La decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de excluir a las mujeres trans de los deportes olímpicos viola derechos, espacios de inclusión y compromete el deporte como campo social orientado a la igualdad, la diversidad y la cohesión social.
Las divisiones binarias son construcciones sociales e institucionales protegidas por normas, valores y decisiones políticas, pero el COI quiere definir qué órganos son legítimos en las categorías femeninas.
La competición está organizada en categorías sexuales binarias asumiendo diferencias claras y universales entre hombres y mujeres. Sin embargo, la investigación científica revela realidades biológicas más complejas. El género no es una única variable y hay que tener en cuenta otras dimensiones (cromosomas, hormonas, anatomía, desarrollo…), que no siempre coinciden.
El COI, ante esta complejidad, establece políticas deportivas simplificadas. Las pruebas genéticas como criterio central para la clasificación competitiva han sido cuestionadas debido a su falta de rigor e implicaciones éticas.
El COI se justifica basándose en la equidad, es decir, supone que las mujeres trans podrían tener ventajas derivadas de la pubertad masculina. Sin embargo, este debate también es polémico. Según algunos estudios, las características fisiológicas, como la masa muscular o la densidad ósea, pueden persistir después de la terapia hormonal. Sin embargo, estos efectos varían con el tiempo, la formación y el contexto social.
Por tanto, no existe un consenso científico y la evidencia es contradictoria. El propio COI (2021) determinó que no se puede asumir una ventaja automática basada en el sexo o la identidad de género. La ciencia no ha cambiado de opinión. COI, sí.
¿Y las personas intersexuales?
La complejidad de la realidad biológica incluye a las personas intersexuales, con diferencias en el desarrollo sexual. Son variaciones biológicas naturales de caracteres sexuales cromosómicos, gonadales u hormonales. Y no siempre se ajustan a las definiciones típicas de “masculino” o “femenino”.
Muchas personas intersexuales desconocen su condición. En algunos casos, estas variaciones no presentan signos visibles y se identifican únicamente mediante pruebas médicas específicas. Por tanto, la implementación de controles genéticos obligatorios podría afectar a mujeres que están social, jurídica y personalmente reconocidas como mujeres.
Mujeres como Caster Semanje han soportado regulaciones especiales durante décadas. Se sometió a pruebas hormonales y enfrentó décadas de procedimientos legales. Su historia es un ejemplo de discriminación en la política deportiva.
Los ataques sufridos por los boxeadores Imane Calif y Lin Yu-ting en los Juegos Olímpicos de París 2024 mantienen viva esta violencia. Curiosamente, las medidas de verificación de género afectan desproporcionadamente a las mujeres del Sur Global.
El impacto de la discriminación
El acceso al deporte está reconocido internacionalmente. La UNESCO, por ejemplo, lo considera parte del derecho a la salud y al bienestar. La limitación de este acceso no puede basarse en evidencia científica incompleta o en decisiones políticas discrecionales.
Más allá de la competición, el deporte es un espacio de socialización, identidad y pertenencia. Excluir a las mujeres de los deportes de élite envía un mensaje claro a la sociedad. Define quién puede participar y quién queda fuera.
¿Y los jóvenes? Para muchas mujeres trans, el deporte puede ser un espacio clave de integración, reconocimiento y bienestar. La imposición de pruebas genéticas y la exclusión institucional refuerza el estigma. Además, fomenta el abandono de la práctica deportiva y limita las oportunidades de desarrollo personal y social.
Para el Centro Canadiense para la Ética en el Deporte, las políticas restrictivas pueden tener consecuencias negativas para la salud mental y el bienestar de las personas trans. Y recuerda que practicar deporte es un derecho, no un privilegio condicional.
Evolucionar más allá del binarismo
Múltiples estudios sugieren modelos alternativos para combinar equidad e inclusión más allá de las categorías binarias. Estas clasificaciones evalúan el rendimiento, la capacidad aeróbica o la masa corporal. Otros proponen sistemas multidimensionales. En los deportes de combate, como el boxeo, ya existen categorías por peso, edad o nivel. La inclusión de nuevas variables no necesariamente representaría una ruptura, sino una evolución del sistema.
La solución no es sencilla. Los modelos alternativos también presentan desafíos y pueden generar nuevas formas de exclusión. Pueden ser difíciles de implementar. Y pueden requerir importantes recursos técnicos y organizativos. Sin embargo, al ignorar estas posibilidades, aceptamos el sistema existente como la única opción. Y eso no es cierto.
Este artículo fue creado en colaboración con Masoume Mohammadi, doctorado en Gestión Deportiva (Universidad de Mazandaran, Irán) y Shahriar Nazari Radgiglou, estudiante de doctorado en Fisiología Médica (Universidad de Cukurova, Turquía).
Descubre más desde USA TODAY NEWS INDEPENDENT PRESS US
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


