¿Por qué el virus de la peste porcina africana es tan mortal?

ANASTACIO ALEGRIA
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La preocupación que suscita el regreso del virus de la peste porcina africana (PPA) a España está justificada: muestra una mortalidad muy elevada, cercana al 100%, y todos los cerdos y jabalíes infectados suelen morir entre una y dos semanas después de la infección. Además, si esto no fuera suficiente, los animales enfermos pueden permanecer asintomáticos durante varios días, transmitiendo la enfermedad con mayor facilidad.

Un ataque directo al sistema inmunológico.

Tal poder destructivo es el resultado de una estrategia ofensiva muy concreta: el virus ataca directamente el sistema de defensa del animal. En concreto, infecta y destruye macrófagos y monocitos. Estas células suelen ser la primera línea de defensa, y su drástica reducción deja al animal completamente desprotegido.

Además, la PPA también provoca la destrucción de los linfocitos, las células del sistema inmunológico encargadas de producir anticuerpos. Aunque el virus no puede penetrar estos linfocitos, puede inducirlos a entrar en apoptosis (muerte celular programada). ¿Cómo lo consigues?

Cuando se infectan, los macrófagos liberan ciertas sustancias proinflamatorias, llamadas citoquinas, como el TNF-alfa. Estas sustancias sirven como señal para que el cuerpo active defensas específicas, concretamente los linfocitos. Sin embargo, una activación excesiva del sistema inmunológico provoca el efecto contrario: la inducción de la muerte de los linfocitos. Esto se debe a que el cuerpo interpreta que la reacción puede ser dañina y desencadena un mecanismo de seguridad llamado AICD (Muerte Celular Inducida por Activación).

Cuando las defensas del animal están gravemente comprometidas, el virus ataca las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos. Esto provoca hemorragia interna y edema pulmonar. Además, en un intento de reparar el daño, el propio cuerpo intenta tapar las fugas formando coágulos generalizados. Estos tres procesos conducen inevitablemente a un fallo multiorgánico que provoca la muerte del animal.

No hay vacuna ni tratamiento.

El virus de la peste porcina africana es el único miembro conocido de la familia Asfarviridae. Es un virus gigante con ADN complejo que tiene la capacidad de replicarse en el citoplasma de una célula sin necesidad de ingresar al núcleo. Los únicos virus conocidos que utilizan el mismo mecanismo son la viruela o la viruela simica, aunque no están relacionados evolutivamente.

Estrategias de infección similares son desarrolladas por virus hemorrágicos como el Ébola o Marburg, que también atacan a los macrófagos y causan también el síndrome hemorrágico.

Este carácter único, así como el hecho de que no existen equivalentes evolutivos en humanos, explica por qué actualmente no disponemos de ninguna vacuna o tratamiento preventivo aprobado y disponible a nivel europeo. Aunque la vacuna se utiliza actualmente en Vietnam, no está aprobada para su uso en Europa. La razón es que, al tratarse de una vacuna de virus vivo atenuado, no permitiría que los animales infectados se diferenciaran de los animales vacunados en el laboratorio. Además, hubo polémica en torno a la muerte de muchos cerdos inmunizados con este fármaco en algunas provincias de ese país asiático.

Virus ultrarresistente

Otro aspecto preocupante del patógeno es su extrema resistencia y persistencia en el medio ambiente. Si bien muchos virus solo duran unos minutos en contacto con el aire y sin fluidos corporales, la peste porcina africana puede durar meses en las granjas, especialmente en climas fríos. Se inactiva fácilmente a temperaturas superiores a 60 grados, pero es muy resistente a la congelación y a los cambios de pH. Esta característica le permite sobrevivir durante mucho tiempo en cualquier superficie, lo que facilita el contagio entre animales en el establo.

El origen del brote puede estar en el laboratorio

Recientemente, las autoridades abrieron una investigación para determinar si el origen del brote podría estar relacionado con las instalaciones del IRTA-CReSA, un centro de investigación animal situado a sólo un kilómetro de la zona afectada, tras confirmar que el virus encontrado en los jabalíes es una cepa inusual en el medio natural y coincide con la comúnmente utilizada en el complejo científico.

La clave del caso está en la genética del virus. Las variantes que circulan actualmente en Europa tienen su origen en el brote inicial en Georgia en 2007; Sin embargo, durante su expansión por el continente durante casi dos décadas, mutó y se separó del original. Sorprendentemente, la secuenciación de muestras recogidas en España reveló que el virus detectado era genéticamente idéntico a la cepa original “Georgia 2007”.

No es contagioso para los humanos.

Aunque podemos actuar como portadores indirectos -con nuestra ropa, residuos, ruedas de coche, etc.- contagiar a las personas es actualmente imposible. Los virus son muy específicos y requieren ingresar a las células y producir interacciones moleculares muy específicas que solo pueden ocurrir en las especies para las que están especializados. Nunca se ha registrado el salto de este virus porcino a los humanos, como ocurre, por ejemplo, con los virus de la gripe porcina o aviar.

Por ello, la preocupación de las autoridades es que el virus infecte masivamente a los cerdos en las instalaciones de producción de alimentos y que esto provoque una grave crisis económica en el sector.


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