‘Streaming’, ‘selfie’ o ‘look’: ¿es correcto utilizar palabras extranjeras?

ANASTACIO ALEGRIA
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Las palabras extranjeras están por todas partes en la conversación popular. ¿Pero está bien usarlos? ¿Es genial o espeluznante?

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Para determinar si son correctas o no, en primer lugar es necesario precisar qué entendemos por extranjerismo.

En rigor, y referido al español, se entiende por extranjerismo cualquier sonido que no provenga de la evolución directa del latín, origen de la lengua actual.

Desde este punto de vista, palabras como guerra y casco (germanismos), almohada y aguja (arabismos), crema y servilleta (galicismos), acuarela y ópera (italianismos) o líder y túnel (anglicismos) son extranjerismos.

Todos estos términos se perciben hoy como propios del español. Y es lógico, porque la incorporación de sonidos de otras lenguas no es un fenómeno característico de los últimos tiempos: desde el origen de nuestra lengua se han ido integrando en ella palabras de muy distintos orígenes.

Sin embargo, el aporte de unas u otras lenguas varía a lo largo de los siglos. La llegada de los arabismos fue más común en la Edad Media (naranja, azúcar); Italianismos, en el Renacimiento (novela, soneto) y galicismos, especialmente en los siglos XVIII y XIX (botella, blusa). Actualmente, los anglicismos (boleto, vip) están ganando mayor importancia.

con el tiempo

Dado que no se trata de un fenómeno reciente, ¿cuál es la posición académica sobre el uso de palabras de origen extranjero?

Pues bien, ha habido una evolución en este sentido a lo largo del tiempo. Para saber cuál fue este cambio, son muy instructivos los prólogos de las distintas ediciones del Diccionario, como el de 1843, que incluye lo siguiente:

“Este es el objeto primordial del Diccionario, dar a conocer las palabras propias y adoptadas de la lengua española, aprobadas por el uso de buenos escritores; pero muchos no lo entienden de esta manera; y cuando no encuentran en el Diccionario una voz desconocida para ellos, en lugar de concluir que no es legítima y de buen derecho, lo que concluyen es que el Diccionario no encontró algunas pequeñas palabras. comité (por comisión) u otro (por cooperación), y muchas otras partes que atacan a la mayoría de los escritos que circulan diariamente.”

En este texto se puede ver claramente la aversión hacia este tipo de voces. En los prólogos de los Hand Dictionaries de la Royal Academy, que pretenden ser diccionarios de uso, se observa la misma idea de rechazo hacia la voz de origen extranjero que se puede leer en el prólogo del Hand Dictionary de 1927:

“También incluye (el Diccionario) palabras incorrectas y extranjerismos de uso más común (…), poniendo en su lugar la expresión española adecuada que debe sustituirlas.

Si bien es cierto que se aceptaron voces cuyo uso ya estaba generalizado, a veces hubo demasiada reticencia a adoptar estos términos. Esto es lo que ocurrió con la palabra sándwich, documentada desde 1881 en lengua española, aunque su inclusión en el Diccionario se produjo en la edición de 1992, ciento once años después.

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Ahora mismo

Esta posición de la oposición ha cambiado recientemente. Por ello, el vigente Diccionario Panhispánico de Dudas aclara que:

“Todas las lenguas se han enriquecido a lo largo de su historia con aportaciones léxicas de diferentes lenguas. Por tanto, las palabras extranjeras no pueden rechazarse por sí solas. Es importante, sin embargo, que su incorporación responda en la medida de lo posible a las nuevas necesidades expresivas y, sobre todo, que se haga de forma ordenada y singular, adaptándolas al máximo a las características gráficas y morfológicas del español.”

Al leer se nota una apertura hacia el uso de voces de origen extranjero. Pero con matices: si hay una palabra española que indica realidad, es mejor usar esa (contraseña en lugar de contraseña; correo por correo; silencio apagando el sonido). Si no existe o no está muy difundida, se acepta una voz extranjera (emoji, software), pero intentando adaptarla al idioma (podcast, selfie, tweet).

Por tanto, podemos concluir que las palabras extranjeras empobrecen la lengua cuando la lengua receptora tiene voz para denotar esa misma realidad. Por el contrario, lo enriquecen cuando no existe un término para denominar una nueva entidad.

En cualquier caso, con el tiempo, pueden incluso sustituir la voz de la herencia: la palabra “calzón” es sustituida por la palabra gallega para pantalón, o “millo”, sustituida a su vez por el término taino para maíz. En el caso del fútbol, ​​donde la terminología proviene del inglés, dependiendo del lugar hablaremos de árbitro o árbitro, penaltis o castigos…

En conclusión, no somos más elegantes cuando utilizamos palabras extranjeras. Pero debemos recordar que la sociedad evoluciona y el lenguaje evoluciona con ella, por lo que vendrán nuevas voces de diferentes lugares: algunas se consolidarán; otros desaparecerán con el tiempo.


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