Elección: Morfeo ya no nos ama

ANASTACIO ALEGRIA
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Thomas Alva Edison dijo que “los sueños son una reliquia de nuestro pasado cavernícola”. Consideró que era una pérdida de tiempo haber contribuido él mismo a la corrosión inventando la bombilla. Es cierto que objetivamente dormimos cada vez peor: en España, por ejemplo, incluso el 40% de la población declara tener problemas de insomnio. Y, sin embargo, como nos dijo Alfredo Rodríguez Muñoz, catedrático de Psicología Social y Organización de la Universidad Complutense de Madrid, en un esclarecedor artículo, “nunca hemos sabido tanto sobre el sueño como ahora.

¿Y cuál es la causa de esta paradoja? El mundo moderno parece conspirar contra el descanso nocturno. De hecho, la palabra “insomnio” fue acuñada hace relativamente poco tiempo: a finales del siglo XVIII, en los albores de la revolución industrial, cuando la humanidad empezó a abandonar paulatinamente los horarios naturales marcados por el amanecer y el atardecer. Las lámparas de aceite, la iluminación de gas y, finalmente, la luz eléctrica retrasaron la hora de acostarse. Antiguamente lo normal era acostarse al anochecer y dividir el sueño en dos turnos, con un descanso alrededor de medianoche para socializar o encargarse de las tareas del hogar.

En el siglo XXI, la hiperconectividad digital y la disponibilidad 24 horas al día, 7 días a la semana han contribuido a retrasar y exacerbar aún más nuestras citas diarias con Morfeo. Los expertos advierten de que el modo de vida actual está cada vez menos sincronizado con los relojes naturales (ritmos circadianos), que se rigen por ciclos de luz-oscuridad. “El resultado no es sólo que se duerme menos, sino que lo hace en horarios biológicamente inadecuados. Esto reduce la calidad del descanso incluso cuando el tiempo total de sueño parece suficiente”, señala Rodríguez Muñoz en su artículo. Este trastorno se llama “cronodisrupción” y puede tener graves consecuencias para la salud, incluido un mayor riesgo de cáncer.

A esto hay que sumarle factores internos como el hecho de ser mujer: estadísticamente los trastornos del sueño son más comunes en la población femenina. A menudo los problemas se acentúan cuando comienza la menopausia y aparecen síntomas como los sofocos -más a menudo por la noche-, aunque los cambios hormonales propios del embarazo y la menstruación también pueden sabotear el descanso bajo las sábanas.

Y otro grupo vulnerable son los adolescentes. En su caso, nos explica el somnólogo Juan José Ortega Albas, hay un retraso en el tiempo del reloj circadiano -es decir, se duermen más tarde-, mientras que la invariable hora de salida del colegio todavía les obliga a madrugar. Además, el uso y abuso de los teléfonos móviles y otros dispositivos a esta edad no contribuye realmente a solucionar el problema.

Como compensación a tantas noches de insomnio, el propio Ortega Albas nos desveló cómo practicar adecuadamente un hábito tan saludable como arraigado en nuestro entorno mediterráneo: la siesta. Recuerda: si adquieres el hábito de tomar una siesta de entre 10 y 30 minutos y no demasiado tarde (antes de las 17:00 horas), hará maravillas en tu cuerpo y mente.


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