Ocho cosas “gratis” que pagamos sin saberlo cuando utilizamos Internet

ANASTACIO ALEGRIA
7 Lectura mínima

Vivimos en una era de libertad. Redes sociales gratis, correo electrónico gratis, buscadores gratis, mapas gratis, noticias gratis, inteligencia artificial gratis. Parece que el capitalismo, ese sistema al que tantas veces acusamos de avaricia, se ha vuelto generoso.

Pero hay un pequeño detalle desagradable: nada en este mundo se hace a sí mismo. Como recordaba Karl Marx, todo valor requiere trabajo, energía y tiempo socialmente invertido. Ningún servidor opera por altruismo. Ningún algoritmo funciona para las llamadas sociales. Ningún paquete fue llevado por inspiración poética. Si no pagamos algo con dinero, lo pagamos de otra manera.

La cuestión no es si pagaremos, sino con qué.

Aquí hay ocho cosas que creemos que son gratuitas.

1. Redes sociales: el precio de la atención

Publica fotos, comenta, comparte memes, sigue debates políticos. Todo parece gratis. Sin embargo, plataformas como la plataforma Meta no viven del entusiasmo de los jóvenes, sino de publicidad segmentada.

La socióloga Shoshana Zuboff explicó cómo el capitalismo de vigilancia convierte nuestro comportamiento en materia prima económica. No pagamos con tarjeta: pagamos con tiempo, datos, patrones de comportamiento y emocionales. Cada “me gusta” es información. Cualquier pausa antes del vídeo es una señal comercial. Nuestro tiempo libre es un recurso que se puede aprovechar.

Y lo más interesante es que no sentimos que estemos pagando. Sentimos que nos están entreteniendo. Que nos brindan “placer” gratuito (cualquier comparación con Un mundo feliz, el libro de Aldous Huxley, es pura coincidencia).

2. Motor de búsqueda omnisciente

Alphabet Inc. no nos cobra por la búsqueda. Al contrario, nos hace la vida más fácil. Nos encuentra restaurantes, médicos, vuelos, respuestas a preguntas existenciales.

Pero toda búsqueda revela intención, y la intención es oro. El sociólogo Pierre Bourdieu nos enseñó que incluso nuestras elecciones aparentemente libres están estructuradas por campos y capitales. Aquí, nuestras búsquedas representan un campo económico donde la información sobre deseos y necesidades tiene un valor monetario.

Aunque no pagamos por una respuesta, sí pagamos por hacer una pregunta.

3. Envío gratis (porque alguien lo paga)

El comercio electrónico ha perfeccionado el arte del “envío gratuito”. Sin embargo, el transporte tiene combustible, salarios, infraestructura y logística.

Como ha señalado David Harvey, el capitalismo reordena constantemente los costos para mantener la acumulación. El costo no desaparece. Está integrado en el precio, compensado por el volumen o apoyado en unas condiciones de trabajo adaptadas al milímetro.

Gratis es la redistribución estratégica de los costos, no su evaporación.

4. Aplicaciones divertidas

Series ilimitadas, vídeos infinitos, música instantánea. A veces pagamos una tarifa de suscripción; otros, ni siquiera eso. El modelo freemium nos ofrece una entrada sin barreras.

El filósofo Byung-Chul Han describió cómo la sociedad moderna convierte la seducción en una forma de control. Cuanto más tiempo pasamos dentro, más datos generamos, cuanto más precisa es la elaboración de perfiles, más rentable es nuestra presencia. Nos integran a través del confort.

5. Noticias digitales

Muchos medios de comunicación ofrecen acceso gratuito a su contenido. ¿Filantropía informativa? No precisamente. La financiación proviene de la publicidad, los clics y el tráfico.

El sociólogo Jürgen Habermas advirtió que la esfera pública depende de las condiciones materiales de la comunicación. Cuando la atención se convierte en moneda de cambio, la información también entra en la lógica del mercado. El lector no paga con dinero, paga con atención. Y la atención se puede monetizar.

6. WiFi público

Aeropuertos, cafeterías, hoteles: conexión gratuita. Basta aceptar algunas condiciones que rara vez leemos.

El filósofo Michel Foucault ha demostrado cómo el poder moderno funciona a través de dispositivos aparentemente neutrales que organizan el comportamiento. El acceso “gratuito” es también un dispositivo: a cambio, entregamos datos sobre navegación, ubicación y comportamiento. El precio es en transmisión silenciosa.

7. Inteligencia artificial conversacional

Las plataformas de IA permiten consultas de todo tipo. Resolver dudas, redactar textos, generar ideas. El usuario siente que accede a una herramienta avanzada sin pagar.

El sociólogo Antonio Gramsci habló de la hegemonía como una forma de dirección cultural normalizada. La IA libre puede entenderse así: parece un servicio, pero cada interacción fortalece la infraestructura corporativa, los modelos de negocio y la acumulación de capital cognitivo.

El servicio gratuito aquí es la respuesta a una inversión a largo plazo.

8. El regalo más sofisticado: la sensación de no deber nada

Quizás lo más interesante es que el libre intercambio no sólo redistribuye costos: transforma la experiencia de intercambio.

El filósofo Louis Althusser explicó que la ideología funciona no sólo a través del discurso, sino a través de prácticas cotidianas que estructuran nuestra percepción. Cuando no pagamos dinero, no sentimos la pérdida. Cuando no sentimos pérdida, no percibimos conflicto. Cuando no percibimos un conflicto, el sistema parece neutral.

Las propinas no eliminan el trueque, que todavía ocurre sin que nos demos cuenta. Y eso tiene profundas consecuencias sociales.

La paradoja de la generosidad

El capitalismo digital no funciona ocultando crudamente información, sino reorganizando la percepción. Si no vemos un precio, parece que no existe. Si no lo percibimos como un sacrificio, parece que no existe una relación desigual.

Nada de esto implica una conspiración: implica un modelo de negocio. No necesitamos creer en la bondad del sistema, basta con sentir el consuelo. Sin embargo, debemos recordar que no hay milagros en la economía. Cuando algo parece gratis es porque el pago simplemente cambió de ubicación.

Y lo realmente interesante no es que paguemos con datos, tiempo o atención, sino que, al no pagar con dinero, dejamos de sentir que pagamos. Ahí reside el regalo más perfecto de todos: la ilusión cuidadosamente elaborada de que alguien nos está dando algo sin pedir nada a cambio.


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