Santo Domingo.- En un paso decisivo, el senador Antonio Taveras Guzmán presentó dos propuestas legislativas destinadas a proteger el panorama político de República Dominicana de aceptar elementos del crimen organizado. Destacó una tendencia preocupante: personas acusadas de tráfico de drogas, lavado de dinero y vínculos con redes criminales se han encontrado en la arena política, una realidad que describe como “hacer de la política un mercado criminal”.
La primera ley de Taveras clasificaría a los partidos, movimientos y grupos políticos reconocidos por la Comisión Central Electoral (CEC) como sujetos obligados no financieros, sometiéndolos a regulaciones contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo bajo la Ley 155-17. Otra propuesta apunta a considerarlos penalmente responsables según la Ley 74-25, la ley penal del país, que responsabiliza a los propios partidos por financiamiento ilegal.
Al atacar directamente las estructuras partidarias, Taveras aumenta los riesgos legales. Cualquier falta de prevención o denuncia de contribuciones ilegales podría dar lugar a investigaciones, sanciones financieras e incluso procesos penales, lo que indicaría el fin de la inmunidad de las instituciones políticas.
Lo más importante es que este cambio sitúa la rendición de cuentas en el centro de la integridad electoral. Como advierte Taveras: “Cuando el dinero sucio entra en la política, la democracia se prostituye. Sostiene que sin estas garantías legales, los partidos corren el riesgo de convertirse en ‘vehículos del crimen’ en lugar de instrumentos de servicio público”.
De aprobarse, estas leyes transformarían dramáticamente el financiamiento político. Los partidos deben implementar sistemas de cumplimiento sólidos, someterse a auditorías financieras de rutina y garantizar la total transparencia en el financiamiento de las campañas. Incluso las campañas de alto perfil podrían estar sujetas a escrutinio forense.
Más allá de la reforma procesal, Taveras cree que esta ley tiene implicaciones sociales más amplias. Al tipificar oficialmente como delito la influencia financiera ilícita dentro de las estructuras partidarias, la República Dominicana enviaría un fuerte mensaje a nivel nacional –y a los observadores internacionales– de que las instituciones democráticas excluyen la influencia criminal. “No se trata sólo de castigo, sino de restaurar la fe en nuestra democracia”, subrayó.
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