Durante décadas, la imagen del departamento de finanzas fue relativamente estable: contabilidad, facturación, impuestos, tesorería. De hecho, esa visión se mantiene en muchas pequeñas y medianas empresas donde las tareas contables y fiscales a veces se subcontratan. Por el contrario, en las medianas y grandes empresas, el departamento financiero combina diversas funciones: gestión de tesorería y liquidez, informes de gestión, fiscalidad, planificación y análisis financiero, control de gestión, financiación bancaria y del mercado de capitales, relación con inversores, auditoría interna y cumplimiento normativo. Y, en muchas empresas, también coordina los informes de sostenibilidad.
Por tanto, hemos pasado de registrar lo que ocurre en la empresa a gestionar un complejo sistema de riesgos: de liquidez, de solvencia, regulatorios, reputacionales y, más recientemente, ESG (ambientales, sociales y de gobernanza). Para afrontar estos retos, en muchas empresas las funciones del departamento financiero se han convertido en una serie de actos de malabarismo.
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Trenzas del departamento financiero
La contabilidad constituye el núcleo de las funciones del departamento de finanzas. Alimenta el área tributaria y de tesorería. Alrededor de eso están las funciones transversales:
Operaciones, que genera las funciones básicas (contabilidad, tesorería) del departamento financiero.
Control de gestión y elaboración de informes (reporting), para que puedan tomar decisiones basadas en la información.
Auditoría interna y cumplimiento, para que todo se haga de acuerdo con las normas y políticas internas.
Sobre estos fundamentos se asienta la planificación financiera y fiscal y las relaciones con los inversores. Objetivo: tomar las mejores decisiones de inversión y financiación.
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Liquidez y financiación en un entorno complejo
En el período comprendido entre julio de 2022 y septiembre de 2023, el Banco Central Europeo elevó los tipos de interés del 0 al 4%. Aunque descendieron después, recordemos que estuvieron por debajo del 1% desde 2012, y del 0% de 2016 a 2022.
Aquí está el primer acto de malabarismo: asegurarse de que la empresa cumpla con sus obligaciones financieras a tiempo. Sin embargo, cuando los costes financieros aumentan (lo que ocurre con las variaciones al alza de los tipos de interés), entran en juego medidas como refinanciar préstamos, renegociar plazos, ajustar las condiciones de pago a clientes y pagos a proveedores, emitir deuda, reducir dividendos para fortalecer el patrimonio o buscar nuevas aportaciones de los socios.
Este tipo de decisiones no se pueden tomar sin un análisis suficiente o basándose en la intuición en lugar de los datos financieros de la empresa. De ahí la necesidad de construir un sistema de previsión basado en escenarios, estableciendo límites y alertas tempranas e implementando una disciplina en la toma de decisiones basada en el cuadro de mando financiero (herramienta de gestión que reúne indicadores clave de rendimiento, ingresos, beneficios, etc., y que permite medir la salud financiera de la empresa) y el diálogo constante con los bancos.
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Navegando la inflación regulatoria sostenible
Otra tarea es adaptarse a la aplicación normativa que se está produciendo en el ámbito de la sostenibilidad. La Directiva sobre informes de sostenibilidad corporativa (CSRD) amplió el alcance de los informes de sostenibilidad de 11.000 a más de 50.000 empresas en la UE. Sin embargo, la Directiva Stop-the-Clock de abril de 2025 ha retrasado dos años su implementación en muchas empresas y podría suponer la exención del 80% de las previstas inicialmente.
Para los departamentos financieros, el cumplimiento de las normas nacionales y supranacionales significa interpretar las normas (a veces revisadas sobre la marcha), coordinar la información que se difunde por toda la empresa y garantizar su fiabilidad, juntando las piezas de un rompecabezas en movimiento.
En este caso, la solución es tratar la sostenibilidad como un cierre contable más y definir responsables claros, criterios homogéneos, controles internos y trazabilidad. De esta manera, puede garantizar informes coherentes, incluso en caso de ajustes regulatorios.
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Riesgos tecnológicos y cibernéticos
La digitalización y la inteligencia artificial automatizan tareas financieras rutinarias: asientos contables, clasificación de gastos y modelos de previsión de efectivo.
Esto le permite concentrarse en actividades de mayor valor. Pero, como contrapartida, conlleva nuevos riesgos: dependencia de sistemas opacos, ciberseguridad, posibles sesgos difíciles de rastrear en los modelos de previsión y la necesidad de apostar por perfiles que combinen habilidades financieras, tecnológicas y de análisis de datos.
La coordinación entre el departamento de finanzas y el departamento de tecnologías de la información (TI) es crucial en la prevención y detección de fraude (interno y externo). Por lo tanto, el tercer acto de malabarismo es triple: automatizar sin renunciar a la toma de decisiones, fortalecer el control sin distracciones y mantener a raya la burocracia.
La solución, en este caso, pasa por la segregación de funciones, el seguimiento continuo, la formación y la integración de finanzas y TI en un único marco de gestión de riesgos, priorizando la trazabilidad y la respuesta a incidentes. Algunos lo llaman el ecosistema de datos cruzados.
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Fuera del organigrama
La estructura y el peso del área financiera indican qué objetivos persigue la empresa y con qué herramientas cuenta para alcanzarlos. En el contexto actual, las decisiones del departamento financiero se toman fuera del marco del organigrama y afectan a diversas cuestiones. Por ejemplo, cómo una empresa enfrenta el riesgo climático, respeta los derechos laborales en su cadena de suministro o aprovecha las oportunidades de transición verde y digital.
Por ello, son clave los controles internos, una adecuada formación y actualización de habilidades, saber atraer y retener el talento y tener una cultura corporativa ética y responsable. Y, por supuesto, invertir en plataformas de análisis de datos y de inteligencia empresarial para el análisis de datos en el entorno empresarial y la planificación de recursos empresariales (ERP).
Con estas herramientas es posible, por un lado, centralizar y automatizar la gestión de procesos clave, y por otro, detectar errores, anomalías o malas prácticas. De ello dependen la estabilidad del empleo, las condiciones de pago a los proveedores, la calidad de la información a los inversores y la credibilidad del compromiso con la sostenibilidad.
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Recursos para todos los terrenos
Hacer malabarismos con el departamento financiero no es un acto de circo que pueda verse desde las gradas. Además de la liquidez y los impuestos, hay algunas pelotas que no se pueden dejar caer, como la capacidad de combinar finanzas, sostenibilidad, gestión de riesgos y tecnología. Para conseguirlo, disponer de recursos para todos los terrenos, formar alianzas con otros departamentos de la empresa y contar con expertos externos es crucial.
Decidir cómo afrontar todos los malabarismos simultáneamente sin que ninguno caiga es la principal misión del departamento de finanzas. Un auténtico ejercicio de equilibrismo.
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