Ilustración de La última pelea de Moby Dick en la edición de 1902 Wikimedia Commons, CC BI
Cada dos o tres años releo Moby Dick. No soy canon: basta con hojear un capítulo o recorrer el monólogo del capitán Ahab para disfrutar de la “Biblia americana”, en palabras del historiador Nathaniel Philbrick, y encontrar un nuevo matiz, un giro inesperado en la historia.
Moby Dick es la novela total del siglo americano, una tragedia griega en forma de literatura moderna. Leer hoy sobre la caza de ballenas beluga en Washington que colapsó debido a las nevadas es más oportuno que nunca.
Publicado en 1851, Herman Melville logró convertir el barco Pequod en una alegoría de la joven república. En el proceso de expansión hacia el oeste, la llegada de los ferrocarriles, la exploración de ríos y montañas, la institución de la esclavitud y la revolución industrial emergente, Estados Unidos unió dos océanos y se convirtió en una poderosa potencia hegemónica.
Exegetas idealistas versus realistas
Es la esencia de un país que realmente cree que tiene una misión y un destino manifiesto. La novela facilitó todo tipo de interpretaciones.
Para los idealistas, la tripulación cosmopolita, el comercio mundial del petróleo y la voz de Ismael representan los valores no negociables del proyecto político de democracia deliberativa.
En cambio, los realistas identifican otras ideas. El barco navega solo en el duro entorno de la naturaleza. Debemos defender la soberanía del Pequod y atacar a la ballena, el enemigo absoluto. Sin aliados ni discusión sobre el rumbo que había marcado el capitán.
En la polis flotante, Ahab es el único piloto. Su complacencia, su ego, su fanatismo y su venganza destruyen la aventura.
Itinerario del Trumpismo 2.0
La novela proyecta los itinerarios de la segunda administración Trump. El capitán, hoy a orillas del Potomac, sigue su propia obsesión bajo el lema Make America Great Again y requiere todos los instrumentos necesarios para realizar su proyecto.
No existen contrapesos legítimos ni legales, como él mismo recordó en el New York Times. Los únicos límites son tu mente y tu moral. Esta honestidad devastadora justifica el acaparamiento de órdenes ejecutivas, políticas semánticas o la militarización de la vida pública.
El poder expansivo del presidente, como en la novela, es una cruzada contra las instituciones y la globalización. Sujetos a un estrés constante, carecen de capacidad efectiva, como una tripulación que obedece al carácter y voluntad del capitán.
¿Por qué no hay disturbios? La sociedad civil estadounidense, junto con empresas, universidades y periódicos, reconocen la vigilancia gratuita. Cuando protesta, como en Minneapolis, el capitán apenas escucha. Este tipo de capitulación, en la novela, termina en desastre con el hundimiento del Pequod. El naufragio aún no se ha producido, pero estas próximas elecciones y las primeras decisiones judiciales serán fundamentales para el futuro del sistema político.
Venganza y tristeza ante el mar electoral
Moby Dick es una historia de venganza y arrepentimiento. “Golpearía al sol para ofenderme”, grita Ahab, aunque bien podría estar en boca del mismo presidente que declaró: “Si vienen por mí, yo iré por ellos”. La cita resume la desconfianza en los resultados de las elecciones de 2020 y las próximas elecciones de noviembre de 2026, los ataques a la independencia de la Reserva Federal, una conspiración para otorgar el Premio Nobel de la Paz o un ataque a la política de competencia europea.
Las heridas -reales o figuradas- forman una narrativa que prevé una cruzada contra todo (normas, instituciones, ideas) y contra todos (la Unión Europea, Canadá, México, Venezuela o China).
“Yo soy tu justicia (…) y tu venganza”, declaró Trump en la Conferencia de Acción Política Conservadora de 2023. El discurso atrae a votantes blancos desplazados por las políticas del Partido Demócrata, afroamericanos, hispanos conservadores o trabajadores empobrecidos por la inflación y el costo de vida.
Sin petróleo, sin aceite de ballena
La expedición de Trump no insiste en el petróleo de ballena, que algunos han comparado con el petróleo venezolano e iraní, ni en la proliferación de los centros de datos y la economía digital. La captura de Nicolás Maduro revela el plan de Ahab: nada basta para recuperar la hegemonía perdida. El orden internacional liberal debe ser derrocado para ser reemplazado por la geopolítica del siglo XIX. Poderes fuertes, fronteras, seguridad y geoeconomía, energía y materias primas, alianzas cambiantes y apetitos voraces.
Sin principios ni valores que aspiren a ser universales, el trumpismo establece una lógica de suma cero. El corto plazo es el nuevo estándar. Como en la novela, el petróleo ya almacenado se desperdicia con la promesa de atrapar una “ballena”. Esta obsesión vengativa del capitán anticipa el naufragio. Porque los antiguos Estados Unidos del siglo XIX, con su poder vigente, su poder vertical en el hemisferio occidental y su superioridad militar, tendrán menos aliados.
Hay una voz de advertencia, la misma que escucharon dieciséis ex embajadores y ex generales: la OTAN no es un acto de generosidad, sino un pilar estratégico para multiplicar una fuerza eficaz y disuasoria en Europa, el norte de África y el Cáucaso.
La retórica de la multipolaridad debilita a Estados Unidos. Si la seguridad es un servicio, habrá menos mecanismos de seguridad colectiva y más proveedores en el mercado de políticas e ideas de defensa. Y el mundo será más peligroso.
El futuro ha comenzado: el presidente Trump ha levantado el ancla y ha fijado un rumbo. Como los viajes oceánicos de la novela, el olvido de las leyes del mar, convertir la decisión del capitán en una cuestión de soberanía y el deseo de conquistar la naturaleza no terminan en un resultado exitoso.
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


