La vacilación es cara en el deporte, pero necesaria para la vida: los neurocientíficos han identificado su circuito cerebral

ANASTACIO ALEGRIA
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En los Juegos Olímpicos de Invierno, los esquiadores, trineos, patinadores de velocidad y muchos otros atletas deben dominar un momento crítico: cuándo empezar. Esa fracción de segundo es la más importante durante una competición, porque cuando todos son fuertes y hábiles, un momento de vacilación puede separar el oro de la plata. Un competidor que dude demasiado se quedará atrás, pero si comienza demasiado pronto será descalificado.

Aunque las circunstancias son menos intensas, esta paradoja de la vacilación se aplica a la vida cotidiana. Esperar el momento adecuado para cruzar la calle o hacer una pausa antes de decidir si contestar una llamada de un número que no reconoce son ejemplos cotidianos de vacilación. Es importante destacar que algunas afecciones psiquiátricas, como el trastorno obsesivo-compulsivo, se caracterizan por la impulsividad o la falta de vacilación, mientras que la vacilación excesiva es una consecuencia perjudicial de varios trastornos de ansiedad.

Como neurocientífica, trabajé para descubrir cómo el cerebro decide cuándo actuar y cuándo esperar. Investigaciones recientes realizadas por mi equipo y por mí ayudan a explicar por qué se produce esta pausa de una fracción de segundo, ofreciendo información no sólo sobre el rendimiento deportivo de élite, sino también sobre cómo las personas toman decisiones cotidianas cuando el resultado potencial no está claro.

Descubrimos que la clave de la vacilación es una respuesta a la incertidumbre. Aquí podría ser donde cae un disco de hockey, cuando comienza la carrera o cuando haces un pedido en un nuevo restaurante.

Cada milisegundo cuenta cuando la competencia es feroz. Tom Weller/Getty Images La vacilación y el cerebro

Para comprender cómo el cerebro controla la vacilación, mis colegas y yo ideamos una tarea sencilla de toma de decisiones en ratones.

La tarea requería que el cerebro del ratón interpretara señales que eran previsiblemente buenas, previsiblemente malas o, lo más importante, inciertas, con un significado intermedio. Diferentes tonos de audio indicaban si una gota de agua azucarada estaba a punto de ser entregada, no entregada o si tenía una probabilidad de entrega del 50/50.

El comportamiento de los ratones no afectaría el resultado. Sin embargo, los ratones aún esperarían más antes de lamer para ver si se les otorgaba una recompensa en el escenario incierto. Al igual que con los humanos, las situaciones impredecibles provocaban retrasos en la respuesta. Esta vacilación no fue el resultado de cambiar entre opciones en medio de la indecisión, sino de un proceso cerebral activo y regulado que se detuvo antes de actuar sobre la incertidumbre ambiental.

Cuando examinamos la actividad neuronal asociada con el inicio de lamer, identificamos un grupo específico de neuronas que se activaban sólo cuando los resultados eran ambiguos. Esas neuronas controlaban eficazmente si el cerebro debía comprometerse con una acción o hacer una pausa para recopilar más información. El grado de actividad de estas neuronas podría predecir si los ratones dudarían antes de tomar una decisión.

Para confirmar que estas neuronas desempeñaban un papel en el control de la vacilación, utilizamos una técnica llamada optogenética para activar o desactivar brevemente estas células cerebrales. Cuando activamos las neuronas, los ratones dudaron más. Cuando los silenciamos, esa vacilación se desvaneció y sus respuestas fueron varios cientos de milisegundos más rápidas, en consonancia con sus reacciones ante situaciones predecibles.

Los investigadores pueden utilizar la optogenética para activar o desactivar las células cerebrales. La vida cotidiana, las enfermedades y las carreras cuesta abajo.

Nuestros hallazgos sugieren que la vacilación, más que una debilidad que hay que superar, parece ser una característica fundamental del cerebro que ayuda a los humanos y a los animales a navegar en un mundo incierto y evitar errores costosos.

Nuestro estudio también proporciona información sobre el equilibrio entre acción e inactividad en la salud y la enfermedad. Las neuronas de fluctuación se encuentran en los ganglios basales, la misma parte del cerebro afectada por la enfermedad de Parkinson, el TOC y la adicción. Si bien los investigadores aún tienen que determinar cuánta superposición o interacción existe entre las células involucradas en la vacilación y las afectadas por trastornos psiquiátricos, sus circuitos superpuestos sugieren posibles objetivos para el tratamiento.

Nuestro siguiente paso es comprender cómo las células que controlan la vacilación interactúan con los medicamentos que tratan el TDAH y el TOC, afecciones en las que los pacientes pueden reaccionar impulsivamente ante situaciones cambiantes o inciertas.

También pretendemos identificar qué áreas del cerebro proporcionan a estas células información sobre la incertidumbre, la señal ambiental tan crítica para la vacilación. Si bien los investigadores han descubierto que varias partes del cerebro llamadas corteza prefrontal codifican la incertidumbre, no está claro cómo el cerebro usa realmente esta información, dónde se encuentra el caucho.

La vacilación no es un defecto, es una característica crítica para navegar en un mundo impredecible. Ya sea que sea un patinador artístico que espera el momento perfecto para lanzar su salto o simplemente continúa con su día, el circuito detrás de la vacilación juega un papel importante a la hora de cronometrar la acción correcta.


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