Impulso e inhibición: las complejas formas en que el cerebro bilingüe equilibra la razón y la emoción

ANASTACIO ALEGRIA
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Si eres bilingüe, las decisiones morales a menudo pueden ser más urgentes y cargadas de emoción en un idioma, y ​​más distantes y racionales en el otro. Esto plantea una pregunta intrigante: ¿el lenguaje simplemente da forma a la forma en que expresamos nuestros pensamientos, o puede también influir en lo que consideramos correcto o incorrecto?

Nuestro equipo de investigación investigó esta cuestión, observando no sólo cómo la toma de decisiones morales se ve influenciada por el lenguaje que usa una persona, sino también por sus habilidades cognitivas y emocionales subyacentes.

Al examinar factores como la memoria de trabajo y la inteligencia emocional junto con los conocimientos lingüísticos, nuestra investigación va más allá de la idea de un “efecto de lengua extranjera” simplista y ofrece una imagen más matizada de cómo las mentes bilingües gestionan el equilibrio entre emoción y cognición cuando se enfrentan a dilemas morales.

Razón contra emoción

Las decisiones morales rara vez son el resultado únicamente de un frío cálculo. Cuando las personas enfrentan dilemas como el de si dañar a una persona para salvar a varias otras, sus juicios surgen de la interacción entre el razonamiento deliberado y las reacciones emocionales inmediatas. Sentimientos como la culpa, la empatía o la aversión al daño no son efectos secundarios del razonamiento moral; lo guían activamente, a menudo empujándonos hacia decisiones que son “correctas” en lugar de simplemente lógicas.

Este componente emocional ha jugado un papel central en la investigación bilingüe sobre la toma de decisiones morales. Varios estudios han informado que las personas tienden a encontrar soluciones más utilitarias cuando piensan en un idioma distinto de su lengua materna.

Este fenómeno, conocido como efecto moral de una lengua extranjera, a menudo se considera una consecuencia del desapego emocional: el uso de un lenguaje menos basado emocionalmente puede amortiguar las reacciones intuitivas e inclinar la balanza hacia juicios más analíticos. Sin embargo, nuestra nueva investigación ha demostrado que la relación es más compleja de lo que parece a primera vista.

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Lo que hicimos diferente

Nuestro último estudio fue más allá de simplemente preguntar si las personas bilingües toman decisiones morales diferentes según el idioma que utilizan. En cambio, nos centramos en por qué podrían ocurrir estas diferencias examinando los mecanismos cognitivos y emocionales que respaldan la toma de decisiones morales.

Fundamentalmente, también miramos más allá del lenguaje mismo para considerar las experiencias lingüísticas individuales. Esto incluye factores como cuándo las personas aprendieron su segunda lengua, qué tan competentes son en ella y cuánto tiempo han vivido y estado inmersos en el entorno social y cultural de la lengua.

Para ello, pedimos a 90 bilingües chino-inglés que evaluaran una serie de dilemas morales presentados en su primera y segunda lengua. Para cada dilema, los participantes indicaron lo que harían e informaron la intensidad emocional que experimentaron al tomar la decisión.

Para capturar diferencias individuales que a menudo se pasan por alto, también completaron tareas separadas que evaluaban el control inhibitorio (la capacidad de suprimir respuestas automáticas o impulsivas), la actualización mental (la capacidad de reemplazar información obsoleta con nueva información), la capacidad de conmutación (la capacidad de cambiar entre tareas o formas de pensar) y la inteligencia emocional (la capacidad de reorganizar, comprender y reorganizar emocionalmente).

Suposiciones desafiantes

Nuestros resultados proporcionan una imagen matizada de cómo las personas bilingües toman decisiones morales.

En primer lugar, no encontramos evidencia consistente de que los juicios morales difieran sistemáticamente entre la primera y la segunda lengua. Esto sugiere que el efecto moral de una lengua extranjera puede ser menos fuerte de lo que se suponía anteriormente.

En segundo lugar, las capacidades cognitivas desempeñaron un papel central en la toma de decisiones morales. Las habilidades de actualización mental más sólidas se asociaron con más opciones deontológicas (basadas en reglas y obligaciones) tanto en la primera como en la segunda lengua. Por el contrario, un mayor control inhibitorio predijo juicios más utilitarios sólo cuando los participantes razonaban en su segunda lengua.

Finalmente, la inteligencia emocional y los factores relacionados con el lenguaje frecuentemente estudiados, como la edad de adquisición de una segunda lengua, el nivel de dominio o la duración de la inmersión, no fueron predictores sólidos ni de las elecciones morales ni de la intensidad de las reacciones emocionales. En cambio, las diferencias en el control cognitivo explicaban mejor cómo las personas abordaban los dilemas morales.

En conjunto, estos hallazgos sugieren que cuán cuidadosa o impulsivamente pensamos puede ser más importante que el lenguaje que usamos para pensar. En lugar de que el lenguaje en sí frene las respuestas emocionales, la toma de decisiones morales también parece depender de los recursos cognitivos a los que podemos recurrir en el momento de elegir, incluida nuestra capacidad para actualizar la información e inhibir respuestas inmediatas e intuitivas.

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Fuera del laboratorio

Nuestros hallazgos muestran que la toma de decisiones morales no puede reducirse al lenguaje que utilizamos. Las afirmaciones populares, como la idea de que pensar en una lengua extranjera conduce automáticamente a elecciones más utilitarias, ignoran el papel de las diferencias cognitivas individuales y las experiencias lingüísticas más amplias de los hablantes bilingües.

Nuestro estudio sugiere que el juicio moral depende menos del distanciamiento emocional inducido por otro idioma y más de los recursos cognitivos que las personas aportan a la decisión misma, específicamente su capacidad para mantener información relevante y regular respuestas competitivas.

Estas ideas se extienden más allá del bilingüismo. Cuestionan los supuestos ampliamente difundidos sobre cómo las personas toman decisiones morales y sugieren que los juicios éticos no pueden explicarse únicamente por el contexto lingüístico.

Esto tiene implicaciones importantes para la educación, donde el razonamiento moral a menudo se enseña como un conjunto de principios y no como un proceso moldeado por diferencias individuales. También es importante para la comunicación intercultural, donde los desacuerdos pueden reflejar diferencias en cómo las personas procesan los dilemas morales en lugar de diferencias en los valores.

Además, plantea interrogantes sobre el desarrollo de tecnologías como la IA, que se utilizan cada vez más para tomar decisiones éticamente sensibles y que pueden no explicar de manera consistente la variabilidad cognitiva involucrada en el razonamiento moral humano.

En un mundo cada vez más bilingüe y multilingüe, superar los supuestos simplistas sobre los efectos del lenguaje es esencial para comprender cómo las personas toman decisiones morales, ya sea que piensen en inglés, español, griego, chino o cualquier otro idioma.


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