Markos tiene 16 años y está estudiando FP básica. No pudo terminar su escuela secundaria: se perdió en sus clases de secundaria y sintió que no era lo suficientemente bueno para estudiar. Hoy ya no piensa igual. “Aquí se explican las cosas más claramente, hacemos ejercicios y siento que lo que aprendo es útil. Los profesores me escuchan y me ayudan cuando me quedo estancado. Veo que puedo salir adelante”. En mi investigación, hablé con Marcos (nombre ficticio) y decenas de sus colegas para comprender cómo garantizar que esta opción de formación ofrezca la forma correcta de reincorporarse a la formación académica.
En España, cuando un estudiante no puede completar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), tiene una última oportunidad: matricularse en la Formación Profesional Básica. Es una etapa destinada a jóvenes que necesitan un camino más práctico y personalizado. Suele impartirse entre los 15 y los 17 años y combina lecciones teóricas sencillas con mucha práctica. Al finalizar, el estudiante adquiere una titulación profesional básica (oficial y válida en todo el país) así como un título de bachillerato obligatorio (superando determinadas materias).
Más de 70.000 estudiantes en España eligen esta vía, y la tendencia de matrícula es ligeramente creciente, dentro del incremento general de toda la formación profesional.
Última oportunidad
Pero vista como la “última oportunidad” o la única opción para aquellos adolescentes que no pudieron completar la ESO, la educación vocacional básica está marcada por estigmas y percepciones erróneas. Recientemente hablé con 352 jóvenes asistentes al mismo en diferentes centros de la provincia de Córdoba, Andalucía, para conocer mejor sus motivaciones y cómo viven su carrera educativa.
La formación profesional básica es una de las fases más desconocidas -y estigmatizadas- del sistema educativo. Se asocia al fracaso escolar, la desmotivación o la falta de expectativas, a pesar de que su objetivo es precisamente evitar la exclusión y abrir caminos educativos y profesionales.
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¿Por qué ‘acaban’ en FP?
La repetición es una experiencia común entre quienes completan una educación vocacional básica: la mitad de los estudiantes con los que hablé repitieron en la escuela primaria y más del 90% en la secundaria, muchos de ellos más de una vez. Pero lo relevante no es sólo cuántas veces se repiten, sino cómo ellos mismos explican esas repeticiones.
Y la lira también: repetir curso no es bueno para nadie
El análisis estadístico de este estudio identifica dos patrones principales:
Falta de integración y falta de mejora: algunos estudiantes reportan rechazo, discriminación o sensación de no pertenencia al grupo.
Exteriorización del fracaso: Otros atribuyen sus dificultades a factores externos, como la falta de utilidad de los contenidos o la desconexión del profesorado.
Sin embargo, la mayoría de los estudiantes no se sienten especialmente discriminados en cuanto a los estudios lineales tradicionales (hasta la ESO, la secundaria, el acceso a la universidad) ni creen que los profesores de FP les ‘dan’ notas aprobatorias.
En lugar de pensar que sus dificultades se deben a conflictos o falta de interés en aprender, sus dificultades se explican por una combinación de factores personales, escolares y contextuales.
Quieren aprender, no sólo trabajar.
Los estudiantes de FP no están en estas aulas para pasar el tiempo o porque no tengan otro lugar adonde ir: tienen intereses educativos claros y combinan motivación académica y profesional. “No estoy aquí para matar el tiempo o porque no tengo adónde ir. Estoy aquí porque quiero aprender algo que me guste y que me sea útil y seguir así”, me dijo uno de estos estudiantes, un chico de 16 años.
El 41,8% valora tanto la formación académica como la profesional: la formación profesional se percibe como útil y orientada al empleo, pero no excluye el deseo de continuar formándose.
“Entré pensando que solo era para aprender un oficio y ya está, pero la verdad es que mi idea ha cambiado. Sí, quiero trabajar cuando termine, claro, pero también me di cuenta que me gusta aprender cosas nuevas. No se trata sólo de sacar un título para conseguir un trabajo: ahora pienso pasar a estudiar una carrera secundaria (la siguiente etapa de la formación profesional para continuar), me dio ganas de una niña de 1 año.
Esto contradice la idea de que la FP subyacente es una vía “terminal”. Para muchos jóvenes, es el punto de partida, no el destino final. Las investigaciones demuestran que no renuncian a la formación continua; Simplemente necesitan un entorno que se adapte mejor a sus necesidades y ritmos.
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Cómo influyen los profesores
El estudio también revela que quienes se sienten seguidos y reconocidos por el profesorado consideran continuar sus estudios, tienen objetivos profesionales mejor definidos y tienen mayor confianza en sus capacidades.
La enseñanza, la orientación y el apoyo emocional –muchas veces subestimados– son absolutamente cruciales para que esta fase educativa cumpla verdaderamente su función inclusiva. Cuando los estudiantes perciben el interés y apoyo del docente, sus expectativas cambian.
“En mi clase somos todos muy diferentes: cada uno va a su propio ritmo y tiene sus propias cosas. Por eso los profesores tenemos que explicar a cada uno de forma diferente, porque no aprendemos de la misma manera”, explica una niña. “Cuando ves que realmente se preocupan por ti te lo tomas de otra manera. Te anima y te hace pensar que puedes llegar más lejos de lo que pensabas”, añade la estudiante de dieciséis años.
Espacio para la reconstrucción
En mis conversaciones con estos jóvenes, pude observar cómo, con el apoyo de los profesores, muchos están renovando su “identidad académica”. Dejan de considerarse estudiantes fracasados o incompetentes. Así es como la FP básica puede ofrecer una manera de reconectar con el aprendizaje y restablecer las expectativas.
“Muchos pensamos en esta como la última opción, pero no es así. Aquí varios compañeros están hablando de continuar la secundaria, algunos incluso quieren volver a la secundaria. Cuando ves que puedes soportar esto, cambias de opinión y empiezas a pensar en cosas que nunca antes imaginaste”, dijo el joven de 17 años.
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Conviértete en una verdadera oportunidad
Escuchar la voz de estos estudiantes –sus percepciones, sus motivaciones, sus dificultades– nos ayuda a redefinir el objetivo de esta fase: involucrar, guiar y abrir caminos.
Además de fortalecer la orientación desde etapas tempranas para evitar que sea percibida como un destino inevitable, sino como una opción informada, explicada y significativa, es fundamental que los institutos puedan abordar la diversidad y ofrecer apoyo diferenciado sin separar, etiquetar ni obligar a los estudiantes a seguir rutas rígidas que limiten sus posibilidades futuras.
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