A veces la historia toma caminos inesperados. Uno de esos giros inusuales ocurrió a mediados del siglo XIX y comenzó con un objeto aparentemente trivial: una bola de billar. Ese pequeño fragmento eventualmente desencadenaría una historia digna de una película.
La necesidad de sustituir el marfil utilizado para fabricar bolas de billar llevó a la invención de un nuevo y extraordinario material: el celuloide. Considerado el primer plástico semisintético, este material no sólo abrió el camino a la futura era de los plásticos, sino que también sería fundamental en los primeros sistemas de grabación y proyección de imágenes en movimiento. Sin él, el cine (e incluso Hollywood) probablemente no existiría tal como lo conocemos.
De las bolas de billar a Hollywood
A mediados del siglo XIX, el billar se había convertido en una auténtica moda pasajera y generaba enormes cantidades de dinero. Uno de sus grandes referentes fue Michael Phelan, probablemente el jugador más famoso de la época.
Pero el éxito del juego ocultaba un problema inesperado: la gran cantidad de marfil necesaria para fabricar las bolas. En 1867, The New York Times advirtió del riesgo de que los elefantes acabaran “contados entre las especies extintas” debido a la demanda de sus colmillos. Para encontrar una alternativa, Phelan ofreció una recompensa extraordinaria: 10.000 dólares en oro a cualquiera que pudiera descubrir un sustituto adecuado del marfil. Sin que él lo supiera, aquel premio acabaría ligado al nacimiento de la era de la plástica… y del cine.
El desafío fue resuelto por John Wesley Hyatt, con la ayuda de su hermano. Su solución era celuloide, obtenido a partir de celulosa obtenida del algodón y plastificada con alcanfor. Este material podía calentarse, moldearse y remodelarse, por lo que se considera uno de los primeros termoplásticos.
Hyatt lo promocionó con una frase que resume bien el espíritu de la época: “Así como el petróleo ayudó a la ballena, el celuloide le dio un respiro al elefante. Retórica aparte, el descubrimiento fue revolucionario. Como señala el historiador Jeffrey Meikle en American Plastic, al reemplazar materiales escasos o caros, el celuloide ayudó a democratizar muchos productos para la creciente clase media”.
Uso en cine
Curiosamente, el celuloide tuvo una corta vida en el mundo de la piscina. Sin embargo, su nombre quedaría para siempre ligado a otro ámbito: el cine.
En 1880, el empresario George Eastman, fabricante de cámaras, visitó el Hyatt con una idea clara: sustituir las pesadas placas de cristal de la fotografía por una montura más ligera. El celuloide era ideal.
Gracias a este material, Eastman pudo colocar la emulsión fotográfica en una cinta larga y flexible enrollada en un carrete, lo que permitió tomar múltiples fotografías con una cámara compacta. Así, en 1888 nació la primera Kodak, que popularizó la fotografía y transformó la forma en que las personas registran su vida diaria.
Unos años más tarde, el uso del celuloide como soporte para películas fotográficas –impulsado por novedades como Hannibal Williston Goodwin– abrió definitivamente la puerta al cine.
Los hermanos Lumière, hijos de un famoso fotógrafo lionés, trabajarían en este nuevo material flexible. A finales del siglo XIX, su familia ya poseía una de las fábricas fotográficas más importantes de Europa.
Una imagen de una tira de película antigua. Legal/Pikabai Las Lumières: el inicio del cine
Louis y Auguste Lumière fueron más allá de la fotografía. Inspirándose en los avances en óptica y mecánica, desarrollaron el cinematógrafo, un ingenioso dispositivo que utilizaba película perforada de 35 milímetros. Con una manivela tomaba fotografías sucesivas que luego podía proyectar en una pantalla.
Cada escena duró sólo unos segundos, pero fueron suficientes para provocar una sensación completamente nueva: ver la realidad en movimiento. Así comenzó la historia del cine.
La fábrica de los hermanos Lumière se convirtió, de hecho, en el primer estudio de cine. Allí se rodó La sortie de l’usine Lumiere, estrenada el 28 de diciembre de 1895 en el Salon Indien Grand Café de París. Para el público de la época, ver imágenes en movimiento proyectadas en una pantalla fue una auténtica revelación.

Cartel publicitario del cinematógrafo Lumiere Brothers, 1895, de Marcelin Ozol. Wikimedia Commons, CC BI-SA
La base de estas primeras películas hizo posible esa maravilla técnica y se ganó el honor de dar nombre a esta nueva industria emergente: la industria del celuloide.
En pocos años, el cine se convirtió en un fenómeno de masas que democratizó el acceso al espectáculo. En la pantalla, el público pudo reír con Buster Keaton o escuchar, por primera vez, voces como la de Al Jolson, al inicio de la conversación.
Los peligros del primer cine
Sin embargo, el mismo material que impulsó el séptimo arte escondía importantes riesgos. La película de nitrocelulosa era extremadamente inflamable: podía descomponerse o encenderse a temperaturas relativamente bajas y además liberaba gases tóxicos durante su degradación.
Este peligro provocó numerosos incendios en salas de proyección y almacenes de películas, y contribuyó a la pérdida de una gran parte del patrimonio cinematográfico. Diversos expertos del sector señalan que hasta nuestros días han llegado menos de la mitad de las películas realizadas antes de 1950, y sólo una pequeña parte del cine mudo.
Algunos accidentes fueron particularmente dramáticos. En 1897, durante el Bazar de la Charité de París, la proyección de una película terminó en un incendio cuando las llamas entraron en contacto con la película de nitrocelulosa. La tragedia causó más de un centenar de víctimas y puso de relieve los peligros de este nuevo espectáculo tecnológico.
La solución vendría de la propia industria. A principios del siglo XX, Kodak introdujo un vehículo alternativo basado en acetato de celulosa, mucho más seguro que la nitrocelulosa utilizada anteriormente. Ese cambio marcaría el inicio del declive del celuloide en el cine.
Aun así, su legado es inmenso. El celuloide permitió el nacimiento del cine moderno y, al mismo tiempo, abrió la puerta a una nueva familia de materiales que transformaría profundamente la sociedad moderna: el plástico.
Si alguna vez hubiera un Oscar honorífico para los materiales, probablemente el celuloide se lo llevaría primero. Al fin y al cabo, sin él, quizá el cine nunca se habría convertido en la gran fábrica de historias y sueños que hoy conocemos.
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


