La reciente victoria de José Antonio Casto y su llegada a la presidencia de Chile no fue una sorpresa. Se vio tras el control en la primera ronda. La candidata Jeanette Jara obtuvo el 26,8% de los votos y Kast el 23,9%. Había otros ocho candidatos en la carrera, pero los boletos fueron sorteados. Mientras que el centroizquierdista Gabrijelo Borić apoyó a Jara, los otros dos candidatos de la derecha tradicional, Evelin Matej y Johannes Kaiser, tuvieron la tarea de unir fuerzas para el candidato ultraconservador, que logró salir victorioso con el 58 por ciento de los votos.
Lo anterior marca una contundente derrota de la izquierda en el país austral, que, con un pasado anti-Pinoche, acaba de elegir a un presidente que se declaró admirador de la dictadura (1973-1990) y que además es hijo de un padre que algunas fuentes dicen partidario del movimiento nazi.
En este orden de ideas, hay un cambio drástico en la política en Chile. Esto fue creado en respuesta a las brechas en el gobierno de Gabrijelo Borić y los desafíos en materia de seguridad y migración. Las dos mayores preocupaciones de la sociedad chilena, que se convirtieron en los ejes de la campaña de Casto.
Escudo fronterizo con eco de Trump
La llegada de Kast al poder el 11 de marzo marca el inicio del Plan Escudo Fronterizo, que inundará la parte norte del país con muros, alambres de púas y zanjas.
Siguiendo al estilo Donald Trump, el presidente electo implementará sus políticas antiinmigración y ha anunciado que se reunirá con los ministros de Seguridad, Defensa, Interior y Justicia en los próximos días para comenzar a implementar sus promesas de campaña.
Esta nueva agenda diluye la memoria de la época de Pinochet y la izquierda de Borić se convierte en una gran perdedora. Su reinado comenzó en 2021, cuando sólo tenía 35 años. Su liderazgo surgió con gran fuerza, respaldado por un clamor social sin precedentes, que se apoderó de la narrativa del cambio constitucional. Más de cuatro años después, el presidente Borić deja la Casa de la Moneda con un legado que es en vano en casa, pero que se ve de manera diferente en el extranjero.
Razones internas y externas.
Dentro del país, la imagen de Borić no se percibe de la misma manera que la que se proyecta en el exterior. Dentro de Chile, el aumento de la criminalidad y la inseguridad ha creado una imagen negativa lo suficientemente poderosa como para que los ciudadanos decidan nuevamente saltar de izquierda a derecha, como ha sucedido en otros países de la región en los últimos años.
Así lo indican las cifras del Indicador Nacional de Crimen Organizado (2022-2024), informe de la Universidad de San Sebastián. “En 2024 se denunciaron al Ministerio 86.323 delitos relacionados con el crimen organizado, un 21,6% más que en 2023. Respecto a 2022, el incremento es del 31,8%, lo que equivale a 20.825 más en tan solo dos años”.
Pero esta respuesta también ha estado acompañada de pocos resultados por parte del gobierno. El plebiscito constitucional de diciembre de 2023 fue fuertemente rechazado en las urnas. La iniciativa, que buscaba sustituir la Constitución, recibió casi un millón y medio de votos menos que el “no”, lo que dejó al gobierno sin base para presentar el plan propuesto en campaña.
En el ámbito internacional, la imagen de Borić es más favorable. Representa a la izquierda latinoamericana y es moderado. En ese momento, criticó las atípicas elecciones venezolanas, en las que nunca se presentaron los registros de votación. No dejó de lado la oportunidad para condenar el papel de Naiinb Bukele, el presidente de El Salvador.
Borić tiene actualmente 40 años y, aunque es producto de la situación, seguramente continuará su carrera política. La izquierda que representa está dando paso a José Antonio Casto, un líder de larga data, tres veces candidato, que tiene el 57 por ciento del voto popular. Su éxito contribuye a una tendencia regional de movimiento hacia la derecha que se observa en países como Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay.
Pero ese péndulo, que se ha convertido en una constante en Chile desde que Michelle Bachelet tomó el poder de manos de Ricardo Lagos, no es sólo un reflejo de un país con una dicotomía entre derecha e izquierda, sino también de una región decidida a encontrar el cambio. Algo que es producto de un ejercicio democrático, donde la gente vota con el corazón en la primera vuelta y con la mente en la segunda.
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