amor-odio que Francisco Franco tenía con las ciudades españolas: no las soportaba porque muchas de ellas se declaraban republicanas y resistentes al conquistador, pero cuando lo conquistaron las necesitó para estabilizar su régimen.
Una de esas ciudades oprimidas y luego explotadas fue Barcelona, ciudad que, en este caso, mantuvo un eterno romance con el Mediterráneo. Serrat puso poesía a aquella pareja, pero consideremos los datos históricos que definieron la identidad marítima de Barcelona.
Y si algo nunca termina es la Escuela de Salamanca, que cumple 500 años en 2026 y ha dejado un legado imposible de abarcar. Tampoco termina el legado de Francisco Suárez, uno de sus grandes sucesores. Como explica Ángel Poncela-González en su texto, Suárez “defendió que el derecho no nace de la fuerza, sino de la razón; que la soberanía es del pueblo y que la libertad humana es el fundamento de la justicia”. Estamos hablando del siglo XVI, pero también estamos hablando del año 2025.
Después de este mix de artículos sobre la importancia de conocer la historia, vale la pena detenerse en este último texto sobre la Antártida, un continente que apreciamos y cuya memoria, quizás sin querer, podemos estar robando.
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