Las praderas de Posidonia oceanica son una de las comunidades biológicas más importantes del Mediterráneo. En algunas zonas de la costa de Ibiza aún son extensas y estructuralmente bien conservadas, gracias en gran parte al intenso trabajo de difusión de información realizado durante las últimas décadas.
La mala noticia es que este estado de buena conservación identificado en algunas zonas de la isla no siempre es indicativo de un buen estado ecológico. Al analizar las comunidades de peces asociadas a estas praderas, la realidad es más compleja y preocupante.
Pradera oceánica de posidonia. CC BI Censos de peces.
Los inventarios visuales de peces que realizamos en el marco del proyecto MarPitius25 Aula Ibiza Preservación de Criminología Azul de la Universitat Jaume I muestran que, incluso en praderas bien desarrolladas, las comunidades acuáticas pueden presentar una riqueza específica baja -el número total de especies del hábitat-. Además, su abundancia (el número total de individuos de una especie particular presentes en un área, comunidad o ecosistema determinado) y su biomasa (la cantidad total de materia orgánica viva en un área) son inferiores a lo que se esperaría para este tipo de hábitat.
Este contraste entre el buen aspecto del hábitat y la respuesta biológica plantea cuestiones relevantes sobre el funcionamiento real de los ecosistemas costeros de Ibiza.
Piscis tiene mucho que decir
Nuestro proyecto de investigación comenzó realizando un censo de peces para un diagnóstico científico del impacto acumulativo en las aguas costeras de Ibiza.
Las praderas de Posidonia oceanica son hábitats prioritarios y son particularmente sensibles a las presiones antropogénicas, como la salinidad, la turbidez, los efluentes urbanos y otros cambios asociados al uso costero intensivo. Por tanto, la fauna que puede albergar este hábitat prioritario es un indicador biológico directo del estado del ecosistema.
El trabajo de campo se realizó en junio de 2025, coincidiendo con un periodo de alta presión en la costa de Ibiza. Elegimos tres zonas de estudio -Santa Eularia, Cala Sol d’en Serra y Talamanca- por su importancia ecológica y social, así como por su proximidad a desagües -conducciones para el transporte de aguas residuales parcialmente depuradas hasta zonas de vertido, que se sitúan principalmente en el mar- y zonas que acumulan diferentes impactos antropogénicos.
El muestreo, realizado por el Laboratorio Marino de Dénia del Instituto Multidisciplinar de Medio Ambiente “Ramon Margalef” de la Universidad de Alicante, se realizó mediante sondeos visuales con buceo autónomo.

Los investigadores Cesar Bordehore (izquierda) y John Dobson, durante la ejecución del proyecto en aguas de Ibiza. Eva Fonfria y Esteban Morelle-Hungría Baja riqueza y biomasa
Se evaluaron un total de 3.243 individuos pertenecientes a 15 especies, además de la categoría registrada como “juveniles no identificados”. Por localidades, se descubrieron 12 especies en Cala Sol d’en Serra, 12 en Talamanca y 11 en Santa Eularia.
Las comunidades estuvieron dominadas numéricamente por un pequeño grupo de cinco especies, entre las que destacaron Chromis chromis, Oblada melanura, Sarpa salpa, Coris julis y Boops boops. Mientras tanto, aparecieron otras especies con abundancia mucho menor.

Salema (Sarpa jedra). Diego Delso/Wikimedia Commons., CC BI
A nivel local, las medias estandarizadas muestran diferencias espaciales pero un patrón común de biomasa relativamente baja para praderas de Posidonia oceanica bien conservadas.
El propio informe enfatiza que algunas especies sociales pueden proporcionar abundancia y biomasa sin reflejar necesariamente una comunidad estructuralmente compleja, razón por la cual es esencial analizar su conjunto completo: un subconjunto de especies taxonómicamente relacionadas que coexisten en un lugar y tiempo particular.
Predominio de tallas pequeñas
En todas las estaciones muestreadas se observa un claro predominio de individuos pequeños, seguido de una presencia extremadamente reducida de adultos.
Este patrón, que se repite consistentemente en las tres áreas de estudio, es particularmente sorprendente porque se registró en pastizales estructuralmente bien conservados.
Desde un punto de vista ecológico, esta combinación puede sugerir que, si bien el hábitat mantiene su integridad física, no funciona como un espacio capaz de sustentar poblaciones de peces con una estructura completa.
El informe de resultados sugiere que la baja presencia de ejemplares de mayor tamaño puede deberse a que estos individuos viajan a otras zonas o sobreviven fuera de las zonas muestreadas, en lugar de permanecer dentro de ellas. En cualquier caso, la consecuencia notoria es una comunidad dominada por tamaños pequeños y con una biomasa global reducida.
A diferencia de otras zonas del Mediterráneo
Para contextualizar estos resultados, el estudio los compara con muestreos equivalentes realizados en la costa de Dénia (Alicante). Aunque el informe mismo advierte que allí se realizaron múltiples transectos y que las comparaciones directas deben interpretarse con cautela, el contraste general es claro.
En Dénia se registró un mayor número de especies, una mayor presencia de especies de interés comercial y una estructura de tallas más equilibrada. Mientras que en Ibiza el 97,6% de los individuos correspondían a la categoría de tamaño pequeño, en Denia este porcentaje era significativamente menor. La biomasa y la diversidad también fueron mayores en la costa continental.
Este contraste refuerza la interpretación de que la costa de Ibiza puede encontrarse en una situación comprometida, en línea con la mayor intensidad y acumulación de presiones descritas en el marco de MarPitius25. Esta iniciativa interdisciplinar busca diagnosticar el impacto acumulativo de los vertidos de desaladoras, depuradoras y otros contaminantes en las aguas costeras de Ibiza, desde una perspectiva científica, jurídica y ecológica.
Las conclusiones de este estudio no se limitan a describir la situación concreta, sino que también señalan la necesidad de implementar una red de seguimiento. El informe enfatiza que es necesario repetir los censos en diferentes estaciones y durante varios años para determinar la variabilidad temporal. De esta forma, se confirmará si los patrones observados se mantienen y ayudará a comprender cómo evoluciona la estructura de las comunidades de peces.
Sólo mediante un seguimiento continuo es posible identificar con precisión las áreas más adecuadas para la creación o demarcación de áreas marinas protegidas y así evaluar si las medidas de protección implementadas contribuyen efectivamente a su recuperación.
fuera de apariencia
Los resultados ahora publicados muestran que la conservación estructural de las praderas de Posidonia oceanica por sí sola no garantiza un buen funcionamiento ecológico del sistema analizado.
Las comunidades con bajo contenido de biomasa y reducida presencia de peces, en comparación con otras áreas, pueden representar una señal de alerta que no siempre es visible a simple vista.
En este escenario, la inclusión de indicadores biológicos como composición, estructura de tamaño y biomasa de las comunidades de peces en la gestión costera nos permitirá detectar efectos antropogénicos acumulativos antes de que los daños se vuelvan irreversibles.
Y conservar el mar no se trata sólo de mantener su apariencia: hay que garantizar que los ecosistemas funcionen plena y sosteniblemente a largo plazo.
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