Las redes sociales pueden llamar la atención sobre los delitos, un factor clave para reducir el riesgo de reincidencia.

ANASTACIO ALEGRIA
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A menudo se culpa a las redes sociales de incitar a la violencia. Pero puede desempeñar un papel positivo al llamar la atención sobre delitos (tanto pasados ​​como presentes) que, según las investigaciones, pueden reducir la probabilidad de que ocurran.

Eso es lo que encontramos cuando comparamos el papel de las redes sociales en dos contextos muy diferentes: la guerra civil en Siria y las campañas que abordan las injusticias históricas contra los pueblos indígenas en Canadá.

Nuestra investigación examinó cómo las redes sociales funcionan no sólo como un espacio para la ira, sino también como una herramienta para decir la verdad, la memoria colectiva y, potencialmente, la prevención del delito.

A primera vista, Siria y Canadá no podrían ser más diferentes. Siria ha sufrido más de una década de violencia masiva, desplazamientos y represión durante una devastadora guerra civil. Incluso con el derrocamiento del brutal régimen de Assad, el país todavía está lejos de ser estable.

Canadá, por el contrario, es una democracia estable. Sin embargo, lidia con las consecuencias intergeneracionales del colonialismo, incluido el legado de las escuelas residenciales y la crisis de mujeres y niñas indígenas desaparecidas y asesinadas.

Lo que comparten estos casos es un activismo continuo y muy visible en las redes sociales destinado a abordar los crímenes pasados ​​y actuales.

Analizamos un conjunto de datos de 4.997 publicaciones en redes sociales recopiladas a partir de campañas de hashtags seleccionadas en Canadá y Siria entre 2012 y 2024. El objetivo era evaluar cómo el activismo digital apoya los mecanismos de decir la verdad, la memoria colectiva y la prevención del delito.

Descubrimos que en Siria etiquetas como #SaveSyria surgieron durante la guerra civil como herramientas para documentar atrocidades, movilizar ayuda humanitaria y llegar a audiencias internacionales.

En Canadá, campañas como #TruthAndReconciliation, #EveryChildMatters y #MMIVG se centran en enfrentar la injusticia histórica y fortalecer las voces indígenas que exigen reformas sistémicas.

Pero por sí solas, estas campañas no logran mantener la atención pública. Nuestros hallazgos muestran que la participación del hashtag aumenta significativamente en momentos de crisis y ajuste de cuentas antes de disminuir.

En Siria, los períodos de delincuencia activa y emergencias humanitarias se asocian con fuertes aumentos en el uso de hashtags, mientras que en Canadá, la participación aumenta significativamente durante momentos destacados a nivel nacional de decir la verdad y reconciliación, como el Día Nacional de la Verdad y la Reconciliación anual (reconocido a nivel federal a partir de 2021), que reaviva el compromiso #VerdadYReconciliación.

Aunque la magnitud de estos picos varía según el contexto, la agrupación temporal de la actividad en ambos casos muestra que la visibilidad en las redes sociales está impulsada por shocks políticos y morales discretos más que por un compromiso sostenido de las bases.

Por qué es importante

Estos hallazgos desafían dos suposiciones comunes pero contradictorias: que las redes sociales son inherentemente peligrosas y que son inherentemente transformadoras.

El discurso de odio y la desinformación en línea han sido implicados en alimentar atrocidades en lugares como Myanmar, Etiopía y Sri Lanka.

Sin embargo, en Siria descubrimos que las redes sociales a menudo ponían en primer plano términos humanitarios como “rescatar”, “niños”, “ayudar” y “sobrevivir”, apuntando a un “terreno medio” para la prevención, es decir, tratar de limitar el daño mientras se cometen atrocidades.

En Canadá, se ha descubierto que el activismo en las redes sociales está orientado a la prevención “en sentido descendente”, es decir, intervenciones después de que ha cesado la violencia masiva que buscan prevenir futuras atrocidades.

Las campañas digitales ayudan a hacer visibles las injusticias históricas mucho después de que se publican los informes oficiales, un elemento clave en las estrategias de prevención a largo plazo destacadas por las Naciones Unidas.

Si bien muchos descartan el activismo digital como “slacktivismo”, descubrimos que en ambos casos, el uso de las redes sociales tiene más matices.

Las plataformas digitales amplifican las voces pero también fragmentan las narrativas. Los algoritmos premian la intensidad emocional en lugar de la deliberación sostenida. La concentración del compromiso en torno a eventos emocionalmente destacados, seguida de un rápido declive, es consistente con plataformas que privilegian el contenido de alta intensidad y al mismo tiempo limitan la durabilidad de la evidencia y la deliberación, particularmente en contextos marcados por la represión y el acceso digital desigual.

Las redes sociales pueden amplificar las voces, pero por sí solas no pueden sostener el compromiso internacional ni reemplazar la acción política coordinada. Para los formuladores de políticas y los profesionales, la implicación no es abandonar las redes sociales, sino integrarlas.

Lo que aún no se sabe

A pesar de la creciente atención al activismo digital, quedan preguntas importantes sin respuesta.

Todavía sabemos relativamente poco sobre cuándo la visibilidad en línea se traduce en resultados reales de prevención. No todo salto de atención produce cambios de políticas, ni todos los archivos digitales conducen a la rendición de cuentas.

La durabilidad de la evidencia digital es incierta, especialmente a medida que las plataformas cambian sus políticas de moderación, restringen el acceso o desaparecen por completo.

Tampoco está claro cómo la gobernanza algorítmica da forma a la memoria colectiva a lo largo del tiempo. Qué historias sobreviven, cuáles se desvanecen y cuáles se suprimen activamente son decisiones que toman cada vez más empresas privadas, no instituciones públicas. Estas dinámicas plantean interrogantes sobre el poder, la responsabilidad y la preservación a largo plazo de los registros históricos.

Finalmente, se necesita más investigación sobre el compromiso intergeneracional. Las generaciones más jóvenes suelen encontrarse primero con historias de violencia a través de plataformas digitales. Aún no se ha explorado bien cómo esto moldea las actitudes políticas, la empatía y los resultados de la prevención.

¿Qué sigue?

Nuestros próximos pasos se basan en estas brechas. Nuestra investigación futura ampliará la lente comparativa más allá de Canadá y Siria, examinará el papel de la gestión de plataformas y la IA en la configuración de narrativas de atrocidades y explorará de manera más sistemática cómo la movilización en línea se conecta (o falla) con los esfuerzos de prevención y justicia fuera de línea.

El Research Brief es una breve descripción de trabajos académicos interesantes.


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