‘Menovashing’: cuando la menopausia se convierte en un nicho de mercado

ANASTACIO ALEGRIA
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En tan solo unos años, la menopausia ha pasado de ser un tema apenas susurrado a un lugar destacado en la conversación pública. Los creadores de contenido, memes y marcas de bienestar están proliferando en las redes sociales, rompiendo décadas de silencio, vergüenza y desinformación.

Este cambio es, sin duda, un avance necesario. Sin embargo, hablar más no significa hablar mejor o hablar desde un marco neutral. La pregunta fundamental es otra: ¿qué pasa cuando la visibilidad de la menopausia se convierte en mercado? Pues bien, el problema colectivo empieza a solucionarse como una elección individual.

En este desplazamiento surge el menowashing, es decir, el uso comercial del lenguaje del cuidado y empoderamiento para vender productos que no siempre están respaldados por evidencia científica sólida.

Del bienestar al trabajo

El cambio de atención hacia el mercado no es casualidad. En los últimos años, el interés social por la menopausia ha promovido lo que ahora se llama “menoeconomía”. Es un ecosistema de productos, servicios y contenidos destinado principalmente a mujeres de 45 años y más. Suplementos, cosmética específica, aplicación hormonal o programas de bienestar forman parte de la diversa oferta que convierte esta fase en un nicho de mercado.

Pero este fenómeno no es exclusivo de la menopausia. De hecho, la literatura científica sobre salud lleva décadas analizando la medicalización de procesos vitales, como la menstruación, el embarazo, el parto o la menopausia, y convertirlos en oportunidades de negocio.

De esta manera, las transiciones naturales se presentan como problemas a corregir o disfunciones a gestionar. Y, como resultado, se promocionan productos, tecnologías o tratamientos que no siempre se corresponden con las necesidades clínicas reales.

En el caso de la menopausia, la novedad no es el mercado, sino la velocidad de su crecimiento. La apertura de la conversación pública ha dado paso a una oferta creciente de soluciones comerciales para una “mejor navegación” en esta etapa.

En este contexto, el lenguaje del autocuidado y el empoderamiento juega un papel clave. No sigue sólo una propuesta comercial: también da forma a la idea de lo que significa “estar bien” durante la menopausia.

De esta manera, la responsabilidad del bienestar se traslada al ámbito privado. Entonces la conversación deja de centrarse en el apoyo social o sanitario y se centra en soluciones individuales. Inevitablemente, el mensaje implícito es claro: mejorar depende de tomar las decisiones correctas. Y cuando el empoderamiento se separa de los derechos y la información rigurosa y se reduce al consumo, se produce un menolavado.

¿Cómo funciona?

Menovashing no se reconoce por un producto específico, sino por la forma en que se presenta. Suele recurrir a un lenguaje cercano, emotivo y aparentemente liberador. Se habla de “volver a ser tú” o de “equilibrar tus hormonas”, a menudo sin aclarar qué evidencia respalda estas promesas.

Esta estrategia es eficaz porque conecta con experiencias reales de malestar. La dificultad para dormir, concentrarse o regular las emociones forman parte de esta etapa. De hecho, la evidencia muestra que los síntomas de la menopausia afectan tanto al trabajo como a la vida diaria.

En este contexto, las soluciones rápidas y personalizadas se presentan como respuestas asequibles y atractivas, especialmente cuando otras formas de apoyo son poco visibles.

Sin embargo, no siempre existe un respaldo científico sólido detrás de estas ofertas. A veces los productos no se diferencian de otros genéricos. Simplemente se reenvasan y se venden a un precio más alto. Otras veces, se basan en estudios preliminares o testimonios individuales presentados como evidencia suficiente de eficacia.

Redirigir la conversación

Cuestionar la menopausia no significa descartar la visibilidad de la menopausia o negar que algunos productos puedan ser útiles. Esto implica la pregunta de quién define hoy los problemas y las soluciones en esta fase vital.

Cuando el bienestar se considera casi exclusivamente una elección individual, se refuerza una visión medicalizada de la menopausia. Y así la fase natural se presenta como un problema a corregir o “normalizar”. Sin ignorar los costes económicos adicionales de muchas de estas soluciones, que no siempre están disponibles o no están justificados por la evidencia.

Sin embargo, el verdadero empoderamiento no significa comprar más: significa brindar información rigurosa, atención especializada y un entorno que reconozca la menopausia como un problema de salud pública. El desafío ya no es hablar de menopausia, sino brindar una mejor atención colectiva.


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