A finales de enero, muchas universidades celebran un acto festivo dedicado al maestro medieval Tomás de Aquino, referente del conocimiento del siglo XIII. Su figura contribuyó a sentar las bases de la docencia y la investigación universitaria.
París: formación y método
Tomás de Aquino llegó a la Universidad de París hacia 1245, centro que se había consolidado como uno de los centros intelectuales más dinámicos de Europa. Allí obtuvo una licenciatura en Biblia, enfocándose en leer y comentar las Escrituras, y luego obtuvo una licenciatura en sentencias.
Un encuentro del médico de la Universidad de París, Etienne Colois, a partir del manuscrito Chants roiauk. Biblioteca Nacional, París / Gallica
Tomás de Aquino asimiló el método escolástico característico de la universidad medieval, que integraba la lectura y el comentario de textos, la presentación argumentativa de problemas teóricos y el debate entre profesores y alumnos. Su pensamiento jugó un papel decisivo en la integración del aristotelismo en la universidad medieval. Al mismo tiempo, articuló una relación ordenada entre razón y fe, orientada a la búsqueda de la verdad, y la Iglesia católica lo consideró un médico angelical, un médico común y corriente y un doctor de la humanidad.
Sus obras Summa theologiae y Summa contra gentiles circularon en universidades europeas y fueron incorporadas a la educación formal. Estos textos contribuyeron al establecimiento de criterios rigurosos de argumentación y métodos para la comunidad científica.
Reconocimiento universitario
Durante la década de 1250, la Universidad de París atravesó una crisis institucional de gran alcance. En 1253, los maestros seculares dejaron de enseñar colectivamente, en respuesta a un conflicto con las órdenes mendicantes de dominicos y franciscanos por el acceso a las cátedras. El enfrentamiento puso en duda el estatus académico de estas cuentas y provocó su expulsión temporal de la universidad. Entre los afectados se encontraba Tomás de Aquino. El conflicto se resolvió tras la intervención del Papa Alejandro IV a través de la bula Quasi lignum vitae, que les autorizó a continuar con sus escuelas públicas y acceder a cátedras universitarias.
Un año después, Tomás de Aquino recibió una licencia para enseñar teología (licentia docendi), lo que le dio plena legitimidad académica. El comienzo público de su enseñanza sobre las Sagradas Escrituras estuvo marcado por la lección inaugural de 1256 en París, un discurso conocido como Rigans montes. Para esa ocasión escogió un versículo del Salmo 103: “Rigans montes de superioribus suis; de fructu operum tuorum satiabitur terra” (“Bebiendo de lo alto, la tierra se saciará del fruto de tus obras”).
Esta imagen ofrece una clave para comprender el orden del conocimiento. La doctrina viene de arriba y llega a la academia a través de quienes están facultados para enseñar. El médico imparte conocimientos que requieren metódica, precisión y responsabilidad en el uso de las palabras. En esta figura se puede reconocer un modelo de rigor académico, al servicio de la verdad y la continuidad de la tradición universitaria.
La autoridad reconocida por la universidad a Tomás de Aquino se vio posteriormente reforzada por el reconocimiento eclesiástico. El Papa Juan XXII lo canonizó el 18 de julio de 1323 con la bula Redemptionem misit. Posteriormente, Pío V lo proclamó Doctor de la Iglesia (1567).
La memoria material de Tomás de Aquino está ligada a la Abadía de Fossanova (en el centro de Italia), donde murió en 1274. Su cuerpo permaneció allí durante casi un siglo, almacenado en un sarcófago que hoy se conserva como testimonio histórico.
fecha variable
Su conmemoración litúrgica estaba inicialmente fijada para el 7 de marzo, fecha de su muerte. Estas elecciones presentaron dificultades, ya que a menudo coincidían con la Cuaresma, un período en el que los eventos públicos y las ceremonias académicas estaban restringidos.
La situación cambió cuando el Papa Urbano V ordenó el traslado de las reliquias de Tomás de Aquino a Toulouse, Francia. La recepción tuvo lugar el 28 de enero de 1369 en el Monasterio Jacobino, antiguo monasterio de la Orden de Predicadores, donde aún hoy se conservan.

Altar y reliquia de Santo Tomás de Aquino en la iglesia jacobina de Toulouse (Francia). Didier Descouens/Wikimedia Commons, CC BI-SA
Entre los siglos XIV y XV, las universidades europeas adoptaron esta fecha como marco apropiado para las ceremonias institucionales. Sin embargo, la configuración definitiva de la fiesta se produjo en el siglo XX. Este proceso forma parte de la reforma del calendario litúrgico tras el Concilio Vaticano II. En 1969, el Papa Pablo VI publicó la carta apostólica Misterii Paschalis, en la que se establecían los criterios para mantener en el calendario común sólo aquellas celebraciones que se consideran de valor universal para la Iglesia.
Así, la conmemoración religiosa de Tomás de Aquino quedó determinada para el 28 de enero, decisión que aseguró un marco litúrgico estable.
Difusión europea y continuidad institucional
La memoria de Tomás de Aquino recibió apoyo institucional cuando León XIII publicó el Aeterni Patris (1879). Esta encíclica consideraba su pensamiento como eje principal de la educación superior en relación con las corrientes materialistas de su tiempo. Un año después, un breve Cum hoc sit (1880) lo proclamó patrono de las universidades y escuelas católicas.
Con estas disposiciones, León XIII presentó a Tomás de Aquino como un referente intelectual para la investigación y la educación superior. En España, un Real Decreto publicado en 1922 reconoce la festividad de Santo Tomás de Aquino como Fiesta Estudiantil.
El triunfo de Santo Tomás de Aquino, Benozzo Gozzoli. GrandPalaisRmn (Museo del Louvre) / Hervé Lewandowski
De esta manera se asegura su continuidad como acto institucional en el sistema universitario. La celebración, junto con el modelo de París, se extendió a universidades de toda Europa. Fuera de este continente, las raíces también son significativas en Filipinas.
Ceremonia y simbolismo académico
Desde la Edad Media, la fiesta de Santo Tomás ha estado asociada a la imagen del médico universitario, y en ese acto se hace visible la dimensión pública de la autoridad intelectual. El rito va acompañado de cantos festivos y signos externos (un vestido, una gorra, un libro y un anillo) refuerzan su significado. Juntos tienen valor institucional y continuidad de la tradición universitaria.
La supervivencia de esta celebración corresponde a la continuidad del modelo universitario, no a una lógica confesional. En los centros que mantienen una conexión con el calendario litúrgico romano, Tomás de Aquino se integra en los actos solemnes del curso académico. En otros contextos, formado en la tradición anglicana o protestante, es un referente intelectual para la comunidad científica. Esta diversidad de enfoques permite comprender cómo su legado ha sido asumido de diferentes maneras en la transmisión del conocimiento a lo largo de la historia. En su figura, la comunidad científica reconoce un modelo de rigor intelectual y de estudio orientado a la búsqueda de la verdad.
Por ello, cada 28 de enero celebramos al docente que dio a la razón la condición de autoridad universitaria y que definió la investigación como una responsabilidad institucional.
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