Los algoritmos adivinan cómo somos o cuánto ganamos con sólo analizar nuestra foto

ANASTACIO ALEGRIA
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Es una sensación familiar para cualquiera que utilice las redes sociales: la a veces inquietante maravilla de que la plataforma parece conocernos mejor que nadie. Un vídeo recomendado que da en el blanco, un anuncio que responde a una conversación reciente, un recuerdo que aparece en el momento justo… Atribuimos esta aparente magia a algoritmos que suponemos aprenden de nuestras interacciones directas. Sin embargo, ésta es sólo la capa más superficial de un sistema mucho más complejo.

La capacidad real de estos sistemas no reside en registrar nuestras acciones explícitas, sino en su capacidad para interpretar nuestra identidad a partir de los datos que compartimos, muchas veces de forma inconsciente. Un simple experimento con una sola fotografía personal revela hasta qué punto estos sistemas construyen perfiles psicológicos, ideológicos y económicos que van mucho más allá de lo que el usuario pretende comunicar.

De la visión por ordenador a la interpretación semántica

Cuando subimos una imagen a Internet, no sólo es vista por otros usuarios: también es “leída” por sistemas de visión por ordenador, como la API Google Vision que, como anuncia Google, “extrae información valiosa de imágenes, documentos y vídeos”. Estas tecnologías ya no se limitan a identificar objetos o rostros. Su alcance alcanza la interpretación semántica: pueden inferir emociones, contexto cultural o rasgos de personalidad.

Herramientas como TheSeeYourPhotos, creada por un ex ingeniero de Google para denunciar este tipo de prácticas, nos permiten comprobarlo. Su objetivo es mostrar cuánta información personal y sensible se puede extraer de una sola fotografía, utilizando la misma tecnología que utilizan las grandes corporaciones.

El problema no es que las máquinas reconozcan lo que ven, sino que interpreten lo que creen que la imagen dice sobre nosotros. Y surge una pregunta clave: ¿están diseñadas para servir a nuestros intereses o para explotar patrones de comportamiento que ni siquiera reconocemos?

Estudio de caso: un perfil basado en fotografías

Para explorar los límites de esta capacidad interpretativa, en la Universidad Miguel Hernández realizamos un experimento: analizamos una fotografía personal utilizando la herramienta mencionada anteriormente. Los resultados que obtuvimos se pueden dividir en dos niveles.

Análisis que hace la herramienta TheSeeYourPhotos sobre una de las fotografías utilizadas en este estudio.

El primer nivel es el análisis descriptivo, a través del cual la IA identifica elementos visuales objetivos. En este caso, describió con precisión la escena principal (el joven junto a la valla y el monumento) y se aproximó a la ubicación geográfica. Este nivel, aunque sujeto a errores fácticos (como una estimación de edad ligeramente diferente), se mantiene dentro del rango esperado.

El segundo nivel, el nivel de análisis inferencial, es el más revelador y el más problemático. A partir de la misma imagen, el sistema creó un perfil detallado basado en patrones estadísticos y, como era de esperar, sesgos algorítmicos:

Origen étnico (raza mediterránea) y nivel de ingresos estimado (entre 25.000 y 35.000 euros). Rasgos de personalidad (tranquilo, introvertido) y aficiones (viajar, fitness, comida). Orientación ideológica y religiosa (partido agnóstico, democrático).

El objetivo de esta extensa elaboración de perfiles es, en última instancia, la segmentación empresarial. La plataforma sugirió ciertos anunciantes (Duolingo, Airbnb) que tendrían altas probabilidades de éxito con un perfil cerrado. Lo relevante no es el grado de precisión, sino la demostración de que una sola imagen es suficiente para que una máquina construya una identidad compleja y procesable de un individuo.

Del perfilado a la influencia: el riesgo de la manipulación algorítmica

Si un algoritmo puede inferir nuestra ideología, ¿su objetivo es simplemente ofrecernos contenido relacionado o amplificar esa propensión para hacernos más predecibles y rentables?

Es una línea borrosa entre personalización y manipulación. Meta, por ejemplo, ha experimentado con usuarios generados por IA diseñados para interactuar con perfiles solitarios y ampliar su tiempo en la plataforma. Y si los sistemas pueden simular la socialización, también pueden crear entornos informativos que guíen sutilmente opiniones y decisiones.

A esto se suma la falta de control real sobre nuestros datos. La multa récord de 1.200 millones de euros impuesta a Meta en 2023 por transferir ilegalmente información de Europa a Estados Unidos muestra que el cumplimiento de las grandes tecnologías se está convirtiendo en un cálculo de riesgo-beneficio en lugar de un principio ético.

La conciencia crítica como herramienta de defensa

El resultado de esta elaboración de perfiles masivos es la consolidación de la “burbuja de filtro”, un concepto acuñado por Eli Pariser para describir cómo los algoritmos nos encierran en un entorno de información que refuerza nuestras creencias. Así, cada usuario habita un mundo digital adaptado a sus necesidades, pero también más cerrado y polarizado.

Ser consciente de que cada interacción digital alimenta este ciclo es el primer paso para mitigar sus efectos. Herramientas como TheiSeeYourPhotos son valiosas porque revelan cómo se construye la ilusión de personalización que define nuestra experiencia en línea.

Por lo tanto, nuestras redes sociales no son un reflejo del mundo real, sino una construcción algorítmica diseñada para nosotros. Comprender esto es esencial para salvaguardar el pensamiento crítico y navegar en un entorno digital cada vez más complejo.


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