“Et tu, Latin”: ¿podemos enseñar lenguas clásicas de forma moderna?

ANASTACIO ALEGRIA
8 Lectura mínima

Cuando estuve dando la asignatura de Latín en 4º de ESO durante tres años, me di cuenta de que no podía conectar con los alumnos, porque el proceso de aprendizaje era monótono. No fue una falta de interés de su parte, ni una falta de entusiasmo de mi parte: fue un choque de mundos.

En clase, el latín todavía sonaba como listas de palabras, declinaciones y aprendizaje de memoria, mientras que afuera todo era interacción y pequeñas “píldoras” de conocimiento en video y audio. Un gran número de profesores de latín coincidieron en que algo debe cambiar si el objetivo es despertar el interés por el estudio y la comprensión de esta lengua, dado que hay pocas clases de esta materia y que el perfil del estudiante es más digital.

¿Por qué repensar el aprendizaje del latín hoy?

El latín se aprende tradicionalmente mediante la memorización de declinaciones, reglas y vocabulario. Estas no son metodologías particularmente motivadoras para los estudiantes, especialmente en cursos de nivel básico o de nivel inicial.

A estas metodologías hoy se suma el hecho de que el abordaje actual del tema es competente, es decir, que los aspectos culturales y patrimoniales han cobrado especial importancia a expensas de los conocimientos lingüísticos. El profesor debe enseñar no sólo la lengua, sino también la historia, la geografía, la sociedad y la literatura latina, así como la supervivencia de la cultura latina y romana en nuestros días, tanto desde una perspectiva material (arqueología, inscripciones) como inmaterial (religión, mitología…).

Mucho contenido en poco tiempo.

Todo este contenido tiene, en la ESO, tres horas semanales; en secundaria, cuatro. En el caso del bachillerato, aunque el latín se puede estudiar durante dos años, el ritmo de enseñanza lo determina la prueba de acceso a la universidad, que se convierte en el objetivo principal.

El resultado es que el tiempo dedicado a los contenidos del idioma es muy limitado y obliga a concentrarse en la teoría y los ejercicios prácticos.

Brecha generacional

No sólo son pocas horas. Los estudiantes se están acostumbrando a aprender (y socializar) en un entorno digital, lo que crea una brecha cada vez más pronunciada entre el aprendizaje tradicional y otro más acorde con los tiempos que vivimos y las leyes educativas vigentes.

¿Podemos articular un enfoque metodológico que ayude a los estudiantes a desarrollar las habilidades que se requieren de los estudiantes y futuros profesionales del siglo XXI: trabajo cooperativo, pensamiento crítico, autonomía y competencia digital?

Tiempo Inverso: Vídeos y Audios en Casa

Ya existen propuestas didácticas que buscan cambiar el modus operandi en el aula, pasando de la tradicional explicación magistral al aprendizaje activo. Entre ellos, el modelo de “aula invertida” tiene mucho potencial para el latín.

Este enfoque, un aula invertida aplicada al latín, propone el estudio de contenidos fuera del aula a través de vídeos cortos, materiales de refuerzo escritos o grabaciones de audio, dedicando tiempo de clase a resolver dudas, ampliar los contenidos y realizar actividades que profundicen en las habilidades adquiridas, de forma individual o en equipo.

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Esto supone un cambio en el papel del docente, que deja de ser un mero transmisor de contenidos y se convierte en un guía que selecciona, diseña y organiza recursos y utiliza las clases presenciales para orientar el pensamiento y la práctica.

Al mismo tiempo, los estudiantes asumen un papel más activo al gestionar el ritmo de aprendizaje, preparar la lección con anticipación y participar en tareas cooperativas que les exigen explicar, comparar y aplicar lo que han aprendido.

Pastillas en línea

Esta metodología cobra especial potencial cuando se integra en un ecosistema digital, utilizando plataformas electrónicas de aprendizaje como Moodle o Google Classroom.

Por tanto, la iniciación al latín se puede estructurar con lecciones independientes: breves tabletas informativas en forma de vídeos y grabaciones de audio con transcripción, actividades de autoevaluación con retroalimentación, ejercicios de refuerzo nivelados y formularios de evaluación formativa (que proporciona información sobre cómo va el proceso de aprendizaje y qué necesidades quedan por cubrir) y sumativa (que ofrece evidencias o conocimientos adquiridos).

Este diseño permite tanto el aprendizaje presencial como la modalidad de enseñanza combinada o el autoaprendizaje a distancia.

Motivación: el corazón del cambio

Junto con el rediseño metodológico y tecnológico, la motivación de los estudiantes es un indicador clave de éxito. Los estudios que han analizado el impacto de estos enfoques muestran mejoras significativas en las actitudes hacia el estudio del latín y la voluntad de continuar aprendiendo el idioma.

Un ejemplo de la implementación de esta metodología es el curso de iniciación al aprendizaje del latín, diseñado en el Laboratorio Vivo de Lingüística Aplicada a la Enseñanza de Lenguas de la Universidad Complutense de Madrid, por el que han pasado más de 500 alumnos de las aulas de la ESO de la Comunidad Autónoma de Madrid.

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Sus resultados fueron positivos en términos de motivación y adquisición de conocimientos, lo que se traduce en un aumento del interés permanente y una mejora en la percepción de la utilidad de la asignatura y el nivel de adquisición de conocimientos.

Este contexto educativo del latín se conecta con la experiencia cotidiana de los estudiantes en el estudio de otras materias, modernizando al mismo tiempo la imagen de la lengua clásica que, no lo olvidemos, es origen y madre de nuestra lengua.

La tecnología como catalizador

En definitiva, utilizar recursos electrónicos para implementar metodologías activas en el aprendizaje del latín no sólo mejora los resultados académicos, sino que también transforma la relación emocional de los estudiantes con esta materia.

Los estudiantes perciben el latín como un desafío aceptable, intelectualmente estimulante y conectado con su realidad digital, por lo que son más proclives a dedicar tiempo y esfuerzo a su estudio.

La tecnología, en este sentido, actúa como catalizador, ya que permite un uso más flexible del tiempo, facilita la personalización del aprendizaje y permite que la clase se convierta en un taller de experimentación lingüística en lugar de un ejercicio rutinario de traducción.


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