A principios de 2024 nos llamaron la atención imágenes de playas gallegas cubiertas de pequeñas bolas de plástico blanco. Los llamados perdigones tuvieron su origen en un vertido en aguas portuguesas ocurrido a finales de 2023. Desde entonces, el incidente ha desaparecido del debate público. Las últimas sentencias judiciales que retrasan la búsqueda de responsabilidades legales tras determinarse que la caída de seis contenedores al mar fue consecuencia de “las olas que golpearon el barco”, hacen pensar que el caso puede cerrarse.
Sin embargo, ¿qué ha pasado con la bolita desde entonces? Algunos fueron recolectados en las playas, pero muchos probablemente fueron dispersados, enterrados o dejados a merced de las corrientes oceánicas, continuando su influencia.
Desde una perspectiva científica, la historia puede estar lejos de terminar. Nuevas investigaciones, como nuestro estudio reciente, están devolviendo la atención al impacto de la contaminación por pellets, no como un accidente aislado, sino como parte de un problema global más amplio y persistente.
Descargas crónicas
Los gránulos de plástico son las pequeñas bolas que se utilizan para fabricar la mayoría de los artículos de plástico, son los llamados microplásticos primarios y se transportan por todo el mundo antes de convertirse en artículos de uso diario. Y en ese proceso algunos se pierden.
A veces esto ocurre por accidente, como en el caso del barco Toconao en Galicia. Pero lo más frecuente es que se deba a derrames crónicos y mal documentados que rara vez aparecen en los titulares.
El incidente que azotó el norte de España fue uno de los episodios de contaminación por pellets más visibles en Europa en los últimos años. Pero está lejos de ser único a escala global.
Huella ecológica persistente
Nuestro trabajo proporciona nueva evidencia sobre el comportamiento y el impacto ambiental de los gránulos de plástico, lo que refuerza la preocupación de que estos materiales no son seguros ni fáciles de contener.
Los pellets pueden contener mezclas complejas de productos químicos, incluidos aditivos y compuestos añadidos involuntariamente que no siempre están declarados ni regulados. Algunos de estos compuestos pueden liberarse al medio ambiente natural y suponer un riesgo para los organismos marinos.
Esto significa que el impacto de la contaminación de los pellets no se limita a la ingestión o al daño físico. También implica vías químicas a priori invisibles.
Nuestra investigación refuerza lo que la comunidad científica ya sospechaba: incluso cuando los derrames parecen temporales, su huella ecológica puede persistir mucho más allá de los titulares.
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problema del sistema
La contaminación por pellets no es un fenómeno nuevo, sino un problema bien documentado a escala global. La evidencia científica muestra que estos materiales son persistentes, están muy extendidos y pueden causar daños físicos y químicos a los ecosistemas marinos. Son ingeridos por animales salvajes, transportan sustancias tóxicas y pueden viajar largas distancias, lo que confirma que no se trata de episodios aislados, sino de un problema sistémico.
Incidentes como el derrame de perdigones de Toconao continúan resurgiendo en el debate público porque los factores que los causaron no han cambiado. La producción mundial de plástico continúa creciendo, lo que significa que cada vez se transportan más gránulos a través de las cadenas de suministro y los océanos. Cuanto mayor es el volumen en circulación, mayor es la probabilidad de pérdidas, ya sea por accidentes puntuales, errores de manipulación o derrames crónicos que rara vez se documentan.
Episodios como el desastre de X-Press Pearl en Sri Lanka en 2021, cuya huella tóxica aún está presente, han demostrado la magnitud que pueden alcanzar estos eventos. Sin embargo, muchos científicos advierten que las pérdidas acumuladas por incidentes de menor escala podrían representar una fuente igualmente relevante y mucho menos visible de contaminación marina.
Desde 2010 se han documentado al menos 14 derrames importantes de pellets causados por accidentes marítimos, aunque es probable que el número real sea mayor debido a la falta de requisitos de notificación. Se estima que sólo en 2022 se perderán alrededor de 230.000 toneladas de pellets en todo el mundo.
Además: se pueden evitar que muchos contenedores de pellets caigan al mar
Barco X-Press Pearl en 2021, con vapores que emanan de una fuga de ácido nítrico. Isuruhetti/Wikimedia Commons, CC BI-SA Nuevas regulaciones para reducir las pérdidas de pellets
El aparente cierre legal de casos como el del barco Toconao en Galicia puede crear una falsa sensación de resolución. Mientras que los procesos legales se centran en la rendición de cuentas por incidentes específicos, la ciencia analiza patrones, persistencia y efectos acumulativos a largo plazo. Desde esta perspectiva, los vertidos de pellets no son episodios aislados, sino síntomas recurrentes de un problema estructural: un sistema global que sigue liberando plástico al medio ambiente.
Afortunadamente, la evidencia científica está empezando a influir en los debates regulatorios. En Europa se están desarrollando regulaciones para reducir las pérdidas de pellets en las cadenas de suministro, mientras que a nivel internacional se discute cada vez más su posible clasificación como materiales peligrosos en el transporte marítimo. Esta medida podría incluir requisitos más estrictos para el embalaje, el etiquetado y la respuesta a derrames.
La ciencia no cierra el caso
La investigación continúa avanzando. Los estudios demuestran que los pellets actúan no sólo como contaminantes físicos, sino también como portadores y fuentes de sustancias químicas potencialmente peligrosas.
La contaminación provocada por estos pequeños trozos de plástico no cesa una vez finalizado el proceso judicial. Ya no se trata de si estos episodios volverán a ocurrir, sino de si estamos dispuestos a detener esta tendencia y regularla globalmente.
Andy M. Booth, científico jefe de la organización de investigación noruega SINTEF Ocean, contribuyó a este artículo.
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