Cuando pensamos en la Ibiza medieval, solemos imaginarnos una pequeña isla en el borde de Europa. Sin embargo, nueva evidencia genética muestra una realidad muy diferente. Lejos de estar aislada, Ibiza formaba parte de las redes políticas, comerciales y militares del mundo islámico medieval, con conexiones que llegaban no sólo al norte de África, sino también a la región del África subsahariana.
Las fuentes históricas ya apuntaban en esa dirección. Sabemos que Al-Andalus y el Magreb estuvieron conectados durante siglos por rutas marítimas, intercambios comerciales, movimientos militares y desplazamientos de población. También sabemos que estas redes estaban conectadas a rutas transaharianas que llegaban al Sahel y a África Occidental. Lo que no sabíamos tan claramente era hasta qué punto esas conexiones se reflejaban en las personas que vivieron y murieron en determinados lugares como Ibiza.
Cuentos de la tumba
En un estudio publicado en Nature Communications analizamos el ADN de 13 personas enterradas en un cementerio islámico de Ibiza entre los siglos X y XII. Combinando datos genéticos, arqueológicos e históricos, reconstruimos patrones de movilidad, mezcla genética y enfermedades en esta comunidad isleña medieval.
Ibiza se unió al mundo islámico en el año 902, como parte de la expansión de los omeyas desde Córdoba. Todo indica que esta integración no fue sólo un cambio político, sino que también implicó una profunda reorganización social y la llegada de nuevas poblaciones. Desde entonces, la isla pasó a formar parte de las redes que conectaban al-Andalus, el norte de África y el Mediterráneo occidental.
Los resultados genéticos reflejan esa integración. Las personas analizadas tienen orígenes relacionados con Europa, el norte de África y el África subsahariana, muchas veces combinados en una misma persona. Este patrón es inconsistente con la hipótesis de la migración única. Más bien, indica un proceso continuo de movilidad e interacción entre diferentes regiones del mundo islámico.
Mapa de territorios musulmanes mediterráneos y transmediterráneos en la Península Ibérica (a). Plano de excavación en la calle Bartomeu Vicente Ramón, Ibiza, correspondiente al cementerio de Madina Iabisa. Las marcas de los entierros estudiados están en rojo. RR Varela et al. Siglo X, época de mezcla
Al estimar cuándo se mezclaron estos ancestros, notamos que los componentes genéticos europeos y norteafricanos se combinaron sólo unas pocas generaciones antes en las vidas de estos individuos. En promedio, esta mezcla parece haber comenzado poco después de la incorporación de Ibiza al mundo islámico a principios del siglo X.
Es decir, la diversidad genética de la isla no es resultado de un lento proceso a lo largo de los siglos, sino antes de una transformación relativamente rápida que probablemente tuvo lugar en la propia Ibiza o en otras regiones de al-Andalus.
Del África subsahariana
Dos personas en particular son reveladoras. Ambos tienen claros orígenes subsaharianos, pero de regiones diferentes. Uno muestra afinidades genéticas con poblaciones de Senegambia, África occidental; mientras que el otro está más estrechamente relacionado con poblaciones de la zona del Chad, en África central.
Utilizando bases de datos genómicas africanas modernas, pudimos identificar estos vínculos con una precisión sin precedentes en un contexto europeo medieval.
Estos hallazgos encajan bien en el contexto histórico. Ambos individuos datan de la época almorávide, época en la que las Islas Baleares se integraron en la red política y militar que conectaba el Magreb, Al-Andalus y las regiones más meridionales de África Occidental. Las fuentes árabes describen exactamente estas rutas de intercambio, comercio y movilidad. El ADN ahora proporciona evidencia biológica directa de que estas conexiones incluían movimientos humanos.
Ricardo Rodríguez Varela en el antiguo laboratorio de ADN del Centro de Paleogenética (Estocolmo). David Díaz del Molino. Fuera de origen
Otro resultado importante del estudio es que la religión y la identidad cultural no pueden reducirse al origen genético. Una de las personas enterradas según los ritos islámicos muestra muy poca ascendencia norteafricana. Esto nos recuerda que en la Iberia medieval la pertenencia a una comunidad dependía de la conversión, la lengua, la educación, las normas jurídicas o la integración social, y no sólo del origen biológico.
La investigación no se limita al ADN humano. También analizamos los patógenos antiguos presentes en los restos y descubrimos varias infecciones virales, incluido el virus de la hepatitis B y el parvovirus B19.
Lepra sin signos de exclusión
Es particularmente relevante que una de las personas era portadora de Mycobacterium leprae, la bacteria responsable de la lepra. A pesar de ello, fue enterrado siguiendo las prácticas funerarias islámicas habituales y sin signos evidentes de exclusión. Si la enfermedad ya se ha manifestado durante la vida, este hallazgo sugiere que la lepra no necesariamente significa estigmatización o segregación en esta comunidad.
En conjunto, los datos indican una sociedad que consta de varias fases de movilidad, contacto y mezcla. La Ibiza medieval, lejos de ser un lugar periférico, formaba parte de un mundo interconectado que unía la Península Ibérica, el norte de África y el África subsahariana.
En este contexto, el ADN antiguo no sustituye a la arqueología ni a las fuentes escritas. Pero añade una nueva línea de evidencia que nos permite medir la movilidad humana en el pasado y comprender mejor cómo se formaron las sociedades medievales.
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