Funcionan pero no cuentan: ¿por qué la inmigración es clave para el estado de bienestar de España?

ANASTACIO ALEGRIA
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El Gobierno de España ha anunciado su intención de impulsar un nuevo proceso de regularización administrativa, apoyándose en las vías de asentamiento ya existentes y en la aplicación del nuevo Reglamento de Extranjería, que entró en vigor el 20 de mayo de 2025. El objetivo declarado no es sólo dar respuesta a la realidad social consolidada, sino también integrarse plenamente en la economía de cientos, miles de personas en el país. fortaleciendo así la cohesión social y la sostenibilidad del sistema de protección social.

En este contexto, el rápido envejecimiento, la disminución de la población nacional, la creciente presión sobre el sistema de pensiones y las crecientes necesidades de salud y cuidados plantean una pregunta clave: ¿quién mantendrá el Estado de bienestar en las próximas décadas y mantendrá una parte significativa del sector manufacturero? Esta cuestión suele plantearse desde el lado del consumo, pero el último informe del Consejo Económico y Social (CES) de España nos invita a mirar en otra dirección: la contribución económica y laboral de la inmigración.

Comparación de la estructura demográfica de España en 2002 y 2025. Fuente: INE., proporcionada por el autor (sin reutilización)

La inmigración no es un fenómeno temporal o marginal. Es ya un componente estructural de la economía española y de la financiación del bienestar colectivo. Sin embargo, su contribución está limitada por un factor decisivo: la persistencia de irregularidades administrativas.

Cotizantes de hoy para las pensiones del mañana

Según el balance del mercado laboral del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones para 2025, a diciembre de 2019 la participación de trabajadores extranjeros aumentó un 45%, y en 2025 alcanzó el 14,1% del total de aportes al sistema. Según el informe del CES, esta conexión representa cerca del 10% de los ingresos de la seguridad social, a pesar de que el gasto público relacionado con la población extranjera representa alrededor del 1% del gasto público total.

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Gráfico 2. Porcentaje de extranjeros afiliados a la seguridad social (1918-2025) Nota de prensa Diciembre 2025 Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

Esta diferencia se explica por su perfil demográfico: son mayoritariamente población activa, con altas tasas de participación laboral y un uso reducido de prestaciones relacionadas con la edad, como pensiones o dependencia.

En un país donde el reciente crecimiento demográfico ha dependido casi exclusivamente de la inmigración y donde la población de edad avanzada está disminuyendo, esta contribución es crucial para el equilibrio del sistema de pensiones. Sin nuevos contribuyentes, la viabilidad del sistema se ve afectada. Y una parte relevante de esos potenciales colaboradores ya se encuentra en España y trabajando.

Hay trabajo, ingresos públicos no.

La irregularidad administrativa no implica inactividad económica. La inmigración en España es principalmente de carácter laboral y las personas de origen inmigrante tienen altas tasas de participación en el mercado laboral. Se concentran principalmente en sectores con escasez estructural de mano de obra, como la construcción, la agricultura, la hostelería, el sector asistencial y los cuidados de larga duración.

El problema, por tanto, no está en la falta de empleo, sino en que las restricciones y disfunciones del régimen de permisos de residencia y trabajo desplazan parte de esta actividad a situaciones precarias o informales. En la práctica, muchos migrantes trabajan sin poder hacerlo dentro de los canales formales que les permitan cotizar y pagar impuestos con normalidad.

Esto significa que la regularidad administrativa debe ser una condición necesaria para una integración laboral digna y una contribución plena al sistema de protección social. Cuando esta regularidad no existe, el trabajo realizado no se convierte en contribuciones o ingresos fiscales de acuerdo con la actividad económica alcanzada, debilitando la base para financiar el Estado de bienestar.

Pérdida económica mensurable

Un informe del Observatorio Español sobre el Racismo y la Xenofobia señala que la discriminación afecta a la población extranjera en el ámbito laboral y educativo. Entre ellos se incluyen dificultades para encontrar trabajo, salarios más bajos, empleos más inseguros, problemas con el reconocimiento de estudios o menos oportunidades de educación. En 2022, esta discriminación tuvo un coste económico estimado de 17.000 millones de euros, cifra equivalente al 1,3% del PIB.

No se trata sólo de salarios más bajos o carreras truncadas, sino de importantes ineficiencias económicas y fiscales. Cada trabajador que no puede contribuir plenamente tiene un ingreso menos para la seguridad social y un margen menor para financiar la salud, la educación y la política social, trasladando la carga a otros contribuyentes. Desde esta perspectiva, la irregularidad no es una anomalía administrativa menor, sino más bien una ineficiencia estructural.

El debate perdido

El debate público sobre la regularización administrativa es amplio y complejo desde el punto de vista político y social. Sin embargo, en la práctica suele quedar atrapado en una lectura parcial, centrada casi exclusivamente en los costes y la presión sobre los servicios públicos. Con los datos en la mano, toca reformular la pregunta básica: ¿puede España permitirse el lujo de no integrar plenamente -también fiscalmente- a quienes ya contribuyen decisivamente al mantenimiento de su economía a través del trabajo?

Como ha señalado el sociólogo estadounidense Douglas Massey, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2025, las sociedades receptoras necesitan la inmigración, pero al mismo tiempo desarrollan una resistencia política y social alimentada por el miedo. Esta tensión se traduce en políticas contradictorias y disfuncionales: los solicitantes de asilo son bienvenidos, se les proporciona alojamiento y asistencia básica, pero se les niega el acceso al empleo durante un largo período.

Conviene recordar que el Estado del bienestar se financia con cotizaciones e impuestos y que una parte creciente de quienes pueden garantizarlos trabajan hoy en España, sin poder hacerlo íntegramente dentro del sistema. No hay pensiones, sanidad ni educación pública sin una base de cotización suficiente, y una parte decisiva de esa base ya está ahí. Desde esta perspectiva, la regulación no es el problema: es parte de la solución.


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