España seguirá cazando anguilas hasta su extinción

ANASTACIO ALEGRIA
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El mundo está inmerso en una espiral de descrédito del conocimiento científico, promovido por intereses económicos y patrocinado por corrientes políticas populistas. Europa se está aprovechando de ello, por ejemplo, relajando las regulaciones ambientales que afectan las actividades contaminantes.

Otro ejemplo de esta tendencia podría considerarse el rechazo a la protección de la anguila europea en España por parte de las comunidades autónomas, materializado este martes 17 de febrero.

La anguila europea (Anguilla anguilla) está al borde de la extinción. Desde 1980, su población ha disminuido. Las caídas superan el 90% en todos los indicadores y la tendencia sigue siendo negativa. A pesar de esta terrible situación, esta especie sigue siendo objeto de pesca comercial y normalmente se vende y consume.

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) es el órgano asesor de la Unión Europea en materia de pesca. Desde hace 25 años, su grupo de trabajo sobre la anguila aconseja poner fin a la explotación de este animal. Inicialmente se recomendaba “llevar las capturas a valores lo más cercanos posible a cero”, pero a partir de 2021 se pide inequívocamente el cierre de la pesquería.

El mal estado de conservación de la anguila europea llevó a su inclusión como especie “en peligro crítico” en 2008, según los criterios de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Recientemente se llevó a cabo una evaluación de la especie en España. El resultado, preocupante pero no sorprendente, fue el mismo que el resultado de la evaluación global: “En Peligro Crítico”.

La evaluación española fue independiente de la global y se basó exclusivamente en datos españoles. Buena parte de ellos fueron generados por comunidades autónomas que ahora se oponen a su protección.

Resumen gráfico de algunos de los datos utilizados para evaluar el estado de conservación de la anguila en España. Propuesta de protección

El Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA), creado por la Ley del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, incluye componentes de biodiversidad amenazada. En él, se consideran “en riesgo de extinción” las especies “cuya supervivencia es improbable si continúan actuando los factores causales de su situación actual”.

Es poco probable que la anguila cumpla los requisitos para ser incluida en este catálogo desde su primera versión, publicada en 2011. Pero, sorprendentemente, la anguila no está protegida por ninguna protección. Y todavía no lo será.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cuenta con dos dictámenes de su Comité Científico, de 2020 y 2024, que promueven la protección de la anguila.

El último, que contó con el apoyo unánime de las 19 personas que integran ese comité, todos ellos reconocidos expertos en la conservación de la biodiversidad, propuso ser incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción. Esta catalogación supuso el fin de la explotación comercial.

A finales de enero, la ministra del MITECO, Sarah Aegesen, se rodeó de reconocidos chefs para anunciar que propondría a las comunidades autónomas proteger la anguila por consejo del Comité Científico.

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Anguila. Miguel Clavero El papel de las comunidades autónomas

En España, la responsabilidad de las listas nacionales protegidas recae en el MITECO, pero ha delegado esta responsabilidad en la Comisión Nacional del Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Es un órgano consultivo en representación del Estado y de las comunidades autónomas. En este contexto, se están discutiendo cuestiones de biodiversidad en el Comité de Vida Silvestre, que se reunió este martes y decidió, a pesar de todas las evidencias científicas, retrasar la protección de la anguila.

Unos días antes de la reunión, varios líderes políticos regionales se pronunciaron en contra de la protección de la anguila. Utilizaron dos tipos de argumentos: que la anguila es fuente de sustento para muchas familias y que falta información.

La asesora marina del Xunto de Galicia, Marta Villaverde, afirmó en Instagram que la protección de la anguila no está respaldada por informes técnicos, mientras que el director general de Pesca del Gobierno de Asturias, Francisco J. González, defendió que la gestión de la especie en la región, donde sólo se captura anguila, es un “modelo (modelo) de buenos resultados de sostenibilidad”.

El director general de Política Marítima y Pesca Sostenible de la Generalitat de Cataluña, Antoni España, también cree que su administración está aplicando una gestión sostenible, que la pesca tiene un efecto “mínimo” sobre la anguila y que faltan datos completos sobre la situación.

Estos ejemplos pueden ser refutados fácilmente por la información disponible. En el Delta del Ebro, por ejemplo, la propia Generalitat cuenta con un seguimiento científico a largo plazo que debería ser modelo en el país y que proporciona los “datos completos” sobre la situación de la anguila que la misma administración dice necesitar. En la reunión del martes se acordó formar un grupo de trabajo que promoverá nuevos monitoreos y tendrá más datos científicos, cuando los datos existentes justifiquen con creces la protección.

En cuanto a la importancia socioeconómica de la explotación de la anguila, los datos hablan por sí solos. En el Delta del Ebro, Antoni España habla de 250 familias “complementando sus ingresos” con anguila. En Galicia se calcula que casi 100 embarcaciones facturaron algo menos de 600.000 euros por pesca de este tipo (no llega a los 6.000 euros por embarcación). En Euskadi, en la última campaña de pesca de duende, 150 licencias generaron unas ventas de unos 100.000 euros (ni siquiera 1.000 euros por licencia). Está claro que en España no se puede vivir de la pesca de anguilas.

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Anguila. Miguel Clavero Desmiente las pruebas

Las comunidades autónomas niegan protección a las anguilas. Se basan en información falsa o sesgada y niegan o minimizan un conocimiento amplio, sólido e inequívoco sobre el estado de la especie. El desprecio por el conocimiento acumulado para favorecer intereses de corto plazo resulta en daño al bien común.

La dificultad de proteger la anguila nos muestra cuán dispuestos estamos a cambiar como sociedad para aliviar las diversas crisis ambientales que enfrentamos. Parece ser casi nada. Dejar de pescar, vender y comer anguila debería ser muy fácil. Los sacrificios personales de los consumidores son pequeños y la sociedad puede perfectamente ofrecer alternativas y asumir compensaciones para las personas que puedan verse afectadas.

Si no podemos afrontar un cambio tan simple y respaldado por una información científica tan abrumadora como la protección de la anguila, ¿cómo afrontaremos los enormes desafíos que tenemos por delante? Por ejemplo, aridificación del territorio, pérdida de costas y olas de calor no aptas para la vida.


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