El impacto social de los coches eléctricos y de gasolina: cómo afectan al empleo, la salud y la fiscalidad

ANASTACIO ALEGRIA
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Si bien es crucial valorar los aspectos ambientales de cualquier medio de transporte a la hora de analizar su sostenibilidad, este concepto también incluye su impacto social y económico. Por tanto, además del debate sobre emisiones contaminantes y eficiencia energética, las tecnologías utilizadas en el transporte tienen implicaciones sociales muy relevantes.

Por ejemplo, en relación con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 8 (trabajo digno y crecimiento económico), el transporte por carretera genera un gran número de empleos directos e indirectos (1,2 millones en España, según el portal Observatorio del Transporte y la Logística). Pero también hay que tener en cuenta aspectos como la calidad del empleo, las condiciones laborales en toda la cadena de suministro y la carga fiscal.

Ampliando el alcance más allá de la fase de fabricación del vehículo y sus componentes, vale la pena examinar estos impactos desde su producción hasta la fase de uso. Para ello, realizamos una revisión bibliográfica de artículos científicos que evalúan la sostenibilidad del ciclo de vida del tráfico rodado, centrándonos en sus repercusiones sociales. Cabe señalar que las investigaciones sobre este tema aún están en sus inicios, por lo que las conclusiones aquí presentadas deben tomarse con cautela.

Empleo local

El potencial de creación de nuevos empleos varía significativamente según la tecnología del vehículo. Los vehículos de combustión interna tienden a liderar la creación de empleo gracias a una cadena de suministro extensa y establecida que incluye la extracción, refinación y distribución de combustible, así como la fabricación y el mantenimiento de vehículos.

Por otro lado, los vehículos eléctricos de batería crean menos empleo debido a la menor intensidad de trabajo de sus cadenas de valor, centradas en la producción de electricidad y baterías.

Salud de la población

Desde la perspectiva del impacto en la salud, los vehículos eléctricos (baterías y pilas de combustible de hidrógeno) destacan por su reducido impacto en las emisiones locales durante la fase de uso (emitiendo únicamente partículas por abrasión y desgaste), lo que se traduce en beneficios directos para la salud, especialmente en las zonas urbanas.

Además: la contaminación por polvo de frenos puede ser tan dañina para los pulmones como las emisiones de diésel

Por otro lado, los vehículos de gasolina y diésel tienen el mayor impacto en la salud humana local debido a la emisión de óxidos de nitrógeno, partículas y monóxido de carbono. Las tecnologías híbridas se sitúan en algún punto intermedio, aunque el impacto real varía según su uso. Por ejemplo, los vehículos eléctricos híbridos suelen tener un comportamiento más eficiente, mientras que la eficiencia de los vehículos híbridos enchufables depende de los hábitos de carga del usuario.

Aunque los vehículos híbridos e híbridos enchufables pueden presentar impactos relevantes durante la fase de producción (principalmente debido a la producción de baterías), el impacto general en la salud durante su ciclo de vida sigue siendo menor que el de los automóviles de combustión interna debido a la drástica reducción de contaminantes durante su operación. Cabe señalar que la introducción de tecnologías de reducción de emisiones en estos últimos, así como la mejora de los combustibles (incluidos los renovables), reduce significativamente el impacto en la salud.

El análisis general confirma que la electrificación del tráfico supone una clara mejora en términos de salud, especialmente si la electricidad procede de fuentes renovables.

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Salarios y condiciones laborales.

La transición tecnológica también afecta a los trabajadores y sus condiciones laborales. Según los datos analizados, los coches de combustión interna ofrecen los mayores niveles de compensación económica durante su ciclo de vida. Esto se debe a que incluyen sectores tradicionalmente mejor pagados, como la industria petrolera o la producción de motores térmicos.

Por el contrario, los vehículos eléctricos de batería muestran los niveles más bajos de compensación. En parte porque dependen de materiales mineros como el litio, el cobalto y el níquel, con salarios generalmente más bajos y condiciones laborales más precarias. Las tecnologías híbridas (híbridos eléctricos e híbridos enchufables) representan una situación intermedia.

Este patrón sugiere que la electrificación, si bien puede ser beneficiosa para el medio ambiente, puede trasladar el empleo a áreas con menos protección laboral.

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Lesiones en el trabajo

Un análisis de los accidentes laborales no mortales revela que los vehículos eléctricos de batería son la tecnología con mayor número de lesiones asociadas, principalmente por los riesgos en la extracción y procesamiento de los materiales utilizados para las baterías.

Esto pone de relieve un punto que a menudo se pasa por alto: los beneficios ambientales potenciales de los vehículos eléctricos deben equilibrarse con mejoras en las condiciones de trabajo dentro de su cadena de suministro.

Impuestos totales: ¿quién paga más?

Los vehículos de combustión interna lideran el camino en términos de contribución fiscal. Esto se debe a que su ciclo de vida está fuertemente ligado al petróleo, un recurso que pasa por múltiples etapas sujetas a impuestos. Esta cadena energética tradicional implica un pago constante para el erario público de cualquier entorno geográfico.

Por su parte, los vehículos híbridos tienen una carga fiscal media. Aunque dependen parcialmente de la electricidad, todavía utilizan combustibles fósiles, lo que los mantiene dentro del marco fiscal clásico. Cuando estos híbridos integran la producción de electricidad con créditos fiscales (energía renovable), la carga fiscal se reduce, porque su dependencia de los combustibles fósiles es menor.

El ejemplo más claro de un posible recorte de impuestos serían los coches eléctricos de batería, especialmente cuando se subsidia una forma de generación de electricidad a partir de fuentes renovables. Según algunos estudios, estos vehículos pueden generar hasta un 96% menos de impuestos que los coches tradicionales de combustión interna.

Sin embargo, estos datos son generales. El contexto geográfico es clave: los regímenes fiscales varían ampliamente de un país a otro, por lo que los resultados deben interpretarse en función de las condiciones locales específicas.

Y la lira también: los habitantes de las zonas rurales tienen dificultades para conseguir coches eléctricos, pero también para pagar el combustible.

La necesidad de un análisis del impacto social

Este análisis muestra que los impactos sociales de los vehículos dependen de factores como el origen de la energía, la tecnología de las baterías, la estructura de la cadena de suministro o el entorno geográfico específico en el que se desarrolla cada una de las etapas del ciclo de vida. Su análisis nos permite identificar áreas de actuación para mejorar la sostenibilidad del sector y minimizar sus efectos negativos.

Si bien los vehículos eléctricos presentan claras ventajas en términos de impacto en la salud pública, sus beneficios en otras dimensiones (como el empleo, la remuneración o la seguridad laboral) requieren un análisis más riguroso. La reciente publicación de la norma ISO 14075 para la evaluación del ciclo de vida del producto, que incluye factores sociales, contribuirá sin duda a la mejora y ampliación de este conocimiento.


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