CRISPR: las tijeras genéticas que transforman la biología moderna

ANASTACIO ALEGRIA
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Imagine poder corregir un error de ADN como si alguien estuviera usando la autocorrección. Ahora considere aplicar el mismo principio para curar enfermedades, mejorar cultivos o estudiar cómo funciona la vida. Ésa es la promesa de CRISPR, una técnica reciente que ha transformado la forma en que entendemos y manipulamos el material genético.

Descubierta en bacterias casi por accidente (una de esas felices coincidencias que los científicos llaman serendipia), una técnica conocida como CRISPR-Cas9 utiliza una proteína llamada Cas9 para localizar y cortar fragmentos de ADN.

Su sencillez y eficacia la han convertido en una de las revoluciones biotecnológicas más importantes de las últimas décadas. Para muchos investigadores, se trata de un logro comparable a la secuenciación del genoma humano, la creación de la reacción en cadena de la polimerasa y el desarrollo de la terapia génica.

Pero además de su éxito científico, CRISPR nos recuerda que cada avance conlleva una gran responsabilidad. La posibilidad de mejorar la genética plantea interrogantes sobre sus límites y consecuencias y revive viejos fantasmas, como el de la eugenesia. Entre la esperanza de curar enfermedades y el miedo a manipular la naturaleza, la edición genética se enfrenta a uno de los mayores dilemas éticos y sociales de nuestro tiempo.

Un mecanismo antiguo al servicio de nuestras necesidades

Para entender el interés que ha generado esta herramienta, vale la pena ver brevemente cómo funciona. Su primera descripción se atribuye al investigador español Francisco Martínez-Mojica, quien, estudiando las bacterias halófilas, descubrió que el sistema CRISPR es un mecanismo de defensa natural utilizado por algunos microorganismos contra los virus. En esencia, actúa como una forma de memoria genética capaz de reconocer y neutralizar amenazas encontradas previamente.

Cuando una bacteria sobrevive a una infección viral, incorpora un fragmento del ADN del virus a su genoma. Esta información, que será heredada por tu descendencia, es la memoria inmune. De esta forma, si el virus vuelve a atacar, las bacterias podrán reconocerlo y eliminarlo específicamente.

Los científicos se han dado cuenta de que este antiguo mecanismo puede ponerse al servicio de nuestras propias necesidades. Aprendieron a programar el sistema CRISPR para que actuara sobre cualquier fragmento de ADN que quisieran modificar. En esta herramienta, el elemento clave es una proteína llamada Cas9, que actúa como una tijera molecular capaz de cortar el ADN en el punto preciso que indica el ARN guía. Esta guía actúa como un GPS genético que guía a Cas9 hasta su destino, según el equipo de Jennifer A. Aparecieron Doudna y Emmanuelle Charpentier.

Cuando se realiza un corte, la célula intenta reparar el ADN de forma natural. En este proceso, en ocasiones introduce pequeños cambios que pueden desactivar el gen afectado. Los científicos aprovechan este mecanismo para dirigir la reparación según su finalidad: inactivar el gen, corregirlo, eliminar inhibidores para que el gen se exprese más o incluso añadir nuevo material genético con características específicas.

Bajo coste y precisión que parecían inalcanzables

La elegancia de este proceso reside en su sencillez. En comparación con los métodos anteriores, lentos y costosos, CRISPR ofrece no sólo velocidad, sino también bajo costo y precisión que parecían inalcanzables hasta ahora. En este sentido, no sorprende que sus descubridoras, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, ganaran el Premio Nobel de Química en 2020 por desarrollar —como dicen— una herramienta que cambió la forma en que la ciencia puede modificar la vida (NobelPrize.org).

Este reconocimiento no sólo celebró la hazaña científica, sino que también abrió la puerta a una nueva etapa: la aplicación de esta herramienta en campos cada vez más diversos. Comprender cómo funciona CRISPR nos permite apreciar la magnitud de este avance biotecnológico. Sin embargo, su verdadero impacto se revela en múltiples líneas de investigación:

En medicina, la técnica ha mostrado resultados prometedores en la corrección de mutaciones responsables de enfermedades hereditarias, como la anemia falciforme o una forma de ceguera infantil. En este último caso, un ensayo clínico inicial dirigido por investigadores de Massachusetts Eye and Ear mostró una mejor visión en los pacientes en 2024.

En agricultura, CRISPR podría abrir la posibilidad de crear cultivos más resistentes a las plagas y la sequía modificando el genoma de las plantas sin añadir genes extraños.

En el campo de la ecología y la conservación, los investigadores investigan su uso para controlar especies invasoras o restaurar la diversidad genética de poblaciones en peligro de extinción.

Sin embargo, la promesa de CRISPR no está exenta de controversia. La modificación del código genético, especialmente en humanos, plantea profundas preguntas sobre los límites de la ciencia. ¿Hasta qué punto debemos intervenir? ¿Quién decide dónde está la línea ética? ¿Podemos garantizar que esta tecnología se utilice en beneficio de todos, no sólo de unos pocos?

En 2018, el anuncio del nacimiento de dos gemelos chinos editados con el gen CRISPR marcó un punto de inflexión. Por primera vez, la ciencia ha cruzado una frontera que hasta entonces parecía intocable, según publica la revista Nature. Este episodio puso de relieve la urgencia de establecer normas claras y estrictas para la aplicación de esta técnica.

En Europa, regular el uso de esta tecnología en los alimentos fue un proceso largo y complejo. Durante años, el debate se desarrolló en el seno de la Unión Europea, que tiene competencia regulatoria, con la participación de científicos y representantes políticos. A finales de 2025, las instituciones europeas alcanzaron un acuerdo temporal, aún restrictivo, que abre la puerta a un marco regulatorio para la aplicación de esta tecnología. La medida podría acercar a Europa a otros países donde ya existen alimentos desarrollados con CRISPR aprobados para el consumo humano.

A pesar de los dilemas que plantea, CRISPR representa una de las mayores hazañas científicas de nuestro tiempo. Ahora la responsabilidad está en nuestras manos: la sociedad, la comunidad científica, los educadores y los responsables políticos. Todos debemos asegurarnos de que su uso esté guiado por la ética, la prudencia y la humanidad. Sólo así esta revolución podrá convertirse en un verdadero progreso y contribuir a hacer nuestro lugar más justo y mejor.

La versión original de este artículo fue publicada en la Revista Telos, de Fundación Telefónica.


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