¿Por qué recordamos las cosas de manera diferente cada vez? De Rosalía a la neurociencia cognitiva

ANASTACIO ALEGRIA
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“Siempre que recuerdo algo, siempre lo recuerdo de forma un poco diferente. Así canta Rosalie In Memoria, una de las canciones de su último álbum Luke (2025). La letra de este fado, escrita, compuesta e interpretada junto al portugués Carminho, muestra un análisis certero de las características de la memoria humana que la psicología y la neurociencia cognitiva vienen estudiando desde hace años.

Nuestra memoria no accede a los recuerdos como un archivo que se abre intacto cada vez que lo consultamos. La memoria es un proceso activo y dinámico, que incluye la reconstrucción y transformación de los recuerdos.

La memoria no es reproducción, sino reconstrucción.

Cada vez que recordamos un recuerdo, éste entra en un estado inestable temporal, durante el cual está sujeto a modificaciones antes de ser “rescatado” nuevamente. Este proceso se conoce como “reconsolidación”. Cuando recordamos, la memoria se vuelve vulnerable: puede incluir nueva información, cambiar algunos detalles o ser reinterpretada emocionalmente.

Por ejemplo, no es raro que cuando rememoramos una conversación que tuvimos con otra persona acabemos incluyendo palabras o gestos que en realidad nadie dijo. O algo que en su momento nos pareció vergonzoso, luego lo recordamos como gracioso.

De esta forma, el acto de recordar no supone acceder a una copia exacta del pasado, sino a una versión ligeramente actualizada, que seguirá cambiando en recuerdos futuros.

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Este proceso no siempre ocurre, ni de la misma manera. Los recuerdos más antiguos o más fuertes suelen ser más resistentes a esta inestabilidad y requieren un período de recuperación más largo para volver a consolidarse. Por ejemplo, un estudio señaló que, mientras que los recuerdos recientes o débiles sólo necesitaban ser evocados durante 3 minutos para volverse vulnerables, los más sólidos tardaban 10 minutos en alcanzar un estado de reconsolidación. Por supuesto, una vez en este estado, igualmente podrían debilitarse, fortalecerse o modificarse.

Proteger a través del cambio

Desde un punto de vista neurobiológico, cada vez que evocamos un recuerdo, el cerebro reactiva las redes de neuronas que lo almacenan. Durante un breve intervalo, las conexiones entre esas neuronas (sinapsis) se vuelven más flexibles, lo que permite modificar la memoria antes de que se estabilice nuevamente. Por tanto, la reconsolidación implica cambios sinápticos específicos, es decir, este proceso implica fortalecer pero también ajustar las conexiones entre las neuronas, que son la base física de nuestros recuerdos.

Esto explica por qué nuestra memoria de un evento cambia a medida que lo recordamos. No es que nuestra memoria falle o se deteriore; Es que cada vez que recordamos algo evitamos que caiga en el olvido, pero al mismo tiempo el acto vuelve vulnerable el recuerdo. Es decir, el acto de recordar mantiene los recuerdos a costa de permitir cierta distorsión.

Ventajas de la reconsolidación

El hecho de que los recuerdos no permanezcan intactos durante toda la vida también tiene ventajas. Por ejemplo, en el ámbito de la psicoterapia, el proceso de reconsolidación puede utilizarse para intervenir en trastornos en los que aparecen recuerdos dolorosos o intrusivos, como el estrés postraumático, la ansiedad o la depresión.

Cuando un recuerdo se evoca en un entorno terapéutico seguro, la persona puede reinterpretarlo, reducir su carga emocional y aprender a gestionarlo de una manera más adaptativa. Así, aunque las distorsiones de la memoria a veces resultan molestas, también ofrecen una oportunidad para aliviar el malestar asociado a experiencias pasadas.

¿Sigue siendo un recuerdo real?

En Memory, Rosalie continúa cantando “…y sea lo que sea ese recuerdo, siempre es cierto en mi mente. Esta línea coincide con una idea muy interesante que la investigación también revela: la confianza que sentimos en nuestros recuerdos no siempre refleja su exactitud real”.

Un estudio analizó los “recuerdos flash”, que son recuerdos muy vívidos y emocionalmente intensos, como saber dónde estuvimos durante el fin de semana del 13 al 14. Marzo de 2020, cuando se declaró el estado de emergencia por el Covid-19. Estos recuerdos tienden a parecer particularmente claros y seguros.

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Los autores del estudio compararon lo que las personas dijeron que recordaban inmediatamente después del impactante evento con lo que recordaban meses o años después. Se dieron cuenta de que con el tiempo la consistencia de estos recuerdos disminuía: los detalles cambiaban, se perdían o se reorganizaban. Sin embargo, la confianza subjetiva de las personas en sus recuerdos siguió siendo alta. Creían recordar con la misma precisión, aunque la memoria objetiva ya no fuera la misma. Es decir, incluso si lo que evocamos se ha transformado varias veces en comparación con el evento original, todavía puede parecer real.

Estudios como este demuestran que sentir un recuerdo como “muy real” o “muy claro” no garantiza su veracidad.

Pero si nuestros recuerdos están cambiando, ¿por qué no lo notamos? En parte, porque el propio proceso de reconsolidación refuerza el sentido de autenticidad. Después del recuerdo, el cerebro vuelve a estabilizar la memoria y esa versión actualizada parece tan sólida como la anterior. Además, con el tiempo, lo que evocamos es la última versión reconsolidada, no la experiencia inicial. Esto hace que el cambio sea gradual, acumulativo y difícil de detectar.

Memoria e identidad

Así entendida, la memoria no es sólo un sistema de registro del pasado, sino también una herramienta para su reconstrucción y, con ella, la construcción de nuestra identidad. Recordamos quiénes éramos en función de quiénes somos ahora: nuestras metas, emociones y necesidades actuales. Por eso la memoria es flexible y adaptable.

Cada recuperación de la memoria abre una oportunidad para integrar el pasado con el presente. Gracias a este proceso mantenemos un sentido de coherencia personal, incluso si se pierde la precisión en los detalles. La reconsolidación no sólo estabiliza los recuerdos, sino que contribuye activamente a su mantenimiento a largo plazo, fortaleciéndolos y actualizándolos con el tiempo.

En una entrevista reciente, Carminho dijo que esa fue exactamente su motivación cuando escribió la canción Memoria. La importancia de “ser consciente de mí mismo, recordar quién soy, de dónde vengo y cómo decido el futuro”. En el poema, la protagonista le pregunta a su corazón (“recordar” viene del latín “recordari”, “re-” otra vez, “cordis”, corazón, que literalmente significa volver a atravesar el corazón) si sigue igual después de todo lo vivido:

“¿Será posible que me conozcas / Que pase el tiempo y no te olvides / ¿Quién fui y quién soy al fin? / Ay, corazón mío / Dime si lo sabes o no / ¿Aún te acuerdas de mí?”

(En original portugués: “¿Me conoces? / Que el tiempo pasa y no lo olvidas / ¿Quién fui y quién soy al final? / Ay corazón mío / Dime si lo sabes o no / ¿Aún te acuerdas de mí?”)

La memoria como proceso vivo.

Lejos de ser un defecto, esta naturaleza variable de la memoria es una de sus mayores fortalezas. Nos permite aprender, adaptar y redefinir experiencias pasadas. La memoria se transforma.

Entonces, la próxima vez que un recuerdo vuelva a nosotros, sabremos que probablemente estemos accediendo a la última versión de un recuerdo vivo, moldeado cada vez que lo traemos al presente, de modo que incluso si es ligeramente diferente, se sentirá igual de convincente. Eso dice la neurociencia cognitiva… y Rosalía también.


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