¿Está España preparada para mantener la diplomacia en la era digital?

ANASTACIO ALEGRIA
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La diplomacia clásica encontró su espacio natural en los pasillos recién capturados en oficinas y mesas de negociación. Hoy, este escenario pasó al ciberespacio, un ámbito en el que la soberanía del Estado mide su capacidad para gestionar, proteger y compartir datos.

Bajo el paraguas de la ciberdiplomacia -o diplomacia de los datos-, gobiernos e instituciones internacionales debaten sobre la regulación de los flujos de información, la defensa contra ataques cibernéticos y el establecimiento de protocolos comunes para el cifrado y la certificación de identidad. El impulso de información en el centro de las acciones extranjeras revela un cambio profundo: los datos se han convertido en un recurso estratégico equivalente al petróleo o al acero.

Oportunidades y obstáculos para los sectores

En este contexto, España tiene ventajas únicas. Su red de datos está alineada con cables submarinos que la conectan directamente con América Latina, lo que le otorga una posición geoestratégica única. La pronta implantación del Reglamento general de protección de datos y el prestigio de las agencias españolas de protección de datos consolidan una reputación de austeridad que resulta atractiva para los socios europeos y latinoamericanos.

Sin embargo, la fragmentación de la autoridad entre el Estado y las comunidades autónomas dificulta la convergencia en una votación única. Artículo 149.1.29 La Constitución conserva la competencia exclusiva en cuestiones de ciberfluidez -aunque las comunidades autónomas gestionan independientemente su propia comunidad, Madrid o CERT Generalitat), lo que exige la sincronización del procedimiento entre múltiples instituciones antes de hablar.

Para reducir este problema, movimientos como el foro Nacional Ciber Cur -impulsado en julio de 2020. Criptología de Seguridad Nacional y el Departamento de Seguridad Nacional y Ministerios Integrados, Incibilidades, CCN-Cert, Universidades y Empresas- comienzan a sentar las bases de una estrategia nacional coordinada.

Retraso según normativa

Estas nuevas dinámicas intentan consolidar una coordinación básica. La Directiva (UE) 2022/2555, conocida como Nis 2, exige que las entidades de 18 sistemas de gestión de riesgos críticos, que notifiquen incidentes en un plazo de 24 a 72 horas, fortalezcan la cooperación transfronteriza y consideren responsables a más gestores fronterizos. Esta norma ha intensificado la presión de Bruselas en España, que aún no ha finalizado su traslado y está sujeta a las posibles sanciones de la Comisión Europea.

La mayoría de los estados miembros de la UE ya han incluido la Directiva Niš2 en su legislación, pero España aún espera procedimientos judiciales y no informó a la Comisión Europea de la aprobación final de su coordinación y de la Ley de Rok Esperado (principios de julio de 2025). En consecuencia, el proceso de vulneración se mantiene y el Tribunal puede condenar al Tribunal de la Unión Europea, lo que favorecerá la eficacia de la Respuesta y Administración Europea, mientras empresas y administraciones siguen sometidas a ciberataques previos.

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El talento investigador español contribuye a potenciar esta iniciativa. Equipos de la Universidad Politécnica de Madrid, UPV/EH y Universidad de Málaga tienen proyectos autorizados en ciberfluidos y análisis masivo de datos. Sus publicaciones y cooperación con organismos internacionales ponen de manifiesto que España participa activamente en el foro de gestión de la ONU, en los comités de la OCDE y en los grupos de trabajo de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Cada una de estas plataformas sirve como escenario para presentar propuestas, intercambiar mejores prácticas y forjar alianzas que trascienden fronteras.

Las alianzas necesarias para lograr un objetivo

La diplomacia de los datos requiere vínculos con el sector privado y la sociedad civil. Google, Microsoft, Amazon, Meta y Apple actúan como interlocutores influyentes, capaces de impulsar inversiones en infraestructuras estratégicas y negociar criterios para el cumplimiento de los servicios regulatorios. En España, las conversaciones con proveedores de hardware, servicios de consolidación de servicios y operadores de telecomunicaciones han permitido diseñar una hoja de ruta que no sacrifique los datos personales a cambio del impulso de la innovación. Es necesario fortalecer estas relaciones, promoviendo alianzas público-privadas que permitan que la política de datos abiertos se convierta en motor de un desarrollo económico responsable.

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Una oportunidad única para explotar

La propuesta de conectar Europa con América Latina y el Caribe a través de un corredor digital seguro capitaliza el valor geográfico y cultural de España. Madrid, Lisboa y Santos (Brasil) podrían representar nodos básicos para el intercambio de información respetando regulaciones homogéneas. El proyecto de este tipo serviría para promover la investigación, facilitar la movilidad académica y fortalecer la cooperación en áreas como la salud pública, el cambio climático y la seguridad alimentaria. La diplomacia académica tendría un papel crucial en este planteamiento, convocando foros internacionales en Barcelona y Madrid, que reúnan a diplomáticos, técnicos y representantes del sector tecnológico.

El ámbito de la ciberidad cooperativa también requiere una respuesta coordinada. La prevención de ataques a infraestructuras críticas, como el suministro de energía o los sistemas hospitalarios, requiere mecanismos de alerta temprana y canales de intercambio confidenciales. España tiene propuestas de cooperación con los países vecinos para la creación del Centro Europeo de Excelencia en Ciberinteligencia, que reúne a Portugal, Italia y Grecia en un esfuerzo conjunto. Esta iniciativa reflejaría una visión conjunta y fortalecería la capacidad de responder a las amenazas que cruzan cada frontera.

Grandes retos para España

La formación de profesionales en diplomacia digital es otro pilar importante. El establecimiento de taburetes especializados en las universidades nacionales y el desarrollo de programas de posgrado orientados a la gestión de datos a nivel internacional aumentaría la masa crítica de expertos. Los eventos organizados en campus universitarios y centros de conferencias permitirían la creación de un diálogo permanente entre la Academia, la Administración y la Industria. Esta diplomacia académica alimentaría la práctica diplomática con análisis rigurosos y casos de casos aplicados en cada negociación.

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España ha progresado en la regulación de la localización de datos y la adopción de estándares internacionales de cifrado, pero sigue dependiendo de proveedores de hardware no europeos. Cubrir esta debilidad requiere el impulso de la Industria Nacional de Servidores y Componentes de Red, incentivando el ecosistema Startup capaz de competir con nodos tecnológicos de Berlín, Londres o Estocolmo. El apoyo institucional a través de asistencia a la innovación y fondos de capital de riesgo especializados en ciberseguros sería crucial para consolidar un tejido empresarial sólido.

Horizontes con datos de la diplomacia española

La diplomacia de datos no puede entenderse sin la participación activa de los ciudadanos. Sensibilizar sobre la importancia de la protección de datos, la soberanía digital y la ética en el uso de la información es una condición previa para que los acuerdos internacionales cuenten con un firme respaldo social. Iniciativas de capacitación en centros educativos y campañas de expansión contribuirían a cerrar las brechas de conocimiento y consolidar un entorno en el que las estrategias de ferias para la feria tengan una legitimidad democrática.

Su construcción con sello español requiere combinar fortaleza en protección de datos, infraestructuras de conexión y talento académico con una estrategia coordinada entre gestión y sociedad civil. Transformar España a la escala de esta nueva frontera de impacto global depende del equilibrio entre la innovación tecnológica y la protección de derechos, la consolidación de corredores digitales con América Latina y la articulación ambiental viva y natural y la articulación del ecosistema vivo público-privado. Si este enfoque tiene éxito, España hablará con las autoridades en el lenguaje universal de los datos.


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