Las aplicaciones de citas se han convertido en una forma común de conocer gente e iniciar nuevas relaciones. Mucha gente en algún momento crea un perfil en estas plataformas, y lo que hace una década se percibía como algo excepcional o incluso estigmatizado, hoy es una práctica habitual. Sin embargo, asumir que se trata de “conectividad” simplifica demasiado lo que sucede dentro de estas aplicaciones.
Las formas tradicionales de conocer gente han cambiado. Por ello, estas plataformas se han convertido en nuevos espacios de encuentro. Analizar quién los utiliza y con qué finalidad ayuda a comprender mejor cómo está cambiando la intimidad y la vida social.
En nuestro estudio analizamos el perfil y la motivación de uso de 667 usuarios en España. El objetivo era comprobar dos ideas muy extendidas: que estas aplicaciones son principalmente “para jóvenes” y que se utilizan, sobre todo, “para ligar”.
No sólo los jóvenes
Aunque las aplicaciones de citas suelen asociarse con la Generación Z, nuestra investigación revela que su uso se extiende a otras etapas de la vida. Aunque el grupo de 18 a 30 años tiene un peso importante, el sector más numeroso está formado por personas entre 31 y 50 años. Las transiciones de la vida, como rupturas, mudanzas o cambios de trabajo, pueden estimular el uso de aplicaciones en la edad adulta. En esta etapa, el usuario ya no experimenta: sabe exactamente qué tipo de conexión está buscando.
También observamos cómo los mayores de 50 años se van incorporando progresivamente a estos espacios. Lo hacen con preferencias muy definidas: Facebook Parejas es su opción favorita, seguida de Tinder.
Perfil socioeconómico y geográfico de uso.
La heterosexualidad es mayoritaria en nuestra muestra. Las aplicaciones más utilizadas por personas heterosexuales son Tinder, Bumble y Badoo. Sin embargo, las aplicaciones de citas también son utilizadas por personas no heterosexuales, que prefieren Grindr (dirigido específicamente a personas homosexuales y bisexuales) a Tinder. Pueden ser entornos de contacto con personas de orientaciones similares y espacios en los que se percibe más seguridad.
Un perfil socioeconómico también aporta datos reveladores. En primer lugar, existe una clara correlación con el nivel de educación: la mayoría de los usuarios tiene estudios universitarios, tendencia que es particularmente pronunciada entre las mujeres. En el aspecto económico, aunque la mayoría gana por encima del salario mínimo interprofesional, los hombres reportan ingresos más elevados. Esta diferencia refleja desigualdades estructurales y la brecha salarial en el mercado laboral.
La geografía también es importante. El uso es más común en las zonas urbanas: en las ciudades, no sólo hay más opciones de emparejamiento, sino que también es más fácil mantener el anonimato y la privacidad. En las zonas rurales, el control social aún puede condicionar el uso de estas herramientas.
¿Qué buscamos realmente cuando abrimos una aplicación?
La conclusión más clara de nuestro estudio es que la principal motivación para utilizar estas plataformas es la búsqueda de relaciones. Independientemente del género, la orientación sexual o la edad, el deseo de conectarse con otra persona sigue siendo el principal impulsor.
Sin embargo, el momento vital y las necesidades del usuario parecen diversificar los motivos de uso. Muchas personas los utilizan para socializar, otras para distraerse o divertirse y algunas para superar una ruptura. También está surgiendo la curiosidad por la experiencia digital.
Al examinar las diferencias de género, surgen matices. Cada vez más, las mujeres destacan la búsqueda de pareja y la curiosidad como principales motivaciones para crear un perfil. Por el contrario, los hombres tienden a enfatizar en mayor medida aspectos relacionados con la validación personal o la interacción lúdica. El coqueteo, el deseo de aumentar la experiencia sexual, el entretenimiento e incluso el desarrollo de habilidades sociales son motivos importantes para ellos.
También hay diferencias en la orientación sexual. Los homosexuales en nuestro estudio enfatizan principalmente tres razones: encontrar contactos de orientaciones similares, explorar nuevas experiencias sexuales y buscar apoyo para superar rupturas románticas.
Estos resultados permiten una lectura más amplia: la búsqueda de contactos con orientaciones similares puede sugerir que estas plataformas son un entorno facilitador. Permiten segmentar la búsqueda, algo que no siempre es posible en el espacio físico. Además, la investigación sexual y el uso posterior a una ruptura indican que no son sólo herramientas de ocio. También pueden ser espacios donde se explora la identidad y se busca apoyo emocional.
Motivaciones que se desarrollan con la edad.
La edad introduce matices en el uso de estas plataformas. Aunque la búsqueda de pareja es un eje central, las motivaciones complementarias cambian a lo largo del ciclo vital.
Entre los jóvenes (18-30 años) destacan la diversión, la distracción y la aprobación social. En esta etapa, las plataformas pueden ser espacios de experimentación y validación donde la aprobación externa y el juego social juegan un papel importante.
Entre los 30 y los 50 años las motivaciones están más orientadas a la estabilidad emocional. Muchas personas buscan relaciones duraderas o reconstruir su vida amorosa después de una ruptura. En este grupo también gana peso la presión social o ambiental, lo que sugiere que en esta etapa la aplicación deja de ser sólo una actividad recreativa. Puede convertirse en un recurso de adaptación social, utilizado para abordar el modelo de vida en pareja y adaptarse a las expectativas familiares y sociales actuales.
A partir de los 50, la socialización y el sentido de pertenencia ganan peso. En esta etapa, las aplicaciones pueden ayudar a ampliar su red de contactos y aliviar la soledad no deseada.
Más que tecnología: un fenómeno social
Las apps de citas ya no se entienden sólo como espacios para “encuentros” ocasionales: se han convertido en escenarios en los que se negocian identidades, expectativas de vida y formas de relacionarse.
La variedad de motivaciones muestra que tenemos diferentes necesidades en las relaciones. En nuestra muestra, el gesto de abrir una aplicación puede significar diferentes cosas: juego y validación en la juventud, reconstrucción emocional tras una ruptura en la edad adulta media y búsqueda de pertenencia y socialización después de los 50.
Cuando los desafíos y las necesidades emocionales cambian (según la edad, el género o la orientación), las motivaciones para usar estas aplicaciones también cambian.
Detrás de estos intereses aparecen fenómenos sociales como la soledad no deseada o el envejecimiento activo. Para algunas personas, estas aplicaciones son un recurso en su estrategia de vida social. Sobre todo, ante el progresivo deterioro de los espacios físicos de reunión.
Las aplicaciones no necesariamente reemplazan la interacción cara a cara. En cambio, pueden complementarlo cuando los espacios para reuniones sean escasos, inaccesibles o no se perciban como seguros.
En definitiva, reflejan nuevos escenarios de socialización que redefinen la forma en que conocemos, nos comunicamos y establecemos relaciones con otras personas.
Estos datos provienen de un cuestionario en línea y describen a quienes eligieron participar. Por tanto, no equivalen a una foto representativa de la población. Aun así, nos permiten afinar la cuestión central: más allá de la discusión de si estas herramientas “funcionan”, es importante analizar para qué las utilizamos. Y qué revela sobre las dificultades actuales para establecer conexiones fuera del mundo digital y cómo están cambiando las formas de conectarse.
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