Imaginemos que Juan, un personaje ficticio, tiene esquizofrenia y manifiesta los rasgos más comunes de este trastorno. Inmediatamente podemos pensar que en algunos momentos escucha voces que lo incitan a hacerse daño y que lo menosprecian.
Tampoco nos sorprenderá que pueda pensar, sin motivo alguno, que la gente está en su contra, o que sus vecinos están conspirando para espiarlo.
Sin embargo, probablemente no consideramos que, como adulto y cuando tienes poco más de 20 años, afecta significativamente tu capacidad para juzgar, recordar y controlar tus reacciones, así como la velocidad a la que trabaja tu mente.
Del mismo modo, Juan puede tener dificultades con la gestión emocional y las relaciones sociales, como interpretar las emociones que muestran otras personas. Todo esto afectará la forma en que administra su hogar o puede causarle muchas dificultades para mantener un trabajo estable.
Fondo
Ya hay antecedentes de personas con problemas importantes de salud mental en la familia de Juan.
El tío de su padre era un “loco de pueblo” cuando su familia vivía en un pequeño pueblo de la comarca valenciana de La Costera. Asimismo, el hermano de su padre ingresó en el antiguo Asilo Beter en un episodio donde experimentó una alegría excesiva y organizó una gran fiesta con sus amigos gastando los pocos ahorros que tenía.
El nacimiento de Juan, en febrero de 1970, fue difícil. La infancia y adolescencia de Juan también lo fueron. Su familia emigró del pequeño pueblo de La Costera al pequeño pueblo de Mislata, porque trabajar en el campo no les daba a su padre y a su madre suficiente dinero para criar a Julia, la hermana mayor de Juan, y al propio Juan. La situación económica en Mislata no mejoró mucho y el padre dedicaba el poco tiempo libre que tenía a la taberna, jugando al dominó y bebiendo cerveza.
Juan de niño y adolescente
Juan era un niño solitario y con dificultades en el colegio, que se hicieron más importantes con el paso de los años. También tenía ideas y comportamientos extraños, como hablar con piedras hasta los 12 años porque tenían “alma”. En todo esto se parecía a su hermana Julia.
Pero Juan, sobre todo, tenía dificultades para recordar contenidos académicos. Con gran dificultad logró obtener el título de técnico en farmacia y el permiso de conducir.
joven juan
A los 19 años prácticamente perdió el contacto con sus amigos del instituto y no tuvo nuevos. Pasaba gran parte de su tiempo libre en su habitación, fumando tabaco y cannabis.
Se volvió cada vez más ansioso y no tuvo un trabajo exitoso. Comenzó a trabajar en diferentes comercios y farmacias. Fue despedido con varios de ellos, lo que le provocó mucha frustración.
Primer episodio psicótico
A los 21 años, un día empezó a escuchar voces que lo insultaban y lo animaban a hacerse daño porque era “lo que se merecía”. No salió de la habitación hasta dos días después cuando su padre, muy preocupado por lo que había vivido con su tío y su hermano, contactó con el médico de cabecera.
Ingresó forzosamente en la unidad de agudos psiquiátricos del Hospital de la Fe (Valencia), donde presentó una importante disminución de la voz y molestias asociadas.
La familia también, a raíz de este episodio, lo encontró más distraído y torpe mentalmente, además de más lento, problemas que se prolongaron por el resto de su vida con mejores y peores momentos.
juan en la edad adulta
Nunca volvió a trabajar ni a conducir. Y dos años después del primer ingreso decidió dejar de tomar la medicación, porque el psiquiatra no le hacía caso y no tenía motivos para tomar medicación.
Esto provocó otro ingreso involuntario, del que regresó a casa más estable y con una indicación a la familia de que Juan tomara su medicación todos los días. Con la medicación habitual, los nuevos episodios psicóticos son menos frecuentes y las voces aparecen con menos frecuencia.
Todavía tiene una ligera falta de confianza y su lentitud va en aumento, aunque sus capacidades mentales son en general estables. Sin embargo, cada vez le resulta más difícil realizar actividades cotidianas, como mantener ordenada su habitación y participar en las tareas del hogar.
Además, tiende a sentarse, sigue fumando y su alimentación no es la ideal.
Por otro lado, visita periódicamente el servicio donde realiza rehabilitación de funciones cognitivas y tareas diarias, así como socialización, yoga y otras actividades.
Desde los 45 años, Juan vive en un piso tutelado coordinado por una asociación para la atención a personas con trastornos mentales. Este cambio de residencia se produjo después de que su padre sufriera un ictus con importantes repercusiones motoras y cognitivas.
Posible viejo juan
Los monitores del apartamento revelan que a sus 65 años, Juan es cada vez más distraído y olvidadizo.
Los especialistas en neurología y neuropsicología descartan cualquier demencia primaria, como la enfermedad de Alzheimer. De hecho, la mejora posterior en la memoria indica que esta disminución sería parte del curso fluctuante de las capacidades mentales que típicamente ocurre en la esquizofrenia.
Y una mañana de 2040, encuentran a Juan muerto en su cama, a los 70 años. Una autopsia confirma la causa: un infarto. De hecho, las personas con esquizofrenia tienen una esperanza de vida 10 o más años menor que la población general, especialmente debido a factores de riesgo cardiovascular.
La vida ficticia de Juan nos muestra que los problemas cognitivos (memoria, velocidad mental, capacidad de autocontrol, organización…), emocionales y relacionales están presentes durante la vida de todas o casi todas las personas con esquizofrenia.
Por tanto, estos problemas deben ser los principales objetivos del tratamiento dentro de un enfoque integral con enfoque biopsicosocial, para que la persona pueda tener una vida lo más autónoma y de calidad posible.
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