¿Su bebé depende demasiado de las pantallas? Señales de alerta antes de los seis años

ANASTACIO ALEGRIA
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No es raro ver a un bebé o un niño pequeño en el metro o en el autobús mirando fijamente la pantalla de un teléfono celular o una tableta: los videos infantiles, con sus colores brillantes, canciones pegadizas y patrones repetitivos, son una fuente común de distracción. Ante esta realidad, surge una pregunta que preocupa a familias, docentes y profesionales de la salud: ¿Puede el uso de pantallas en la primera infancia ser adictivo o incluso adictivo?

Durante los primeros años de vida, el cerebro del bebé pasa por una fase de extraordinaria plasticidad: a partir de cada experiencia se forman millones de conexiones neuronales (sinapsis), lo que nos lleva a la primera idea clave: el cerebro del bebé absorbe constantemente información del entorno, organiza patrones y construye las bases del desarrollo emocional, cognitivo y social. Cada experiencia es, en este sentido, una experiencia de “aprendizaje”.

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Los contenidos audiovisuales, incluso aquellos diseñados específicamente para bebés o niños pequeños, no proporcionan estímulos neutros o no vinculantes, sino experiencias rápidas, intensas y muy gratificantes, con colores brillantes, sonidos llamativos, cambios constantes y recompensas inmediatas, diseñadas deliberadamente para atraer y mantener la atención durante el mayor tiempo posible.

Estos estímulos activan circuitos cerebrales relacionados con el placer y la gratificación rápida, aumentando la búsqueda de este tipo de experiencias, incluso en los niños pequeños.

Adicción no, adicción sí.

¿Podemos entonces hablar de “adicción” en niños de 0 a 3 años, o de 3 a 6 años? Desde un punto de vista clínico, el término debe utilizarse con precaución. La adicción implica pérdida de control, prioridad absoluta del comportamiento sobre otras actividades y persistencia a pesar de las consecuencias negativas.

En los bebés y los niños pequeños, la autorregulación depende casi por completo de los adultos. Los menores no son quienes deciden cuánto tiempo pasan frente a la pantalla, por lo que no corresponde hablar de adicción en sentido estricto.

Lo que se puede observar son patrones de uso problemático o adicciones comportamentales: irritabilidad intensa al retirar el dispositivo móvil, demanda constante de la pantalla, dificultad para entretenerse sin ella o pérdida de interés en otras actividades.

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Estos signos no indican un trastorno, pero invitan a reconsiderar los hábitos familiares: las recomendaciones pediátricas coinciden en evitar el uso de pantallas antes de los dos años y limitarlas a periodos muy cortos y siempre supervisados ​​a partir de esa edad. No se trata sólo de cuánto tiempo, sino de cómo y para qué se utilizan.

Consecuencias del mal uso

Cuando nos excedemos o recurrimos demasiado rápido a este recurso de “distracción”, podemos estar limitando el desarrollo de la atención sostenida, además de alterar los patrones de sueño (especialmente cuando hay exposición antes de dormir), reduciendo la tolerancia a la frustración.

Por si esto fuera poco, todo el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla es tiempo que no dedica al juego activo y social. El contacto humano directo es esencial a una edad temprana, ya que el lenguaje, la empatía y la regulación emocional se construyen en gran medida a través de interacciones con adultos importantes.

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Limitaciones y soporte

En lugar de una prohibición absoluta, debemos “mediar” como adultos responsables, establecer límites claros y monitorear activamente la experiencia.

Si un menor está usando el dispositivo, lo ideal es que esté presente un adulto, comentando lo que aparece en pantalla y relacionando el contenido con la vida real. De esta manera, la pantalla se convierte en una actividad compartida y no en una experiencia aislada.

Todo ello siempre debe combinarse con alternativas atractivas: juego libre, lectura de cuentos, música, movimiento y exploración del entorno. Además, los adultos debemos predicar con el ejemplo, porque los niños aprenden mirando. Revisar los propios hábitos de uso del teléfono móvil, especialmente delante de los niños, es una de las formas de prevención más eficaces.

Evite la adicción temprana

Aunque es posible que los niños de 0 a 6 años no sufran “adicción” a las pantallas en el sentido clínico, es posible que se desarrollen dinámicas adictivas cuando la pantalla ocupa un lugar central en sus vidas.

La buena noticia es que, con información, coherencia y apoyo, la tecnología puede ocupar un lugar equilibrado sin sustituir lo que ningún dispositivo puede ofrecer: conexión, juego y presencia de adultos.


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