En el imaginario colectivo español, los estamentos del antiguo régimen (XVI-XIX) gozan de mala fama. Fue una forma de ordenación territorial de la Península Ibérica de origen medieval, por la que las tierras y sus habitantes quedaban sujetos a propietarios privados. Según quién ejerciera derechos jurisdiccionales podía ser órdenes nobiliarias, eclesiásticas o militares, mientras que se consideraban reales los países que no estaban sujetos al mencionado régimen.
Como escribió el historiador Claudio Sánchez-Albornoz a principios del siglo XX:
“Con sólo mencionar el nombre, surgen en la mente castillos irregulares con mazmorras lúgubres y horcas sangrientas decoradas con restos humanos…”
Un proverbio castellano ofrece ejemplos (menos siniestros) de esta mala visión de los señoríos, como por ejemplo “en el lugar del señorío no hace su nido” o “en la tierra del señorío ni siquiera lo que piso es mío”.
¿Pero eran tan terribles las mansiones? ¿Era peor vivir en los señoríos que en los lugares reales, que pertenecen a la Corona? Más importante aún: ¿las mansiones del Antiguo Régimen tuvieron un legado económico negativo?
El legado económico del régimen feudal
La mitad de la población española en el Antiguo Régimen era vasalla del señor, que ejercía amplios poderes jurisdiccionales. Los señores designaban cargos y cargos de concejales, juzgaban en segunda instancia, dictaban decretos y podían gozar de ciertos monopolios sobre las actividades económicas. Además, recaudaban impuestos de la Corona y en ocasiones eran grandes terratenientes.
Señorios y rojalengo 1787. Fuente: Elaboración propia del censo de población de Floridablanca (INE). Autor proporcionado (no reutilizar)
En un artículo reciente, recopilo datos de más de 20.000 ciudades recopiladas en el censo de Floridablank de 1787 para responder estas preguntas. Lo primero que hago es analizar si los municipios que fueron señoríos nobiliarios son actualmente más pobres que los reales. Encuentro que, de hecho, las antiguas ciudades feudales tienen un 4% menos de ingresos por habitante, menos vehículos por persona y niveles más bajos de educación, y también tuvieron menos crecimiento demográfico en el siglo XX.
¿Por qué los antiguos lugares de señorío son relativamente más pobres hoy? Quizás esto se deba simplemente a que originalmente eran más pobres y menos poblados. Desgraciadamente, aquí es donde surge el problema: es prácticamente imposible saber cómo eran inicialmente los lugares asignados a los señoríos para el conjunto de España, ya que muchos de ellos se remontan a la Alta Edad Media.
Granada: el último territorio dividido en señoríos
Para abordar este problema, me centro en las fincas de Granada, que fueron creadas por los Reyes Católicos después de la conquista de Granada. La asignación de estos señoríos fue apresurada y poco sistemática, por varias razones: la prisa por recompensar a los nobles que ayudaron en la guerra, el desconocimiento del terreno y la confusión causada por los topónimos locales.

Escudo del señorío de Sanlúcar, entregado por el rey Sancho IV a Guzmán el Bueno en 1295, y confirmado por la concesión del privilegio de Felipe IV en octubre de 1297. Fuente: Wikimedia Commons, CC BI-NC
El carácter improvisado y asistemático de las concesiones de estos señoríos es fundamental, ya que permite su comparación rigurosa con las tierras reales. Así, aparte de los grandes núcleos urbanos reservados a la Corona, los señoríos de Granada equivalían inicialmente a localidades de jurisdicción real.
Los hallazgos obtenidos son contradictorios: durante la segunda mitad del siglo XVIII, las ciudades señoriales presentaban niveles de población, desarrollo y condiciones de vida análogos a los de una finca real.
Asimismo, entre ellos no se observa una mayor desigualdad social, factor decisivo para el desempeño económico de largo plazo. Además, los señoríos experimentaron un crecimiento demográfico similar al de la realeza durante el siglo XIX y la primera década del siglo XX. Sólo en la segunda década de ese siglo los antiguos señoríos emprendieron el camino de un crecimiento más lento, que ha continuado hasta nuestros días.
Menos presencia del Estado central en los señoríos
Surge entonces la pregunta de por qué el legado negativo de los señoríos se manifestó tan tarde, casi un siglo después de su abolición. La respuesta puede estar en el principal hallazgo del estudio: la escasa presencia de la administración real en estos territorios. Tenían menos empleados con salarios reales y menos instituciones de la Corona y oficinas de correos.
En la transición a un Estado liberal en el siglo XIX, los antiguos lugares de señorío fueron elegidos con menos frecuencia como sede del partido judicial y cuartel de la recién creada Guardia Civil. Además, siguieron teniendo menos oficinas de correos a lo largo del siglo XIX y también menos servicio de telégrafos a principios del siglo XX.
En definitiva, la infraestructura del estado central era menor en los señoríos, característica que persistió durante todo el siglo XIX y hasta bien entrado el XX. También hay evidencia de que la información y las órdenes reales fluían mejor en las sedes reales que en los señoríos, y los registros de las Cortes de Castilla revelan frecuentes quejas de la población real sobre la actitud laxa de los señores a la hora de obedecer las órdenes de la Corona.
Cambiar el papel del Estado en el crecimiento económico
Esta menor presencia y capacidad del Estado no fue un problema para los señoríos durante el antiguo régimen, cuando la administración real apenas prestaba servicios ni invertía en los municipios. En realidad, el poder señorial podría resultar útil actuando como contrapeso a las excesivas exigencias de la Corona.
Por otro lado, en el siglo XX, especialmente a partir de su segunda década, el estado comenzó a invertir mucho más en mejorar el desarrollo económico del país, principalmente en infraestructura y educación. Las antiguas ciudades señoriales empezaron a crecer menos justo cuando el Estado empezó a aumentar significativamente el gasto público. Esto sugiere que las ciudades señoriales se quedaron atrás porque se beneficiaron menos de las inversiones públicas antes mencionadas porque tenían vínculos más débiles con el Estado.

El consumo público estatal y la diferencia en la tasa de crecimiento poblacional de los dominios. Fuente: elaboración propia, proporcionada por el autor (no reutilizar)
Es un poco paradójico que fueran los descendientes de los antiguos vasallos quienes, en lugar de ellos, sufrieran más las consecuencias económicas del señorío, debido a una característica institucional: la capacidad limitada del Estado para cubrir esos territorios, especialmente tarde, cuando el Estado comenzó a desempeñar un papel de desarrollo.
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